martes 07.07.2020

Señora Botín, que ya somos mayorcitos …

El País de 17.5, en el suplemento económico de color salmón, publica una página impar -es más cara- de publicidad pagada por el Banco de Santander. En ella nos cuentan que se van a gastar un pastizal en los próximos cuatro años para digitalizar el banco y, de paso, añado yo, ir dejando las plantillas como ese hueso de jamón que pasó 30 o 40 veces por el puchero para saborear el caldo.

En la parte ordinaria de la edición, hacia el final, vienen dos hojas enteras de “entrevista” con la señora Botín -siempre me llamó la atención ese apellido de la cántabra saga bancaria-. El título de la supuesta entrevista es muy sugestivo, invita a leerla: “Hace falta un nuevo contrato social” (no puedo evitar acordarme de Sarkozy cuando, ante el desastre provocado del 2008, exclamó aquello de “habría que refundar el capitalismo”; aquella “refundación” y este “contrato social” son idénticos: eslóganes como cáscaras vacías).

¿Qué o quién impide que haya en España, y en Europa, un fuerte sector de banca pública al servicio de la economía social de mercado, de la economía social y solidaria, del cooperativismo, de la reindustrialización de nuestro país en otra lógica climática y energética?

Me meto con la entrevista y enseguida me doy cuenta de dos cosas determinantes: 1) Que no es una entrevista sino un cuestionario previamente enviado con preguntas de dulce para cosechar respuestas dulces también, 2) Vamos, que si la página salmón era de pago estas dos son gratis …

Tras lamentarse de lo duro y largo del confinamiento (reconoce que hay quien lo está pasando peor, menos mal), el cuestionario le plantea, “¿En qué va a cambiar eso -la pandemia- la sociedad y el capitalismo?”. Y la presidenta fija su posición nítidamente y, corrigiendo al cínico Gattopardo, deja claro que ella, su banco y su sector, son partidarios de que nada cambie para que todo siga igual. Tal cual. Esa posición ideológica guía y preside cuanto aborda en la entrevista, a partir de una premisa reiterada sobre el rol de lo público, del Estado aunque ni lo cita: Apoyar y dotar de liquidez a las empresas y autónomos de todo tamaño y ya, si eso, nosotros creamos empleos (dignos, incluso, llega a decir). Se jarta, que diría la Ayuso, de repetir que sin la iniciativa privada y la inversión extranjera no hay crecimiento, ni empleo, ni economía posible. Sobre el pacto para la reconstrucción, no entra en detalle, que se pongan de acuerdo los que haga falta … pero para hacer lo que ella dice. Tres cuartos de lo mismo sobre el vistoso “contrato social” del titular (en la entrevista no hay una sola referencia a los sindicatos o a otros actores sociales). Toda su inquietud sobre el rol de la Unión Europea se limita a solicitar que el Banco Central inyecte liquidez. La sostenibilidad de futuro de nuestro sistema sanitario la limita poco menos que a garantizar que podamos fabricar en España mascarillas y guantes, porque hay que ver lo molesto que es que puedas morirte por un virus que no estaba previsto. Propone una suerte de alianza público-privada para hacer pisos, que eso reactiva mucho; el banco daría créditos que el Estado avalaría y pagaría si no lo hace el titular… Y así. Por cierto, creo recordar que no hay una sola palabra de reconocimiento explícito a los miles de víctimas que murieron en soledad, ancianos pobres en su mayoría, ni a esas mujeres y hombres de valor que fueron su único consuelo, y el nuestro. No debían ser accionistas.

Pero para la ternura siempre hay tiempo. A la presidenta no le gusta hablar “del banco”, sino de las personas, unas 200.000 en todo el mundo, una gran familia, 36.000 de ellas en España…. Cuando describe las actividades de su banco en el contexto de la pandemia lo homologa punto menos que a Cáritas o a Médicos sin Fronteras.

Bromas aparte, me llama la atención que alguien desde tan alto tenga una visión tan estrecha de la sociedad, la economía, la Vida. Pero, bueno, hay gente pa tó que diría aquel torero sabio.

A riesgo de parecer impertinente, para concluir, y acogiéndome a mi derecho a la libre expresión como ciudadano libre -y cliente de su banco; son todos igual- hago a la señora Botín algunas observaciones a bote pronto:

  1. En los últimos 35 años se calcula que se han destruido en la banca española más de 500.000 empleos -usted lo llamaría “amortizado”- a base fundamentalmente de jubilaciones generosamente anticipadas que costaron, y cuestan, lo que no está escrito al erario público. Esa “amortización” es fruto y motor a la vez del objetivo oligopolio en que deviene la banca española desde hace ya muchos años y éste, a su vez, deviene la causa de fondo de que dicha banca hiperconcentrada sea de las más rentables del mundo. Enhorabuena.

  2. Además de lo anterior, esa alta rentabilidad tiene mucho que ver también con ingentes aportes de recursos públicos que, por razones diversas aunque todas a su favor, se han ido produciendo en esos siete lustros al sector que usted y su banco lideran. En tal sentido, son ya un lugar común, por aquello de que los pusimos entre todos, los más de 60.000 millones de euros que nos costó el último rescate.

  3. A causa de esa alta rentabilidad, tan esforzadamente conseguida, sus consejeros y altos ejecutivos ganan sueldos 80 o 90 veces más gordos que los de sus empleados. Digo yo que en su caso la ratio será notablemente mayor.

  4. Hablando de empleados y empleadas es aconsejable darse una vuelta por sus oficinas de barrio o pueblo medio que van quedando abiertas, escuálidas de personal, con muchas más máquinas que personas para atender, con jubilados batiéndose en desigual combate contra la máquina hasta que un empleado -normalmente desmotivado, de mal humor, apasotado o irascible porque su salario, su horario, sus horas extras ni cobradas ni declaradas en una notable cantidad, su cualificación o promoción profesional, son mitos del pasado … acude a socorrer al jubilado advirtiéndole, eso sí, que para la próxima vez tiene que haber aprendido  … Claro que era mucho más grave cuando les obligaban a colocarles a los viejos tóxicos financieros letales.

Tengo dos preguntas, retóricas ambas, para despedirme: 1) ¿Para que sirve la banca privada, hoy por hoy?,  2) ¿Qué o quién impide que haya en España, y en Europa, un fuerte sector de banca pública al servicio de la economía social de mercado, de la economía social y solidaria, del cooperativismo, de la reindustrialización de nuestro país en otra lógica climática y energética? Que alguien conteste.

Señora Botín, que ya somos mayorcitos …