La encuesta de la SER que prevé la victoria de las fuerzas de izquierda en las próximas Elecciones Autonómicas valencianas es muy significativa...

La encuesta de la SER que prevé la victoria de las fuerzas de izquierda en las próximas Elecciones Autonómicas valencianas es muy significativa, por varias razones: A) Es el primer sondeo público en que, con claridad, se establece esta tendencia. B) Como las encuestas configuran la opinión pública, marca un antes y un después, ofreciendo un argumento de autoridad al que referirse a partir de ahora, poniendo al PP a la defensiva, por vez primera desde hace lustros. C) A la vez marca coincidencias y divergencias con otros sondeos de ámbito estatal y configura un panorama inédito en varios aspectos. Por todo ello, y con las debidas cautelas, podemos proponer conclusiones tomando como base los datos de la encuesta.

1.- Que el PP sea la fuerza más votada, dado el inmenso caudal de recursos que aún posee, es irrelevante. Su declive es más que notable y el volumen de la pérdida de apoyos significa algo más que un cansancio del que pueda recuperarse con hipotéticas cifras macroeconómicas. Tamaña sangría indica que fragmentos clave del electorado que le fue fiel han soltado amarras y le hacen responsable de algo más que una mala gestión de la economía. Son sectores de las clases medias que se han despeñado por la escala social y que no sólo no encuentran expectativas de reubicación social, sino que se muestran humillados por la corrupción y el despilfarro. En cierto modo el desvío de voto muestra cierta culpabilidad: hay muchos electores del PP que dudan en este momento entre justificar su anterior voto por “haber sido engañados”, asumir con un cierto civismo su carácter de cómplices del desaguisado o refugiarse en la relativa evidencia de que no tenían opción real a la que votar. O las tres cosas a la vez. Quizá todo ello explique la derivación de votos a UPyD, que se va a instalar en una contradicción: un electorado conservador  –unido por hilos de nostalgia a la etapa dorada del PP- y un discurso presuntamente rupturista. En cualquier caso no gana todo lo que pierde el PP, pero si debe crecer más lo hará a costa del partido conservador, impidiendo una alianza con posibilidades de gobernar. Por otra parte, en las Autonómicas el voto va muy ligado a las Locales, siendo su presencia en ese ámbito complicada.

2.- Se hunde el bipartidismo. La suma de la intención de voto de PP-PSOE es del 50%, cuando la serie histórica del voto de los dos partidos principales ha sido (porcentajes redondeados): 1983: 71, 1987: 69, 1991: 72, 1995: 77, 1999: 75, 2003: 84, 2007: 88, 2011: 79.

3.- El PSOE tiene que optar entre ser el actor secundario en un gobierno con el PP, algo que nadie imagina de qué le serviría –ni tampoco al pueblo valenciano- o liderar un tripartito. La encuesta revela que la mayoría del electorado prefiere esa fórmula de gobierno, sobre todo en la izquierda, en especial entre el de Compromís –e, incluso, un 7’9% de los electores del PP-. Dicho de otra manera: el electorado es más decidido que los líderes de izquierda, renuentes, bajo el fuego interesado del PP, a reconocer sus bazas. Por lo tanto el único liderazgo que le sirve al PSOE es el que conduzca a ese tripartito, actuando con claridad, sin ambigüedades ni tacticismos. Sólo de esta manera, quizá, frene su desgaste, pues la encuesta revela una importante pérdida de escaños. Es la cosecha de muchas siembras. Pero la definición del tripartito no puede dejarse en manos del PP: deben ser las fuerzas de izquierda –que cada vez se verán más presionadas en ese sentido por sindicatos, movimientos cívicos y sectores de la prensa- las que aclaren que hay diversos modelos y que lo prudente es dejar para después de las elecciones su definición última. Pero que es un principio de acción compartido con el pueblo de izquierdas e irrenunciable en este momento la voluntad explícita de acuerdo para formar mayoría parlamentaria que sustente un gobierno de progreso. Un gobierno estable, porque la gobernabilidad es un valor que apreciará el electorado. Y absolutamente imprescindible para la gestión que las izquierdas van prometiendo por donde pasan. El electorado tiene que saber que una cosa es la rica pluralidad de la izquierda y otra su estéril atomización.

4.- Compromís se convierte en fuerza decisiva por primera vez, a lo que contribuye la elevada valoración de Mónica Oltra –a mi juicio más que merecida, y que recuerda que los/as políticos/as de carne y hueso aportan valores ausentes en los configurados por gabinetes de imagen-. Ello representa una alteración clara en el sistema valenciano de partidos, y más cuando tendrá un reflejo exponencial en las Municipales. Compromís es la fuerza que más incremento de intención de voto aporta a la izquierda y pasa de estar a 21 puntos del PSOE (Elecciones anteriores) a sólo 6’2 puntos. La suma del porcentaje previsto de Compromís y EU supera en 6 puntos al del PSOE. Este es un panorama complicado para el PSOE, pero será su responsabilidad gestionarlo con sabiduría. Lo que está claro es que no le vale despreciar a las otras formaciones aludiendo al “voto estético”, “radical” o cualquier ocurrencia de antaño. Bien está no exigirle giros a la izquierda: basta con exigirle que no siga perdiendo espacio propio. Pero mayor, en cierto modo, es la responsabilidad de Compromís. Las viejas heridas con EU deben cerrarse, debe evitar recrearse en las reticencias frente al PSOE y debe empezar a imaginarse fuerza de gobierno y no sólo oposición. A las sesiones del Consell no se va en camiseta reivindicativa ni los líderes de los movimientos sociales pueden confundirse eternamente con el conjunto del electorado. Saber entender y gestionar la complejidad de la realidad y la trasversalidad de las alternativas es el gran reto que tiene por delante. Pero que nadie se sorprenda si sigue convenciendo más que ninguna otra fuerza. Pese a todo es quien mejor está propagando la ilusión y la coherencia, quien más fe han mostrado en la plausibilidad del cambio. Y ahí están los resultados.