martes 26.05.2020

Los refugiados y el alcalde de soledades

Recibir refugiados e inmigrantes, tratarles como a seres humanos fraternos es la única vía de futuro para Soledades, para España y para Europa.

El alcalde de Soledades y buen amigo, José, del PSOE, vaya por Dios, me invitó a acompañarle a la capital, a Almería, y echar un rato juntos. Accedí con gusto. Es un viaje de apenas una hora por parajes realmente únicos: Lo que queda del poblado minero de El Cortijuelo, con la Casa Blanca aun en pie, donde nació y se crió mi madre , El Pilarillo, la madre de todas las fincas de la familia paterna, el Collado de el Ramal, donde echaron las tripas los ciclistas que pasaron por él en sendas Vueltas a España, el Observatorio Astronómico de Calar Alto, que descubrió ondas estelares cercanas al big-bang, el verdor y la cerrazón de pinos mediterráneos que caracteriza el lado norte de la sierra, el paisaje lunar y desértico de la ladera sur, el calor húmedo identitario de Almería en contraste con el fresquito seco de Soledades …

José es un paisano algo más joven que yo, no tanto, arquetipo de la gente de aquí, que no derrocha palabras y que te insta a entender lo que no dice, o dice con el gesto, tanto como lo que dice con la palabra. Intentó la aventura de la emigración a Catalunya siendo muy joven. Fue metalúrgico durante un lustro y se volvió a Soledades (“aquello no era pa mí …”), de donde es alcalde desde hace casi treinta años; tres décadas de esfuerzos, ideas, proyectos,, batallas con la superioridad político-administrativa, realizaciones, para que Soledades no muera, por el contrario, crezca y progrese como es el caso.

No teníamos grandes cosas que hacer en la capital. El, algunas gestiones en la Diputación Provincial y en el PSOE, atender a una empresa que apoya económicamente las Fiestas de Soledades de mediados de Septiembre, y yo hacer algunas compras básicas: protección solar, algo de higiene y un poquito de jamón ibérico… En un establecimiento emblemático de Almería, “Habibi”, nos tomamos unos chocolates a la taza con churros recién hechos y una copita de aguardiente rebajado, “palomita” creo que le llaman. Espectaculares. Nos atiende el propio dueño del establecimiento, un hombre que brinca de los 70, que está al pie del cañón como cualquier camarero. Nos explica por qué, hace 52 años, decidió llamarle “Habibi”, “amor, querida” en árabe, a su establecimiento, y descalifica los churros y porras de Madrid porque en general los sirven fríos en los bares; algo de razón no le falta. Por cierto, un matrimonio del PP, a confesión propia, sentado junto a nosotros en la barra, no pierde ocasión de manifestar su sectarismo a raíz del color político del alcalde de Soledades; la cosa no fue a más porque nosotros somos educados y no tan sectarios… al igual que tanta gente buena del PP.

Durante el viaje, tanto a la ida como a la vuelta, José y yo hablamos de muchas cosas en la proporción 9 a 1, es decir, de cada diez palabras adivinen quién pronunciaba 9. Sobre todo hablamos de cosas de Soledades: Los recuerdos comunes, sus gentes, la relación entre nuestras familias, sobre todo entre mi padre “el arquitecto” y su tío Pepe  “el maestro de obra”, o las perspectivas de futuro, y la necesidad de idear cosas para que no se vayan los jóvenes  que quedan y para que vengan más.

Al regreso, impactados por las noticias terroríficas, vergonzosas, dolorosas, que nos va sirviendo la radio sobre este drama de los refugiados intentando llegar –y quedarse- a la Unión Europea … prácticamente este es el tema único de nuestra conversación. Agotada la indignación, el análisis de las causas de fondo de esta tragedia, la hipocresía de quienes la han provocado y ahora no quieren hacerse cargo del coste humano de las guerras… José inicia una reflexión que no interrumpo, más bien le animo a seguir y profundizar:

“Digo yo, ¿pero es que no se puede hacer algo por esas criaturas…?, con la cantidad de países y de dinero que hay en Europa … y es gente joven la mayoría y se les ve fuertes y con salud en la televisión …”

“Vamos a ver, aquí en Soledades, por ejemplo, nosotros podríamos recibir 8 ó 10 familias, para empezar, para probar si va bien. Aquí hay tierra buena, algo de ganado, almendros, hay casas por habitar…”

“Claro, nosotros no nos podemos liar a traer gente, no tenemos con qué… haría falta que las autoridades, como la Diputación, o la Junta o Rajoy, tuvieran un plan y unas ayudas …”

“Al pueblo nuestro le vendrían muy bien familias jóvenes, con chiquillos, con ganas de trabajar y salir adelante … porque aquí hay más viejos que otra cosa”

“No creo que esté diciendo ninguna tontería, ¿verdad, Manolo?”

Le aseguro que no, que no es ninguna tontería lo que dice. Y pienso para mí que a veces el sentido común y el sentido humanitario está en las gentes sencillas y no en las élites, demasiadas veces incapaces y parlanchinas. Pienso que en España hay 8000 municipios (Soledades será de los más pequeños con menos de 300 habitantes), con 8000 alcaldes, y si fueran todos como José resolveríamos el drama de los refugiados … ¿Si Soledades podría recibir 8 ó 10 familias, cuántas podrían recibir Barcelona, Madrid, Sevilla, Manresa o Don Benito? …, y así hasta 8000 municipios. Pues no, en vez de pensar como un alcalde de pueblo, con sentido común y humano y visión de futuro, el Rajoy, paradigma de mediocridad, impostura y corrupción, regatea y se escaquea para no acoger más de 2000 refugiados en toda España … Es decir, 0,25 refugiados por municipio.

Pero es que José, probablemente sin saberlo, además, dio en el clavo respecto al problema de toda Europa, una Unión que en menos de 50 años resultará insostenible de puro envejecida. La inteligencia debería dictar políticas ordenadas de acogida masiva de inmigrantes, y refugiados en su caso, combinadas con mayores estímulos a la natalidad, si se quiere evitar el colapso. Como en los 50 y en los 60, salvadas las distancias, y para lo mismo. Los lumbreras europeos, ciegos de egoísmo, xenofobia discreta y electoralismo a corto,  hacen exactamente lo contrario de lo debido, y para muestra el triste espectáculo que están dando  hoy ante esta avalancha de refugiados a la desesperada, el mismo que ayer ante las oleadas de inmigrantes subsaharianos en busca del pan y el trabajo …

Horas después de esta conversación con mi amigo José, alcalde de Soledades por el PSOE, y el voto mayoritario de la gente, por si no lo había dicho, leo que ciudades tan importantes como Barcelona, u otras en Bélgica o Alemania, están dispuestas a  acoger y a integrar familias de refugiados… Incluso, el aparente lider de la Unión Europea, un luxemburgués, propone que no sean 40.000 sino 100.000 los refugiados que acoja la Unión Europea. Generoso, el nota, tal vez alguien le dijo que entre Turquía, Líbano y Jordania, sólo, hay más de 4 millones de estos infelices inocentes … O tal vez al nota se le cayó la cara de vergüenza ante el cadáver de ese niño sirio de tres años ahogado en una playa turca…

Ya ves, José, no era ninguna tontería. Todo lo contrario, recibir refugiados e inmigrantes, tratarles como a seres humanos fraternos es la única vía de futuro para Soledades, para España, para Europa, para un mundo con rumbo de colisión contra sí mismo …

Los refugiados y el alcalde de soledades