lunes 22.07.2019

Reflexiones sobre el PSOE

Un partido político como el PSOE es una organización que cumple, al menos, tres funciones diferenciadas...

 

El modelo de gobierno organizacional que escoja el nuevo Secretario General va a tener mucha importancia en el éxito o fracaso de su labor

Estamos inmersos en pleno proceso pre-electoral para la Secretaría General del PSOE. Los aún precandidatos se afanan buscando los avales de los militantes que les permitan, finalmente, competir en el Congreso del mes de julio.

Sé bien que todos ellos intentarán que su propuesta sea la mejor, la más completa, la más atractiva. El problema surge cuando definimos qué hay debajo de cada uno de esos calificativos. Sin lugar a dudas no son términos entendidos de la misma manera por los precandidatos, quizás porque parten de forma mecánica de una visión de la organización, la existente en la actualidad. Se trataría así de arribar al barco y hacerlo funcionar con otro rumbo (objetivo y estrategia), candidato (capitán), combustible (propuestas). Pero...sin tocar el barco, sin hacer arreglos, sin organizarlo de otra manera, sin pensar en la tripulación.

Hasta el momento he tenido la oportunidad de oír a uno de los candidatos y leer el proyecto político de otro y en ambos echo en falta -si bien en distinta medida- que se hable más, mucho más, de la organización, o sea, de la empresa PSOE, que es el instrumento con el que se va a trabajar para conseguir los objetivos de todo partido político: transformar la sociedad y ganar elecciones.

Un partido político como el PSOE es una organización que cumple, al menos, tres funciones diferenciadas. La primera de ellas es ser una maquinaria electoral. La segunda es ser proveedor de una ideología con el fin de concienciar  e influir en la vida social con la intención de transformar la realidad. La tercera de ellas es ser una empresa como cualquier otra y es aquí donde, hasta el momento, no he oído ni leído que los candidatos se hayan detenido a analizar con suficiente profundidad la situación.

Cualquier empresa u organización ha de contar hoy día con elementos como la Visión, Misión, Carta de Servicios, Estrategias, etc; con trabajadores y dirigentes, incluso -como el caso del PSOE- con asociados, voluntarios, colaboradores, promotores, etc. Pero también si quiere tener relevancia en su ámbito necesita sucursales (agrupaciones locales o Casas del Pueblo) -repartidas en territorio nacional y extranjero- y el flujo continuo entre las decisiones de unos (cargos)  y consiguientes acciones de otros (afiliados) así como entre las necesidades de los clientes (ciudadanos) trasladadas por las sucursales (Casas del Pueblo) para que alimenten la toma de decisiones de los directivos de la organización (cargos). Un círculo en movimiento continuo.  

Y esta función no es baladí. Ya sé que me dirán: la más importante es ser proveedor de ideología o, incluso, ser una perfecta maquinaria electoral. No obstante, permitaseme discrepar. Porque no estamos hablando de elegir candidata/o a primarias, ni del contenido de las propuestas de un programa electoral, sino que estamos hablando de elegir, en términos de empresa, al Director General del PSOE como organización. Y por eso resulta fundamental saber qué es lo que pretende hacer con una empresa/organización que no está en sus mejores momentos, que acaba de pasar por un ERE, que no es reconocida entre sus asociados/militantes por su buen funcionamiento hacia dentro, que es señalada como poseedora de los mismos vicios que, de pronto, resultan inasumibles para la sociedad cuando ocurren en cualquier empresa, pública o privada.

¿Cómo se va a organizar el PSOE? ¿De la misma forma que hasta ahora? ¿O habrá cambios? ¿Cuáles serán estos? ¿Se cambiará la Visión? ¿Qué pasará con la Misión? ¿Qué con las estrategias?  ¿Se atreverán a hacer una Carta de Servicios para el ciudadano y para el militante? ¿Funcionará, por fin, el partido en red? ¿Qué forma adoptará el flujo comunicativo entre la cúpula y la red de Casas del Pueblo? ¿Y la del flujo inverso?

Todas estas cuestiones, por más que puedan resultar aburridas u obvias, no son irrelevantes. Hemos visto ya muchos Secretarios Generales y de Organización que arriban con lo que -al menos a priori- puede entenderse como buenos planes y propósitos y, en escasos meses, han sucumbido al peso de la tradición o el continuismo. No quiero olvidarme aquí de las mejoras, que las ha habido en los últimos años, pero que han resultado de todo punto insuficientes.

Dando por sentado que no es lo mismo que un candidato a dirigir el PSOE proponga -entre otros ejemplos-, separar la figura del Secretario General del candidato/a a primarias, el Partido del Gobierno, proponga referéndum sobre Monarquía o República, laicidad del Estado y fin del Concordato con la Santa Sede, el voto directo de los militantes en aquellas decisiones que les afecten, la limitación de mandatos, la refundación o la reorganización del partido, el funcionamiento real de la Comisión de Ética y Garantías, la expulsión de todos los imputados por corrupción, la rehabilitación pública de los que resulten declarados inocentes, la reelaboración de la socialdemocracia para que responda a las necesidades planteadas por estos tiempos..., a que no proponga nada de eso, sí que considero imprescindible que se pronuncien sobre cuál es su modelo para dirigir esta empresa.

Porque, sentado todo lo anterior, el modelo de gobierno organizacional que escoja el nuevo Secretario General va a tener mucha importancia en el éxito o fracaso de su labor y, por tanto, va a incidir de modo directo en la organización electoral -la maquinaria bien engrasada que permitirá ganar elecciones- pero también en la difusión y propagación de la ideología socialista que sustenta al PSOE. Volviendo al ejemplo empresarial y suponiendo que el producto que vende el partido es la ideología socialista, en forma de propuestas electorales, la forma en que se organice el trabajo de las sucursales/agrupaciones, la formación que reciban sus cargos y trabajadores/militantes y su adecuación a las necesidades del mundo actual, la capacidad de éstos para hacer que los ciudadanos compren las propuestas programáticas, van a incidir en los resultados de la gestión del nuevo Secretario General. 

Invito, pues, a todos los precandidatos a realizar propuestas en tal sentido lo que facilitará sin duda la tarea de recogida de avales otorgados por la militancia. Además, ayudará a aquel que resulte candidato en la difusión previa de sus propuestas ante el Congreso de finales de julio. Y, por decirlo claro, supondrá un plus de modernidad e innovación que no conviene descartar.

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