Nuevatribuna

Necesitamos más Europa

Sin una Unión Europea fuerte y democrática todos los demócratas salimos perdiendo

Es un hecho que el mundo, tras la crisis global del sistema financiero provocado por las hipotecas basura en el año 2008 en EEUU, y extendida la contaminación de activos financieros a través de los bancos al resto del planeta, éste es más desigual que antes de que se produjeran los hechos.

Lo que se dijo entonces en grandes titulares, que iba a ser el fin del capitalismo salvaje como responsable de la mayor crisis de la historia..., poco a poco fue olvidado y fue dando paso a los recortes más duros que se recuerdan en Europa en los últimos 50 años. En educación, salud, bienestar social y solidaridad fundamentalmente. Además de asistir a la degradación de las condiciones de trabajo y a la destrucción de millones de puestos de trabajo. Y teniendo que salir las instituciones públicas al rescate de la banca para evitar el colapso que hubiera supuesto la quiebra del sistema.

La situación, vino provocada por la voracidad de un sistema financiero sin controles efectivos reales y eficientes. Y cuya máxima era, y por desgracia más allá de un cierto “agiornamiento” sigue siendo: enriquecerse al máximo, con el menor esfuerzo posible y sin importarle quienes queden atrás.

Pero mira por donde que lo que se decía que iba a ser el final del capitalismo salvaje y del neoliberalismo que lo defiende y promociona, por aquello de que habían sido los responsables de provocar el cataclismo económico, no ha sido así. Y, resulta, que a quienes más factura a acabado pasándoles, es precisamente a los partidos de izquierda y en especial a la socialdemocracia europea. Que paradógicamente nada tenían que ver con el inicio de los hechos y que sin embargo, han tenido que ver como, elección tras elección, eran quienes pagaban la factura electoralmente de la crisis.

De un plumazo, el plumazo de los recortes sociales, se borraba la imagen construida desde el final de la segunda guerra mundial. La que se acuñó entonces, como el estado del bienestar. Bandera y seña de identidad de la socialdemocracia europea.

¿Y cuál ha sido el motivo fundamental para llegar a esta situación de desafección?

Sin duda la política de recortes que durante una década se han venido imponiendo en la Unión Europea como un plan de la derecha liberal, encabezado desde Alemania, y que, al menos aparentemente, resultaba asumido o cuando menos sin propuestas alternativas por la socialdemocracia europea.

No hubo una valoración de los costes humanos y sociales de tales medidas. Y las consecuencias fueron evidentes: crecimiento del desempleo hasta índices impensables, deterioro de las condiciones de trabajo, reducción de los índices de cobertura al desempleo… Enviando directamente a la pobreza a millones de trabajadores y trabajadoras y eliminando cualquier expectativa de vida autónoma a cientos de miles de jóvenes. Y todo ello con una clara sensación de abandono del proyecto originario, solidario, de la Unión Europea.

Esto se reflejó ya en las anteriores elecciones al Parlamento Europeo, donde una de cada dos personas ya no votó, y dónde la derecha y la extrema derecha poblaron los escaños.

En nuestro país, la factura de los recortes para nuestro incipiente estado de bienestar, supuso el mayor hachazo en democracia que se recuerda, con un recorte de más de 82.000 millones de euros entre los años 2010 y 2015, acompañado con una subida de impuestos y un recorte de la inversión pública. España perdió según diversos estudios, el 10% del Producto Interior Bruto (PIB) entre los años 2011 y 2013 por los ajustes que se impusieron desde la Unión Europea.

¿Había otras alternativas que pudieron haberse impulsado desde la socialdemocracia europea?

Si, las había. Y debió haber sido la bandera de la izquierda europea frente a la política de pedir solo sacrificios a la ciudadanía. Pero no hubo la valentía de plantearlas.

Cada año se pierden por la evasión fiscal un Billón, con “B”, de euros. De ellos 90.000 millones corresponden a España, y de esos, las grandes compañías y fortunas, son responsables del 72% según datos publicados. Y que se cifra en una pérdida para el fisco superior a los 40.000 millones de euros anuales.

Es evidente que debió activarse esta vía de obtención de recursos. Sigue siendo urgente que se ponga freno a la injusticia que representa. Y aunque tímidamente, algo comienza a moverse al respecto.

Necesitamos más Europa, y necesitamos volver al camino de la Europa Social.

Frente a quienes vienen planteando desde la extrema derecha y de un nacionalismo arcaico y caduco volver al cierre de fronteras, lo que tenemos que reivindicar es precisamente más Europa. Porque se trata de avanzar y dar pasos en más unión o no pintar nada en la esfera internacional de la globalización. Se trata en fin, de volver a explicar la necesidad de avanzar y de incrementar la unidad, en torno a la Europa Social, democrática y solidaria, que desde la izquierda siempre se  reivindicó como propia.

De cómo tener un sistema propio y compartido de defensa, y una representación internacional que hable con voz europea y defendiendo los valores europeos. Son cuestiones que debiéramos estar reflexionando en ésta precampaña electoral europea.

Pero conviene que reflexionemos sin perdernos en el tiempo, y sin perder de vista que hay fuerzas que quieren dinamitar la Unión Europea y que no descansan, y bajo señuelos populistas de defender “lo nuestro” o de ese “primero los nuestros”, lo que de verdad están planteando es dinamitar la propia idea de avanzar hacia una Europa cada vez más Federal. Las derechas extremas y algunos nacionalismos con discursos xenófobos, intentan cada día reventar la línea de flotación de una Unión Europea demasiado titubeante.

Necesitamos una Unión Europea fuerte, con un gobierno elegido democráticamente y que rinda cuentas ante el Parlamento Europeo (decididamente democrático, bastante más austero que en la actualidad, y que se convierta en el garante de la democracia en toda la Unión Europea y de la solidaridad con el resto del mundo).

Sin una Unión Europea fuerte y democrática todos los demócratas salimos perdiendo. Ningún país, por fuerte que se crea en Europa, puede poner por sí solo condiciones a los emporios trasnacionales y a multinacionales que hoy pueblan y controlan la economía en el mundo. Ni ejercer de contrapeso en política internacional de las nefastas decisiones del excéntrico (por emplear un término suave) presidente Trump.

Sin duda este tercer milenio ha llegado cargado de retos y desafíos, y de cómo afrontemos estos…, van a depender las propias  democracias y la salud de las mismas.