#TEMP
lunes. 08.08.2022

La encrucijada navarra

En las primeras elecciones que se producen sin la sombra del terrorismo etarra, la ciudadanía ha dejado un mensaje nítido y claro: exige un gobierno de convivencia.

Para entender la situación que se avecina en Navarra hay que remontarse en el tiempo; hay que divisar el camino seguido y comprender que, en Navarra, el sentimiento que siempre ha predominado en una muy amplia franja de su población, es el de sentirse navarros por encima de cualquier otra consideración.

Quienes ningunean esta realidad terminan pagándolo en las urnas antes o después. Esta es una realidad que viene acompañándonos desde la transición democrática…

Paralelamente, está instalado también entre nosotros un sentimiento nacionalista vasco, integracionista, de alrededor de un tercio de la población navarra, que viene coexistiendo  con la pretensión de que Navarra modifique su estatus administrativo como Comunidad Autónoma propia, por otro en el que pase a formar parte de “un ente superior”.

Hasta ahora, los tiempos de plomo de atentados y asesinatos de ETA habían hecho muy difícil cualquier tipo de relación o conversación al respecto. Incluso la propia relación entre navarros con pensamiento diferente.

Hoy, con el final de la banda terrorista admitido como un hecho incuestionable e irreversible, y pendientes todavía de ese análisis (de parte) en el que se reconozca y se pida perdón por la tremenda inutilidad de todo el sufrimiento provocado, las urnas acaban de situarnos en el momento de regresar al punto de partida; que no es otro, que el de la libertad sin tutelas para que, sin presiones ajenas a Navarra, los navarros construyamos convivencia y futuro.

En las primeras elecciones que se producen sin la sombra del terrorismo etarra, la ciudadanía ha dejado un mensaje nítido y claro: quiere y exige un gobierno de convivencia por encima de otras consideraciones particulares.

Marca el camino de abrir los brazos, con buena voluntad pero sin amnesias, a quienes han manifestado durante toda la campaña electoral su respeto por Navarra, por lo que digan los navarros y por recuperar la convivencia. Y ha castigado los frentismos y a quienes han puesto el acento en los vetos a los navarros y navarras que piensan diferente.

Ahora viene el momento de demostrar, por parte de los partidos llamados a formar gobierno, que se ha entendido el mensaje, que hay amplitud de miras y elevadas dosis de sentido común a la hora de establecer las prioridades de gobierno que demanda una amplia mayoría de la ciudadanía, además de recuperar la convivencia rota por los atentados de la banda terrorista ETA.

Acabado el terrorismo etarra, del que nunca se dirá suficientemente la inutilidad, iniquidad e imbecilidad política que ha supuesto para con los objetivos que decía querer conseguir; hoy estamos en el comienzo de una nueva situación. O si se prefiere, de regreso al punto de la historia en el que, las gentes de Navarra, manteníamos una abierta simpatía por nuestros vecinos del Norte, con los que éramos conscientes que compartíamos (especialmente en una amplia franja de nuestro territorio) idioma, folklore y costumbres.

Junto a esa realidad, está la del camino recorrido hasta aquí y a lo largo de la historia de Navarra. Esa que ha forjado un sentimiento navarro, tan fuerte, que es capaz de aglutinar a una Navarra tan distinta y plural como son la Montaña y la Ribera, el Norte y el Sur, con un sentimiento de pertenencia a Navarra mucho más allá de las evidentes diferencias.

Montaña, Zona Media y Ribera son tres realidades diferentes de nuestra forma de relacionarnos con “el alma vasca” de Navarra. Pero todos nos sentimos igual de navarros. Y es precisamente desde ese fuerte sentimiento navarro desde donde debemos volver a tejer la convivencia.

Por eso, sin estas claves en estricto sentido navarro, es muy difícil entender y acertar en el camino a emprender para esta nueva fase de cierre de heridas, previo a otras consideraciones.

Derecha izquierda, progresistas o conservadores, los de arriba o los de abajo, o la casta y el cambio… Nada de esto por sí mismo explicaría la situación actual.

Derecha, habría igual en los regionalistas de UPN que en una parte de los nacionalistas de Geroa Bai. Pero estos últimos han recibido un importante aporte de voto social prestado que le ha sido otorgado por la confianza que inspira su cabeza de cartel electoral, Uxue Barcos.

Izquierda, ocurre otro tanto. Entre Podemos, I-E y Bildu, comparten una franja de voto radical, en el caso de Bildu más nacionalista que radical de izquierda.

Por último, queda un PSN-PSOE (el PP no cuenta en Navarra a estos efectos) que no sabe a dónde va; que necesita hacer un análisis riguroso que le permita construir un proyecto a medio y largo plazo imbricado en Navarra, si no quiere ir desapareciendo o ser irrelevante como le ocurre al PP.

Estas son algunas de las cuestiones que nos han puesto de manifiesto estas elecciones en Navarra.

La encrucijada navarra