domingo 20.10.2019

La garantía de Podemos en el Gobierno

No se necesita ser demasiado perspicaz para llegar a la conclusión de que todo estaba escrito en el guión de Sánchez y de sus nuevos asesores.

Solo hubo un “pequeño” movimiento incontrolado: y fue cuando Iglesias aceptó retirarse y no formar parte del gobierno de Sánchez.

En ese justo momento, hubo un pequeño terremoto en las certezas socialistas, y hubieron de transigir en hacer una oferta a Podemos de participación en un gobierno de coalición, porque era eso o quedar absolutamente fuera de juego. Por cuarenta y ocho horas, los socialistas, se salieron del guión establecido. Y fue en ese preciso momento cuando se produjo el grave error de Podemos en la negociación: la no aceptación inmediata de ese acuerdo de gobierno de coalición. Que hubiera supuesto el punto y final.

A partir de ahí, se le pueden dar todas las vueltas que se quiera a todo lo ocurrido. Desde la falta de experiencia negociadora de Podemos, hasta la altanería y la táctica “miserable” del PSOE, empeñado todo el tiempo en ningunear a su izquierda mientras imploraba la abstención a la derecha.

Pero todo eso estaba en el guión de Sánchez y de sus asesores. Porque de ninguna manera querían llegar a un gobierno de coalición. Y es precisamente eso, lo que agranda el error de Podemos: el no haber sabido leerlo a tiempo. Error de análisis inicial y de cálculo durante la negociación.

Pero dicho esto, conviene analizar unas cuantas cosas más a la hora de afrontar las nuevas elecciones del 10 de Noviembre.

Imprescindible la ética y la honestidad política.

Entre otras cosas, porque si hacemos lo mismo, ya no valdrán las excusas de que nos pidieron el voto para un gobierno de izquierdas, que no querían, y nos engañaron.

Hoy seis meses después de las elecciones de abril, la situación se encarga de atestiguar, que sin Podemos no sólo no hay giro a la izquierda sino que hemos visto a un PSOE girarse a su derecha pidiéndoles su abstención para dejarle gobernar

Si el PSOE obtiene más votos se estará aceptando su mentira abiertamente, esa de decir una cosa en campaña y hacer la contraria. Esa de pedir el voto para hacer un gobierno progresista, mientras su deseo es gobernar en solitario (si le dan los resultados) y acordar con la derecha en el Congreso de los Diputados las pequeñas reformas que planteen. O sea, el trilerismo político como filosofía de campaña electoral.

Y éste es el plan por el que han venido apostando Sánchez y sus asesores. Sin duda lamentable, desde un punto de vista de izquierda. Pero ellos planean otra cosa mucho más hetérea, por encima de la izquierda, juegan a algo bien distinto. Planean resituar el tablero político, de nuevo en las coordenadas de dos partidos fuertes, PSOE y PP y a ello sacrifican todo lo demás. Que sería legítimo si lo expresaran sin engaños. Pero no se atreven y mienten para mantener el voto tradicional de la izquierda.

Por todo ello, lo primero, lo segundo y hasta lo tercero que le pide el cuerpo a uno, es mandarlos a la M….., pero con todas las letras. Por trileros y por irresponsables. Porque han acabado haciendo justo lo contrario de lo que se cansaron de repetir que harían durante toda la campaña electoral. Cuando, en todos los actos electorales, repitieron machaconamente, que querían el voto para formar un gobierno de izquierdas con quien consideraban su socio preferente: o sea, Podemos.

Seguramente, en los cálculos electorales de la repetición electoral elegida por los asesores de Sánchez, haya estado pesando mucho más la idea de que, lo que pierdan electoralmente por la abstención de una parte de la izquierda, harta y cabreada, lo vayan a ganar por la derecha en descomposición de Ciudadanos… De momento a eso apuntan el discurso y los hechos: la reforma laboral quedará pendiente, las políticas neoliberales aplicadas durante la crisis ahí siguen penalizando a la mayoría social, así como la precariedad de la mayoría de los empleos que se ofertan…

Las elecciones del 10 de Noviembre se convierten así en objeto de cabreo y enfado, especialmente contra la izquierda, que es a quien se le dió el mandato claro de formar gobierno, de acuerdo al voto que dió la ciudadanía. Y es probable por ello, que la abstención se incremente varios puntos y que, según nuestro sistema electoral, el hecho acabe favoreciendo precisamente a los mayores responsables de la repetición electoral, que no son otros que los responsables del partido socialista.

De una elecciones a otras, habrán mediado algo más de seis meses, perdidos para hacer reformas que ayuden a vivir mejor a la mayoría social que votó por ello.

Tiempo perdido para muchas cosas; para seguir subiendo el salario mínimo interprofesional, para reformar ese Código Penal que sigue permitiendo la manipulación de la Historia sin castigo ninguno y sin responsabilidad por las mentiras que quieran verterse. Mentir como hacen desde VOX, ahora desde las instituciones, sobre hechos tan sensibles de la historia como el de las “Trece Rosas”… Y tantas cosas más.

Sin Podemos, el PSOE se deja seducir con facilidad por los poderes “establecidos”. De la CEOE para no derogar la Reforma Laboral con la excusa de la necesidad de hacer un nuevo Estatuto de los Trabajadores.

De la Banca para no hacer que tengan que devolver el coste de la reflotación que se pagó con los dineros públicos (o sea, de todos nosotros).

De la fiscalidad necesaria para hacerla más justa y que paguen más quienes más tienen. O de avanzar hacia un País laico y dejar de mantener desde los presupuestos a la iglesia.

Hoy seis meses después de las elecciones de Abril, la situación se encarga de atestiguar, que sin Podemos no sólo no hay giro a la izquierda sino que hemos visto a un PSOE girarse a su derecha pidiéndoles su abstención para dejarle gobernar. Lo que sugiere una sencilla pregunta que cada votante debe responderse antes de ir a votar el 10 de Noviembre: ¿con quién pretende el PSOE hacer políticas progresistas, con la derecha? Sin el concurso de Podemos en un gobierno de coalición, el rumbo de Sánchez y el de sus asesores, ha sido, es y será, escorarse hacia la derecha y volver a decir diego donde en campaña decían digo.

La garantía de Podemos en el Gobierno