lunes 01.06.2020

Que es la CES, coño, la CES…

Una vez más, un evento que afecta a decenas de millones de trabajadores se condena al silencio mediático más absoluto.

Llueve sobre mojado. Los grandes medios de comunicación cabría definirlos cada vez más como de “grandes fines de comunicación”. Una vez más, un evento de gran alcance internacional que afecta a decenas de millones de personas, trabajadores y trabajadoras en este caso, se condena al silencio mediático más absoluto.

Me refiero al 13ª Congreso de la CES, la Confederación Europea de Sindicatos, que se celebró en París los pasados 29 de septiembre al 2 de octubre.

No es cualquier cosa. La CES, en mis tiempos al menos, agrupaba a unos 60 millones de trabajadores organizados y a la práctica totalidad de confederaciones sindicales nacionales de todos los países miembros de la Unión Europea y algunos más. Creo no equivocarme si afirmo que la CES es la organización de ámbito continental más importante del mundo no equiparable a ninguna otra asociación de carácter privado, y ello a pesar de que otras organizaciones sindicales homólogas en las Américas, Africa o Asia-Pacífico son también asociaciones libres muy potentes.

Pues ni una línea ni una palabra en los grandes medios, oiga; al menos en los que yo frecuento. Cuesta creer que un Congreso que reúne a centenares de delegados y delegadas en nombre de 60 millones de representados no es noticia o no merece la categoría de tal. Cuesta creer que los debates, acuerdos, resoluciones y propuestas que emanan de una asamblea de tal envergadura, que abordó las causas, consecuencias y medidas alternativas a implementar para relanzar una Europa que se nos cae a pedazos en lo socio-económico y en lo político, en lo tocante al drama de nuestros jóvenes o nuestras mujeres o al desafío vital de los flujos migratorios y de refugiados… no despiertan siquiera curiosidad en esos grandes medios.

Claro que siempre nos quedará EL COMERCIO para aliviar esa sequía mediática.

La CES, además, en su 13º Congreso, ha elegido un nuevo lider, Luca Visentini, que procede de la más pequeña de las tres confederaciones sindicales italianas. La reseña oficial lo presenta como “sindicalista y poeta”, si bien yo no tuve ocasión de compartir ninguna de sus dos facetas. Yo ya firmaría con que el compañero dé la mitad de juego del que dio el mítico Emilio Gabaglio, que lideró la CES en el más largo periodo desde su fundación en 1973.

Y ya que va de italianos de hoy y de ayer en la CES, me pregunto cuándo se va a poner al frente de la CES a un o a una compañera procedente de una de las mayores confederaciones nacionales de toda Europa, es decir, de la CGIL, que también es italiana y pesa, como mínimo, lo mismo que las británicas, alemanas o escandinavas.

Por último, creo que las confederaciones sindicales de España afiliadas a la CES –CCOO, UGT, ELA y USO- son directamente responsables de este apagón informativo que se ha producido sobre este 13º Congreso y sobre la vida sindical y socio-laboral en su conjunto. Probablemente, han gestionado el evento de modo rutinario, uno más, porque cuando quieren que se oiga y  se sepa lo que hacen, aunque sea sólo ruido, bien saben como hacerlo, ya sea pagando publicidad en los diarios o cuñas de radio.

En fin, les recomiendo conocer, utilizar, divulgar y procurar aplicar en su ambiente laboral o social las resoluciones de este 13º Congreso de la CES y para ello tienen las páginas webs de ésta o de sus filiales españolas.
 

Que es la CES, coño, la CES…