lunes 01.06.2020

Catalunya al meu cor, sempre

Llevo todo el día ante el televisor –lo cual no me impide hacer algunas otras cosas- siguiendo el atípico y anómalo pleno del Parlamento de Catalunya, en el que los secesionistas pretenden –por lo civil o por lo militar- sacar adelante una ley que convoque un supuesto referéndum del que salga a su vez un sí a una supuesta independencia.

Son los privilegios de ser ciudadano de Catalunya y gozar de una televisión autóctona –de altísimo coste y mayor déficit- que es sin cuento alguno una caja de resonancia del secesionismo.

No quiero sumergirme en el mar de sensaciones que llevo horas experimentando a la vista del pleno. Por otra parte, hay tal derroche de palabras en el ambiente que son la mejor garantía, me temo, de que todo sea más turbio y confuso.

Sólo tres o cuatro cosas que resumen mi pensamiento desde siempre y no van a cambiar a estas alturas por muy fuerte que sople el viento sobre los juncos:

… El derecho de autodeterminación está perfectamente identificado en el seno de la Organización de Naciones Unidas, ONU. Y la ciudadanía de Catalunya no somos sujetos de ese derecho de autodeterminación porque –afortunadamente- no somos objeto de dominación política, ocupación militar o expolio material y colonial alguno. Punto.

… La ciudadanía de Catalunya nos autodeterminamos sistemática y regularmente al amparo de nuestro  Estatuto de Autonomía en el ámbito nacional catalán que nos es propio.

… La ciudadanía de Catalunya nos autodeterminamos también, solidariamente con la del conjunto de España, en los ámbitos y al amparo de la Constitución de 1978.

… Desde 1977 a hoy, 40 años, en Catalunya, en consecuencia, en el marco legal y democrático de nuestra Constitución y nuestro Estatuto, hemos votado 1,2 veces por año. Para que luego digan que aquí no se vota o no nos dejan votar.

… De ese derecho de autodeterminación –real, legal, estable, permanente- emana la legalidad y la legitimidad de los líderes secesionistas (Mas, Puigdemont, Junqueras y otros) que son, conviene no olvidarlo, los máximos representantes del Estado y de España en Catalunya. Su legitimidad secesionista no nace de la toma de Barcelona –previa insurrección popular-, fusil al hombro, tras un duro proceso  de lucha contra las fuerzas de ocupación españolas en las sierras de Collcerola o Montserrat. No, en absoluto. Estos señores vienen produciendo secesionismo hace años desde cómodas poltronas, en suntuosas sedes, con el lubricante inacabable de los recursos públicos de toda la ciudadanía de Catalunya, no sólo de sus afines, y al amparo –repito y no me canso- de la legalidad constitucional y estatutaria en vigor desde 1978 y 1979 respectivamente. Lo que vienen haciendo estos líderes secesionistas tiene un nombre político, jurídico, institucional y moral, que prefiero no pronunciar porque hoy tengo el día dulce.

… Por supuesto, en Democracia, las constituciones, los estatutos, las leyes, se pueden cambiar – para salir del embrollo, en la España y la Catalunya de hoy se debe, creo yo-. Pero una cosa es cambiarlas y otra muy distinta ciscarse en ellas, como hacen los líderes secesionistas pese a ser productos de las mismas.

… Por último, y para mí es lo más importante, las Clases Trabajadoras serían las mayores víctimas, en Catalunya y en el conjunto de España, de la  secesión, por el efecto de debilitamiento que supondría la quiebra de la unidad, la solidaridad y la centralidad de la misma y de los entornos sociales própios. Yo soy hijo de la Clase Trabajadora, a mucha honra que se decía antes, y la serví a lo largo de mi vida con la mayor decencia e inteligencia de que fui capaz, ya en Catalunya, en España, en Europa, ya en América Latina u otras latitudes remotas, y a través de organizaciones sindicales como la USO, la CES, la CMT, la CSI, SOTERMUN u otras Fundaciones de Solidaridad Internacional … En qué cabeza cabe pensar que un servidor, y cualquier ciudadano trabajador consciente, aceptaremos jamás que se nos condene a la separación, el abandono de un proyecto común de justicia y progreso para el Trabajo, o el olvido de nuestros hermanos aragoneses, asturianos, andaluces, vascos, riojanos, valencianos, murcianos, madrileños, extremeños, cántabros, canarios, baleares, castellanos del norte y del sur, leoneses, navarros … Catalanes, por supuesto. La Clase Trabajadora –ya sé que es un concepto en desuso, pero se llama así- es el mejor baluarte de la Democracia, la Justicia, la Solidaridad. Que no tumben jamás esos baluartes con banderas de división y enfrentamiento, o con discursos identitarios supremacistas que rozan la xenofobia en cuanto se les deja.

Lo digo yo, modestamente, que una de las primeras  cosas que hice en mi vida militante –más de 50 años- fue fundar un periódico, obviamente clandestino, que se sigue editando, y cuyo nombre estaba cargado de intención y pensamiento: CATALUNYA OBRERA… Como para que nos pasen mercancía averiada los paladines de la secesión.

Catalunya al meu cor, sempre