Nuevatribuna

Mexico nos incumbe a todos los progresistas

Amanece el 1 de Diciembre del 2018. En unas pocas horas arrancarán en México un sinfín de festejos populares e institucionales para celebrar la toma de posesión del nuevo Presidente de la República, Andres Manuel López Obrador. A todos los efectos, la fecha tiene ya un alcance histórico sin abusar del tópico. Las clases populares, la juventud, los pueblos originarios, el mundo progresista, celebrará hoy la esperanza de un cambio regenerador que aporte dignidad, limpieza, mayor equidad social, seguridad, sinceración de las libertades democráticas y los derechos humanos, a la vida mexicana. El inevitable temor es que todo este júbilo popular se vea frustrado, una vez más.

Esperanza y temor a frustrarla son el norte y el sur de esta hora de México. Décadas de saqueo, de violencia endémica, de injusticia estructural, dejan un saldo económico, social y humano terrorífico que es verificable a simple vista en las tasas de pobreza y exclusión, la ínfima tasa de cobertura de la seguridad social, el paisaje escandaloso de desigualdad social extrema, la corrupción enquistada en las entrañas del país, los más de 20.000 asesinatos en lo que va de año, los cerros sin ley ni orden que circundan las grandes ciudades de México y en los que viven millones de personas.

Este paisaje desolador, unido a su figura y trayectoria de luchador incansable y víctima de fraudes y violencias, provocó que el pasado 1º de Julio las clases populares y los sectores más dinámicos de México dieran a Andrés Manuel López Obrador (AMLO, popularmente), una victoria democrática indiscutible, con mayoría absoluta en una Cámara de Diputados de 500 miembros y en un Senado de 128, y relegando casi a la marginalidad al PRI Partido Revolucionario Institucional), de heroico origen hace un siglo y pestilente final hace unos meses.

Esta mayoría parlamentaria de MORENA, el partido del Presidente cuyo nombre expresa una inequívoca intención, “Movimiento de Regeneración Nacional”, es un óptimo inicio para enfrentar el reto de transformar México en lo que realmente es: uno de los grandes países de América Latina, la más grande nación del mundo de habla hispana, y con la que deberíamos tener todos los españoles decentes vínculos de afecto por su acogida incondicional de centenares de miles de compatriotas españoles que debieron exiliarse tras nuestra guerra civil o por su reconocimiento en solitario del Gobierno de la República Española en el Exilio hasta que recuperamos la Democracia en Junio del 77 …

Lo que antecede en su totalidad lo escribí el pasado 1 de Diciembre, horas antes de que tomara posesión el Presidente electo de los Estados Unidos Mexicanos, Ciudadano Andrés Manuel López Obrador. Dejé el texto inacabado, me metí con otras cosas y decayó.

Pero el otro día, ante la toma de posesión de ese enemigo de la Humanidad que es Bolsonaro y la enésima imbecilidad de Trump burlándose de una niña de 7 años porque cree en Papá Noel, decidí acabar el artículo y publicarlo, en base a tres ideas-fuerza y a la certeza de que el proceso de México nos emplaza y compromete muy directamente:

Los actos de toma de posesión de AMLO fueron fabulosos y altamente significativos en forma y fondo, tanto los institucionales como, sobre todo, el juramento de las 100 medidas de gobierno ante un millón de personas, venidas de todo Mexico, que volvieron a abarrotar el Zócalo después de años de estar prohibido.

Las medidas de choque de este primer mes de gobierno progresista van en una dirección regeneradora y justiciera inequívocas: rebaja radical de sueldos inmorales en altas esferas de la Administración Federal, políticas de rescate de las fuentes de riqueza nacional regaladas al capital privado, medidas tangibles contra la pobreza y la corrupción, frenética actividad del Presidente de una punta a otra de la República, en aviones de línea regular, reduciendo al mínimo el séquito, parafernalia y seguridad … Esto va en serio. La oposición ensaya el sabotaje pero, con su historial, es como escupir para arriba. Y ya fueron asesinados dos dirigentes locales de MORENA, el partido del Presidente. La muerte como arma política es parte del paisaje en México. Otra lacra a erradicar.

Con dos energúmenos como Trump y Bolsonaro, reflejo de las peores tentaciones fascistizantes de este capitalismo salvaje y global, acechando al norte y al sur, el proyecto democrático y social que encarna AMLO en México nos interesa vitalmente a todo el espectro progresista, no sólo en América Latina, también en Europa y en cualquier latitud que haya que defender o conquistar la libertad, la justicia, los derechos humanos, la paz … Por eso, es clave que todos los progresistas, los de derechas incluidos, allí y aquí, nos aprestemos a hacer piña solidaria y activa por el éxito del proyecto de cambio real en México y que no perdamos tiempo en disquisiciones estériles sobre si Maduro es un inútil u Ortega un sátrapa sanguinario. Son obviedades.

En mi reciente viaje a México, el pasado 15 de Noviembre, tuve ocasión de compartir un foro sobre el futuro del trabajo, y departir con ella, con la más joven miembro del gobierno de AMLO, la Secretaria de Trabajo y Previsión Social, María Luisa Alcalde Luján, una mujer de 30 años, cargada de lucidez, de fuerza, de ilusión, de toda una vida por delante para lucharlo y lograrlo. Para mí es el símbolo más apasionado de la esperanza de México y sus clases trabajadoras y populares en un futuro por el que valga la pena darlo todo … A los “sindicatos” más impresentables de allí (CTM, CROC) les ha faltado tiempo para descalificar y amenazar a esta Ministra. Buen dato. Ánimo, María Luisa, si ladran es porque cabalgamos y lo hacemos por buen camino. Además, a esos “sindicatos” acaban de expulsarlos de la CSI; no tienen cabida entre los 230 millones de trabajadores organizados en el mundo que ésta representa.