domingo 05.04.2020

Una reforma electoral para Canarias

Mucho se ha escrito sobre la necesidad de reorientar el sistema electoral canario en pos de una mayor proporcionalidad en sus resultados...

Mucho se ha escrito sobre la necesidad de reorientar el sistema electoral canario en pos de una mayor proporcionalidad en sus resultados y, sobre todo, de una mayor atención a grupos más minoritarios aunque mejor implantados en el archipiélago que los partidos insularistas.

Sinceramente, yo también soy de esa opinión. Es necesaria una reforma electoral y además, debería hacerse sin demora. Pero, no nos engañemos, con la composición del actual Parlamento canario (21 diputados de CC, 21 diputados del PP, 15 diputados del PSOE y 3 diputados de NC), es preceptivo legalmente el acuerdo de todos los grupos parlamentarios para sacar la reforma electoral adelante ya que es indispensable una mayoría de 2/3 del hemiciclo.

A pesar de las dificultades, por mí no va a quedar y pasaré a reseñar aquí la reforma que, a mi entender,  mejor se adaptaría a los nuevos tiempos. Es un breve esbozo, ya que el plasmarla por escrito requeriría más espacio del que se puede ocupar en un artículo de opinión.

Quiero dejar claro que, el sistema electoral consagrado en el Estatuto de Autonomía y que, con variaciones en los topes electorales se ha venido desarrollando en Canarias desde 1982, consagrando la triple paridad, tuvo razón de ser en su momento, como medio de amalgamar una incipiente sociedad canaria deseosa de libertad y como dique a la fragmentación de partidos a que podía haber llevado la efervescencia política derivada del proceso de Transición en España. No obstante, cuando ya llevamos varios años del nuevo milenio, este sistema electoral se antoja desfasado y caduco.

Mi propuesta se basa en 3 aspectos principales:

  • El número de diputados debería elevarse a 70. La explicación es muy sencilla: todo manual de ciencia política que estudie la representatividad de la sociedad en las instituciones por medio de elecciones, coincide en que, a mayor número de legisladores, mayor proporcionalidad existirá y mayores serán las probabilidades de que cada una de las sensibilidades presentes en dicha sociedad encuentre cabida en el Parlamento.
  • La barrera electoral insular, que se sitúa en el 30% del cuerpo electoral de la isla de referencia, debería desaparecer. Únicamente favorece los insularismos y no somos un conjunto de islas, sino una región con las peculiaridades propias de cada una, pero con un destino común y una visión de progreso, que debe plasmarse en un legislativo que tenga a Canarias como referente principal. No obstante, en previsión de que una excesiva fragmentación del hemiciclo haga ingobernable  nuestra comunidad, creo que debe mantenerse una barrera mínima a nivel regional que podría ser del 5%. , mejorando la barrera actual del 6% consagrada en el Estatuto. 
  • Por último, y quizá lo que más controversia podría suscitar, debe abandonarse la circunscripción insular y apostar por una única circunscripción de carácter regional. Es decir, no se elegiría a los diputados por isla siguiendo el esquema de la triple paridad sino mediante una única lista regional presentada por cada partido. Es cierto que todas las islas deberían estar representadas en el Parlamento en razón de su población pero en ningún lado se dice que tenga que ser por circunscripciones insulares. La Constitución española establece, en su artículo 6, que “los partidos políticos expresan el pluralismo político y concurren a la manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política”. Conclusión: es en los órganos democráticos de cada partido donde debe darse el necesario debate para que todas las islas puedan encontrarse representadas pero no hacer partícipe al pueblo de inventos como la triple paridad, que reitero que tuvo su vigencia e importancia en su momento, pero que corren el riesgo de avivar pleitos territoriales que en nada favorecen los intereses generales de Canarias.  Además, en caso de que un determinado partido político no logre una adecuada representatividad de todas las islas en su candidatura, sus electores y sus militantes habrán de demandárselo en las correspondientes elecciones y en sus órganos de dirección.

Ésta que he presentado, con las limitaciones propias del espacio, es mi humilde alternativa al sistema electoral que impera en Canarias, no es la mejor propuesta, está abierta a múltiples matices y a sugerencias de mejora pero creo, sinceramente, que lograría mejorar la representatividad, la proporcionalidad y daría más voz a partidos que ahora no tienen amparo en el Parlamento canario.

Con esta propuesta no pretendo favorecer a ningún partido político concreto. De hecho, la misión de un sistema electoral es dar cabida a todas las sensibilidades y no hacer que prevalezca una sobre las demás. Por todo ello, creo que este sería un sistema electoral ecuánime y que tiene en cuenta a los canarios por encima de los partidos políticos que les representan.

Una reforma electoral para Canarias