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domingo. 07.08.2022

Las elecciones europeas

Necesitamos la fuerza de la Unión pero con dirigentes políticos que se crean el proyecto de la Europa Social...

A dos semanas de la cita electoral europea, continúa habiendo una cantidad importante de personas que no han decidido todavía si acudirán a votar.

Según uno de los últimos sondeos que he podido ver, solo el veinte por ciento de los españoles tiene decidido el voto. Y la abstención, apunta a ser la más alta alcanzada en los procesos electorales celebrados hasta la fecha. Nada menos que el 57% de la ciudadanía se plantea quedarse en casa y no acudir a votar.

En ese panorama de descrédito de todo lo que huela a políticos, es importante hacer algunas reflexiones.

La primera, y si me lo permiten principal, es el recordar por qué surge la Unión Europea. Como, tras dos guerras (que se convierten en mundiales) en el corto espacio de tiempo de treinta años, las élites europeas deciden avanzar en un marco de integración europea que limitara las soberanías y sirviera para poner sordina a las discrepancias existentes y futuras.

Una realidad que surge bastante alejada de las preocupaciones más inmediatas de la ciudadanía y que ha venido estando presente desde el inicio de la Unión.

La percepción de muchos ciudadanos europeos, hoy sigue siendo la de estar ante una estructura lejana, excesivamente técnica, muy burocratizada y que rinde escasas cuentas a sus ciudadanos. Y donde, especialmente en el transcurso de esta crisis, se ha mostrado más cerca del despotismo ilustrado que de la representación de una democracia.

La Unión Europea conviene recordar que se fraguó como “la idea” y el camino para forjar una Europa Social. Una Unión Europea que fuera el vehículo que sirviera para extender el bienestar (la sociedad del bienestar) sobre el compromiso de un conjunto de derechos y deberes que componían el Ser de la propia Unión Europea.

Pero en el transcurso de esta crisis muchas cosas han saltado por los aires.

Todos los sacrificios que se han exigido durante la crisis han ido en una misma dirección: en la de salvar al sector financiero, tramposo, que con su usura y falta de responsabilidad la provocó.

Y por el contrario, los paganos y principales sufridores de esas nefastas consecuencias, en las que además no han tenido arte ni parte, han sido y siguen siéndolo los millones de trabajadores que han visto desaparecer sus puestos de trabajo o buena parte de los derechos y conquistas sociales conseguidos en cincuenta años de movilizaciones y negociación.

Y sin embargo, a pesar de la penosa situación y del rumbo equivocado que viene marcando el equipo dirigente de la Unión Europea, la idea de la Unión sigue siendo fundamental; pero eso sí, cambiando a los gestores de la crisis y volviendo a ser baluarte contra la injusticia social; apostando por la redistribución de la riqueza. Impulsando con nuevas fuerzas el seguir siendo territorio de igualdad entre hombres y mujeres. Apostando por la solidaridad como emblema, especialmente entre los países de la Unión.

En definitiva, necesitamos la fuerza de la Unión pero con dirigentes políticos que se crean el proyecto de trabajar por una Europa Social.

Porque, el otro camino, el de los fascismos de nuevo cuño y los ultranacionalismos, o el de las injusticias sociales, solo conducen a la repetición de la historia.

La abstención y el desinterés en las elecciones europeas del próximo día 25 de Mayo, son la mejor fórmula para que grupos de extrema derecha y de ultranacionalistas que aspiran a abortar el proceso de Unión Europea, consigan mayor relevancia y representación electoral.

Ya sé que “el mal menor” es mal. Y que en la izquierda estamos hartos de votar “el mal menor”…

Pero aún así, quiero pedirles que elijan y voten a su mal menor; a quien consideren que pueda defender la idea de esa Europa Social por la que algunos llevamos toda la vida peleando y reclamando.

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