sábado 21.09.2019

Venezuela, ese país hermoso… (III)

A estas alturas de mi recorrido en Venezuela, tengo que decir que no hay, o yo no veo, una sola Venezuela.

De una parte y representada por el treinta por ciento de la población, están los sectores convencidos del chavismo principalmente en sus barrios. Crecidos aún en las tremendas dificultades que afrontan cada día con la escasez de alimentos y de insumos necesarios como las medicinas.

En este sector de la población, el convencimiento de que todos los males que padecen son consecuencia del bloqueo económico decretado por los EEUU con el apoyo de los gobiernos que le deben obediencia, es un acto de fe que no necesita de más historias. Y que lleva además, a que cualquier error real del gobierno, sea visto como un mal menor que será enfrentado cuando toque. Ahora toca resistir la agresión de ésta guerra no declarada, pero real, y que tanto sufrimiento les está costando.

De otra parte, está un sector (antes apoyo del chavismo y hoy crítico con la falta de medidas y avances del gobierno de Nicolás Maduro) que aún entendiendo el daño que el boicot financiero está produciendo en el pueblo venezolano, opinan que el gobierno ha mostrado demasiada ineficacia a la hora de afrontar y enfrentar dichas situaciones. Que todo debería y podría estar funcionando mejor para el conjunto del pueblo venezolano, si se hubieran tomado las medidas adecuadas de apoyo a la producción propia y de diversificación de la economía.

Hoy representarían en torno a un 10% de la población y aspiran a tener su propia representación en la Asamblea, como parte de la oposición que sí cree en el diálogo desde el que construir la nueva Venezuela.

Y por último estaría una franja de la población que, sin ser homogénea ni participar de los mismos intereses políticos y sociales, estaría formada por fieles opositores y partidarios de la intervención más decisiva de parte de EEUU (algo que no nombran porque saben que no tiene apoyos sociales). Son poseedores de propiedades muchos de ellos, y temen que un afianzamiento de Nicolás Maduro, lleve a la socialización de sus propiedades como ocurriera en la Cuba del siglo pasado…

Igualmente, y desde el extremo opuesto, operarían pequeños sectores reclamando las esencias de una revolución para ellos traicionada o fallida por falta de firmeza.

Y completando el cuadro, sumamente heterogéneo, habría abstencionistas convencidos, desanimados de que el proceso camine hacia algún proyecto que sólo sea la mera subsistencia en el poder…

De estos datos extraídos de la lectura entre líneas de las informaciones publicadas, de muchas horas de conversaciones, y tras largas charlas con unos y con otros; puedo concluir y deducir la victoria de Nicolás Maduro en las próximas elecciones del día 20 de Mayo. Y no por ningún acto de fe, sino porque cuenta con prácticamente el 50% del voto decidido. En una consulta electoral en la que se prevé una participación en el entorno del 65% del censo electoral, Nicolás Maduro tiene asegurado con su franja del 30% de la población, el casi 50% de los votos decididos y que se van a depositar en las urnas. Lo que hace que pueda preverse como una victoria incuestionable sin ningún tipo de sobreactuación.

Y ese es el motivo y la necesidad, de la inútil parte de la oposición venezolana que no se presenta a las elecciones, de desprestigiar el proceso electoral antes de que se produzca. Y seguramente también, el tremendo interés por parte del gobierno venezolano, de que haya observadores internacionales que puedan certificar la limpieza del proceso electoral.

Porque todos están ya pensando en cual vaya a ser el siguiente paso, en el acoso económico que viene desarrollando EEUU contra Venezuela ¿Va a quedarse ahí la estrategia golpista o va a continuar escalando posiciones como reclama el sector inútil opositor abstencionista? Esa es la cuestión. Porque el cerco económico es cada día que pasa más fuerte y evidente, y la amenaza de sanciones a quienes negocien con Venezuela, también.

El bloqueo económico lo sufre directamente la población, que es el objetivo para crear malestar y tratar de romper el apoyo en el bloque chavista.

Por el contrario, para el chavismo, ganar las elecciones es una necesidad para ganar tiempo a su planeado cambio económico, ese que les permita escapar al bloqueo a su moneda y a su economía,  y que les tiene condenados a no poder comprar lo que necesitan aún teniendo los recursos económicos para hacerlo.

Sólo queda por ver cual vaya a ser el chance electoral de la oposición que sí se presenta a las elecciones. Está por verse si su voz organizada con varios candidatos presidenciales, consigue imponerse más allá de la llamada al boicot electoral de las cuatro fuerzas no presentadas y cuanto apoyo consiguen y como termina afectando a la abstención prevista.

Pero, fuera del proceso electoral y de la importancia que indudablemente tiene para el desarrollo del curso de los acontecimientos futuros del País, me interesa seguir profundizando en las dos realidades que vengo observando en el País.

La guerra no declarada de los EEUU contra Venezuela, es hasta aquí, una guerra financiera terrible en las consecuencias que de ella se están derivando para el pueblo de Venezuela:

-La escasez de alimentos o la imposibilidad de adquirirlos a los precios dolarizados en una sociedad que cobra en Bolívares y cuyo acoso ha conducido a un cambio paralelo de 400 Bs/dólar.

-La falta de medicinas y las dificultades para poder llevar adelante cualquier tratamiento médico y de salud por sencillo que pueda parecer desde fuera.

-La emigración de jóvenes preparados que están decidiendo emigrar de su País en busca de un bienestar y de un futuro que no ven posible ahora mismo en Venezuela.

-Y como ya decía en la primera parte de esta trilogía de artículos, la inseguridad y la sensación de que la delincuencia organizada campa a sus anchas mientras el gobierno está ausente…

La realidad de los hospitales públicos es sin duda terriblemente lacerante. Quienes tienen la desgracia de ponerse enfermos hoy en Venezuela, saben de la incertidumbre que eso representa para sus vidas.

Desde muy cerca del gobierno me contaban que esas situaciones de falta de medicinas e insumos tienen los días contados. Que a través de las nuevas transacciones en Petros (la nueva cripto-moneda con la que se van a realizar las operaciones de exportación e importación) va a permitir comprar las medicinas e insumos donde no llegue el bloqueo del imperio del dólar.

No lo sé. Quizás sea una visión demasiado optimista sabiendo el desafío que está en juego. Nada menos que el sistema financiero del dólar y su omnipotencia en las finanzas del mundo…

Pero desde luego, si hay un País que pueda respaldar una cripto-moneda con garantías, ese es sin duda Venezuela. Poseedor de la mayor reserva mundial de petróleo  y de la tercera mayor mina de oro por toneladas calculadas.

Seguramente son los dos mayores activos de Venezuela para afrontar la situación, pero a la vez ese objeto de deseo, es también para su desgracia, su mayor problema y desafío. Porque mientras en el tablero internacional se está jugando esta durísima guerra financiera, es el pueblo venezolano quien está poniendo el sufrimiento y todo tipo de sacrificios.

Las elecciones pasarán, las ganará Nicolás Maduro porque no hay proyecto autónomo fuera del chavismo con fuerza para aglutinar unas mayorías diferentes. Y porque, volver a entregar las riquezas de Venezuela a la presión financiera de los EEUU como plantea la inútil oposición, no es una opción que guste a la mayoría de venezolanos.

Venezuela, ese país hermoso… (II)

Venezuela, ese país hermoso… (III)