domingo 25.08.2019

Cogobierno o alternativa, esa es la cuestión

La fallida investidura resultó una tóxica experiencia, mezcla de vodevil y tragedia. Vodevil que sin duda hace crecer aquello del “todos son iguales” (cosa que no es cierto) o, aún peor, “que se vayan todos” que no es un grito de rebeldía aquí y ahora sino síntoma de hartazgo y germen que puede alimentar a los candidatos a Salvini (Rivera cada día se le parece más, de ahí que resulte desfasada la petición del Financial Times). Y también tragedia porque ha supuesto un duro varapalo para el pueblo de izquierdas y, lo que es más grave, pospone la solución de las situaciones de emergencia social y climática que atraviesa el país. Ello, si no lo solucionamos, solo puede redundar en desmovilización popular en las urnas y en las calles. Y, de nuevo, el viejo mantra del voto útil, si no un nuevo aliento a la derecha.

En las jornadas parlamentarias de autos, el PSOE, una vez más, empleó su experiencia y aparato en un juego que pretendía contentar a su derecha -sin conseguirlo- y neutralizar y marginar a su “socio preferente” Unidas Podemos. Han corrido ríos de tinta sobre los errores negociadores de esta formación o de la fragilidad e improvisación de alguna de sus propuestas, pero ello no es lo más importante. La lección fundamental es que el PSOE ha puesto sus intereses y la defensa del estatus quo económico y político oligárquico por encima de los intereses de la mayoría social. Mucha gente harta de la situación y temerosa de la derechona, confió en la solución de un gobierno a dos. Pero… la fórmula de cogobierno no era posible ni conveniente, y lo es menos ante los “exámenes” de setiembre.

El PSOE no puede gobernar gratis. Hemos de arrancarle compromisos esenciales. No se le puede regalar la presidencia a Pedro Sánchez a cambio de nada, como parece pretender el PSOE de forma ilusa y demagógica

A la hora de formar gobierno o no formar parte de este -como ante cualquier acción política- conviene analizar con rigor y realismo qué gana la mayoría social y qué pierde y también que ganan y que pierden las fuerzas de izquierda que se comprometen en un sentido u otro. No basta el bienintencionado rezo de “mejorar la vida de la gente” porque ello debe acompañarse del qué y el cómo pueden posibilitarse las conquistas sociales y qué y quienes pueden malversar las mismas. Se hacen programas para llevarlos adelante porque se considera que ahí están las soluciones de y para nuestra gente, las y los de abajo. Por ello el mejor discurso no sustituye a las medidas de emergencia y, aún menos, a las de medio y largo plazo.

Ello significa que Podemos debería revisar en profundidad su apuesta a toda costa del gobierno de coalición. Las fuerzas políticas transformadoras pueden obtener mejores frutos si en vez de atajos y huidas hacia delante, se plantean levantar una alternativa propia con un proyecto de sociedad, una estrategia, unas fórmulas organizativas pluralistas, colectivas e incluyentes y un programa sólido para hacer frente al neoliberalismo y la deriva autoritaria. Ello supone primar en la acción política la independencia total respecto a las fórmulas social liberales que tienen como fin fortalecer el sistema económico y el régimen político que lo sustenta. A la par que debemos tener cuenta que partidos como el PSOE tienen, pese a que han mutado de naturaleza, una base social y electoral popular. Ello nos exige, como en ocasiones anteriores, plantearnos el complejo problema de cómo mejoran su correlación de fuerzas los partidos y organizaciones de izquierda con el fin de ganar la hegemonía. Las variables de la ecuación son el grado de organización, movilización y conciencia popular, la política de alianzas para fortalecer los logros sociales y evitar los tics sectarios y el uso de unas instituciones que se hicieron para mantener el poder oligárquico y que acotan el campo de la acción gubernamental. Todo ello exige construir y fortalecer la independencia de las fuerzas políticas transformadoras.

¿Es legítimo que un partido de izquierdas quiera gobernar? Por supuesto. ¿Es conveniente hacerlo en cualquier circunstancia, ámbito institucional, estado de movilización social, correlación de fuerzas y con un programa de quita y pon? No, evidentemente. Y dado que el debate actual es qué hacer en setiembre (si es que hay setiembre y no se impone la tesis Tezanos de nuevas elecciones, lo que abriría importantes interrogantes electorales a la izquierda del PSOE), conviene hacer algunas reflexiones a la luz de las ideas que se están poniendo sobre el tapete, que, por mi parte, las resumo en unas pocas y sencillas fórmulas.

Parto de la base que la idea que une y guía la acción de la izquierda social y política es parar en seco a la derecha, alejarla de los centros de poder político, y diseñar y ejecutar políticas favorables de inmediato para las clases explotadas y los sectores postrados de la población. Solo en este marco adquieren sentido las siguientes cuestiones que intentan plantear el mejor escenario posible para la mayoría social.

Proposición 1. Un gobierno de coalición exige un grado de disciplina a sus componentes aún mayor que la que actualmente exigen a sus miembros los partidos políticos que, por cierto, están en una rápido y peligroso proceso de oligarquización, privatización y bunquerización excluyente y elitista de sus direcciones (tema que puede ser objeto de consideración en otra ocasión).

Corolario 1. La independencia de propuesta y actuación de los partidos que componen un gobierno se ve mermada.

Proposición 2. El Boletín Oficial del Estado es un arma de papel que no solo puede quedar en “papel mojado”, sino que sus líneas no las escribe cada ministro/a, sino el conjunto del gobierno y depende de la correlación de fuerzas en el seno de este, pero sobre todo en la sociedad.

Corolario 2. Con la correlación de fuerzas existente entre PSOE y Unidas Podemos y sus confluencias es falso afirmar que no pugnar por un gobierno de coalición supone una renuncia, cuando lo que hemos visto en el hemiciclo que el PSOE exigía unas renuncias políticas y programáticas de gran envergadura para las fuerzas de izquierda que claramente suponían renunciar al propio proyecto.

Proposición 3. La política no se reduce al marco de los ejecutivos, ni siquiera del legislativo correspondiente. Y, sin embargo, pareciera que sólo tiene interés el accionar de los grupos parlamentarios y rogar desesperadamente una presencia en el gobierno de turno para influir.

Corolario 3. En muchas ocasiones, desde fuera de los gobiernos, los sindicatos y las organizaciones feministas, ecologistas y sociales -que obviamente prefieren gobiernos amigos- han redactado los contenidos. Por no hablar de los condicionantes que se pueden imponer al gobierno desde la acción parlamentaria, máxime si se apoya sólo en una minoría mayoritaria, como es el caso del PSOE hoy. El campo de trabajo de las fuerzas de izquierda actualmente es más fértil fuera que dentro del gobierno siempre y cuando se construya una amplia coalición en la sociedad que abarque desde las organizaciones políticas a las sindicales, feministas, sociales y ecologistas para plantear, exigir, vigilar y arrancar presupuestos, medidas y políticas favorables a la mayoría social.

Proposición 4. La izquierda puede sufrir un descalabro en condiciones adversas en el seno de un gobierno con fuerzas que son garantes del orden militar atlantista, que aceptan ser policías de frontera ante la migración, que mantienen políticas respetuosas y cumplidoras de los Tratados de la Unión Europea más lesivos para la mayoría social, etc. Si en el debate de investidura vimos un Sánchez en plena faena de toreo, de participar en el gobierno con él, nos encontraremos con la vieja metáfora del abrazo del oso. Aprendamos de la experiencia de los cogobiernos del Partido Comunista francés o de Rifondazione Comunista y el PCI italianos con un resultado fatal en las políticas que tuvieron que implementar y con la crisis y casi desaparición de la izquierda en Francia -toda la izquierda- y con la irrelevancia en la que ha quedado en Italia. O simplemente el parón en seco del crecimiento y comienzo del declive de Die Linke tras las experiencias de cogobierno en Berlín y en algunos lands.

Corolario 4. Es mejor aplicar, tal como venimos defendiendo desde hace años desde la corriente política en la que me inscribo, una fórmula que de forma simplista ha venido en llamarse “a la portuguesa”. Por ello nos alegramos de la nueva actitud de Izquierda Unida. Por nuestra parte proponemos convenir unos puntos de acuerdo con los social liberales para permitir su investidura y cortocircuitar las aspiraciones de las fuerzas a su derecha. E inmediatamente hacer oposición vigilante. Pero sin tener que callar o ser condescendiente con la política europea e internacional del PSOE, su política migratoria, sus connivencias con la banca y el oligopolio energético, ni tampoco con sus “razones de estado” y con sus connivencias con el FMI o la Comisión Europea. Han surgido voces (pocas) que de forma poco rigurosa e informada dicen que tras la moción de censura -que fue un acierto en el haber de Iglesias- se aplicó esa táctica al debatir los Presupuestos Generales del Estado. No son situaciones comparables: un gobierno minoritario -como el de Sánchez surgido de la moción- que tenía como misión convocar elecciones no es lo mismo que un gobierno que tras las elecciones generales del 28 de abril y sobre todo las locales, autonómicas y europeas del 26 de mayo en las que se reforzó, es una minoría mayoritaria en las Cortes y necesita de apoyos para cada acción de gobierno.

Conclusión general para setiembre. El PSOE no puede gobernar gratis. Hemos de arrancarle compromisos esenciales. No se le puede regalar la presidencia a Pedro Sánchez a cambio de nada, como parece pretender el PSOE de forma ilusa y demagógica. Hay que exigir derechos sociales y a la vez, ir construyendo una alternativa desde la oposición. Y estar en alerta permanente desde instancias de seguimiento y evaluación (alianza social y política) de los compromisos adquiridos. Y ante los incumplimientos y en el resto de las cuestiones desmarque respecto al gobierno, oposición y movilización si suponen actuaciones contrarias a los derechos de las gentes aquí y fuera de nuestras fronteras.

Cogobierno o alternativa, esa es la cuestión