sábado. 15.06.2024

Rajoy, 'in vigilando', o no

Con su dimisión como presidenta del poderoso PP de Madrid, Aguirre, acaba de darle una bofetada en toda la cara a Rajoy.

Con su dimisión como presidenta del poderoso PP de Madrid, Esperanza Aguirre, acaba de darle una bofetada en toda la cara al presidente del cada vez más debilitado PP de España, Mariano Rajoy (con otra patada implícita en toda la espinilla de su íntima enemiga, la ya ex-Cospedal). Es una llamativa forma de ejecutar la venganza que tenía pendiente con quien siempre mantuvo una tormentosa relación. Al menos, no tiene en su haber declaraciones de amor como las que “su jefe” hizo a Camps y Barberá. Dice Aguirre que la ciudadanía necesita gestos -a buenas horas mangas verdes- pocas horas después de que el presidente en funciones de España se negase a recibir la mano extendida del aspirante a presidente, en una actitud que ha dado la vuelta al mundo por inusitada (sólo recuerdo algo parecido en el desaire que hizo Varufakis, a la sazón ministro griego de economía, al representante de Bruselas en su primera reunión pública). Si la falta de vigilancia sobre su equipo de colaboradores fue para la ex presidenta madrileña, razón suficiente para dimitir -a la británica manera-, está diciendo a voz en grito que igualmente debería serlo para el máximo responsable del PP en esta España, que ve como la mancha de aceite de los múltiples escándalos de corrupción le llega al cuello. No obstante, por lo que pudiera pasar, queda alojada en su asiento municipal, no sea que intenten cargarle todo el muerto.

Vivimos en el imperio de la mediocridad, porque mediocre es la actualidad española en estos días de terribles sucesos en el convulso contexto mundial. El paisaje exterior es  apocalíptico pero su eco rebota, que no penetra, en la vida de una España encerrada en su propia burbuja. El máximo exponente es un presidente saliente zombi que se niega a comprender que ya es pasado y que sólo se le espera tras la carpeta de “asuntos pendientes”. Sus plañideros siguen lanzando la salmodia de “lo bueno que era” y niegan la realidad de su descortés despedida, ocultando una mano temblorosa, sin pulso, y quemada de tanto ponerla en el fuego por quienes lo han llevado a la hoguera. El desaire del saludo de Rajoy a Sánchez es mucho más: es la confirmación de que el PP ha entrado en vía muerta, incapaz de sumar algo más que cero, o lo que es lo mismo, sólo aporta parálisis.

La legislatura del mayor y mejor resultado electoral del Partido Popular en su existencia se salda con números rojos y con deshonor. Los juzgados están saturados de causas y no pasa un día sin que el número de “presuntos” aumente la legión de casos de corrupción que han llevado a un juez a decir que el PP es una organización criminal creada para delinquir. Mientras Esperanza Aguirre explica su dimisión por su confesada falta de vigilancia, a Mariano Rajoy cabe suponerlo consentidor si se mantiene al frente del partido. Así que, por si acaso, y para que se tome nota, ella asume su parte alícuota de responsabilidad en un gesto que es una clara advertencia para navegantes perdidos, sabiendo que otros, por estupidez, colisionarán consigo mismos. La capacidad de Aguirre como “Head hunter” está en entredicho, pero nadie cuestiona su destreza como “Head cutter”.

Con estos mimbres, se hace aún más patético el anuncio de que “cuando fracase Sánchez, lo volveré a intentar”, auténtica radiografía de la nada y un reconocimiento inconsciente de la derrota total. Rajoy y su partido están cautivos y desarmados: la Historia juega a los espejos. El terreno arrasado y la confianza serán difíciles de recuperar.

La Convención de la ONU contra la corrupción dice que “socava las instituciones democráticas (…) y atrofia el desarrollo económico”. Pues esto es lo que hay. La cuenta atrás ya ha comenzado y España tiene que despertar. Limpiemos a fondo las sentinas de este navío para poder ganar línea de flotación y regresar a la superficie. De lo contrario, pereceremos en el intento.

Rajoy, 'in vigilando', o no