jueves 09.04.2020

Kirk Douglas y el cine

Despertar y encontrarse con su muerte, qué pena.

No era sólo, y muy probablemente, uno de los mejores actores de la Historia; era el Cine con mayúsculas, el Cine de valor y de valores que tanto impactó a varias generaciones, incluyendo la mía.

Imagino que mi primer contacto con Kirk Douglas debió ser en el Cine Artigas, el auténtico Cinema Paradisso de mi infancia, haciendo él de vaquero o de detective y dando yo cuenta, extasiado, de una papelina de cacahuetes que costaba 50 céntimos de peseta, o devorando un buen trozo de pan con una tableta de chocolate "ollé" perdida dentro de él, mientras un gato, que era ya parte del paisaje, inspeccionaba su territorio bajo las butacas de madera pelada. Al Cine Artigas accediamos tras decirle al señor Vizcaino o al señora Barceló o a la señora Piedad que éramos sobrinos del señor Cano ...

Kirk Douglas será Ulises y viceversa per in secula seculorum

Imagino que debió ser así mi primer encuentro pero, la verdad, mi memoria infantil no lo registra. El que sí registra como primer encuentro consciente e impactante es cuando mi padre me llevó a la sesión inaugural del Cine Ducal, en el Clot, en Besalú, entre Montaña y Nación. Él empezó a trabajar allí de acomodador, yo no tendría más de 8 o 9 años, y unos pocos años después yo trabajé también allí de acomodador, siendo ya mi padre "jefe de sala" como a él le gustaba decir con una pompa cómica e irónica.

Para aquella semana inaugural del Ducal, el señor Casajuana y el señor Marín, los dueños, programaron una película principal que lo petaba en aquella época: Ulises, la historia del mítico heroe que Homero inmortalizó. En ella, Ulises/Douglas me llevó por paisajes y aventuras desbordantes. Era una fuerza desatada, que no doblaba nadie en las escenas de acción, que se enfrentaba a Polifemo, el gigante de un solo ojo que los tenía presos (el respetable solía arrancarse en un aplauso unánime cuando Ulises/Douglas le volaba el ojo de una pedrada, creo recordar, al malvado Polifemo, que me aterraba con su ira al perder su único ojo, pero que se jodía porque Ulises y su gente se fugaban gracias a su ceguera), o cuando se amarraban a los palos del barco para resistir los cantos de las sirenas, que había que ver cómo estaban las tentadoras sirenas, o siendo seducido, con gusto, por una diosa mítica que interpretaba una actriz italiana, Silvana Mangano, que era realmente una diosa de carne y hueso, o reencontrando a su fiel y amante Penélope y poniendo a caldo a los infieles amigos que la habían rondado, sin éxito, claro, durante su larga ausencia ... Para mí, Kirk Douglas será Ulises y viceversa per in secula seculorum.

Como acomodador y como cinéfilo pude saciarme de la obra de Kirk Douglas; era el mejor, sólo a su altura podían estar Gregory Peck, Burt Lancaster o Gary Cooper. Lo inmortalizó "Senderos de gloria" y "Espartaco", ambas de Kubrick, por cierto, desafiando al fascismo norteamericano y al siniestro senador Mc Arty. Pero hizo muchísimas, todas ellas con la impronta del hombre bueno que busca la justicia y paga precios altos por ella ... Déjenme recordar "El último tren a Gun Hill", en la que otro monstruo, Anthony Quinn, le daba la réplica, o una que pasaban en el cine de la cárcel en la que hacía de un alto ejecutivo de una gran empresa norteamericana que, harto de aquella vida y aquel sistema de lujo y mentira, intenta suicidarse lanzando su coche contra un camión de gran tonelaje.

Bye, Kirk, pon un poco de orden en el Cielo que hay ahí mucho golfo.

Kirk Douglas y el cine