Nuevatribuna

Salvar al “soldado” Sánchez

En poco más de 100 días el Gobierno del PSOE ha dado señales inequívocas de cambio

No se puede dudar que la moción de censura y la investidura de Pedro Sánchez han provocado un cambio sustancial en la política española en todos sus ámbitos.

La derecha mediática y política no se esperaba el cambio como tampoco lo deseaban dirigentes independentistas catalanes de la derecha como Puigdemont o Torra para los cuales su planteamiento es “cuanto peor mejor”.

El gobierno Sánchez ha significado un antes y un después  respecto a los gobiernos de Rajoy. Todo esto a pesar de la realidad de una debilidad parlamentaria que no se puede obviar. Pero hay que reivindicar que es no una sino la oportunidad para las fuerzas progresistas españolas de evitar la continuada hegemonía de la derecha en el país.

En poco más de 100 días el Gobierno del PSOE ha dado señales inequívocas de cambio. Son tan sólo señales pero la correlación de fuerzas no da para mucho más. Lo que ahora hace falta es que el gobierno se pueda mantener durante un tiempo, el mayor posible, para poder hacer efectivas algunas medidas, que no podrán ser todas las deseadas, para demostrar que hay otra forma de gobernar y poder afrontar unas futuras elecciones generales donde las izquierdas plurales puedan obtener una mayoría suficiente para gobernar con profundidad los cambios que ahora sólo se pueden constatar.

Se han iniciado políticas ejemplificadoras como la relacionada con la memoria histórica y la exhumación del dictador de Valle de los Caídos que es sin duda un símbolo. Así como la recuperación de la sanidad universal eliminada por el PP y el acuerdo sobre pensiones en el Pacto de Toledo, con la recuperación del poder adquisitivo de los pensionistas, que ahora debe concretarse en ley. Habrá que ver el intento de hacer unos presupuestos más sociales a pesar del “filibusterismo” parlamentario de la derecha. El cambio de la política hacia Cataluña es otro planteamiento importante, con una política abierta al diálogo.

Este gobierno puede abrir, si consigue mantenerse en el tiempo, una puerta de esperanza para todos los progresistas. Y en esto hay que rehuir sectarismos y rencores diversos. Si el gobierno se mantiene será producto también de la actitud y flexibilidad de otros componentes de la izquierda imprescindibles por el mantenimiento de un gobierno con debilidad parlamentaria. Es evidente que la perspectiva futura, después de unas nuevas elecciones, tiene que ser un gobierno de coalición de las fuerzas progresistas.

La reacción y desconcierto de las fuerzas de las derechas es evidente. Tanto el PP como C,s han desplegado desde el primer momento una agresividad total hacia el nuevo gobierno incluidos ataques a la reputación personal de los miembros del gobierno. Pero su oposición radical y su competición para ver quién es más oposición los va situando cada vez más hacia la derecha y alejándose del centro político. El PP y C,s cada vez recuerdan más la “aznarismo” más puro.

Pedro Sánchez está demostrando un nivel que nadie se esperaba de él y que empezó a demostrar después de su defenestración de la secretaría general del PSOE y su posterior victoria interna sobre el antiguo aparato y las antiguas referencias y barones de su partido.

Lo volvió a demostrar al plantear una moción de censura en el momento oportuno y consiguiendo los acuerdos diversos y plurales para ganarla y ser investido. Ha hecho un gobierno con personas de un nivel de competencia elevado. Y su agenda en estos pocos meses ha sido importante, todo y las posibles trabas de un gobierno en rodaje.

No podemos obviar un hecho importante, el papel de Podemos. El papel jugado por Pablo Iglesias a la moción fue sustancial para conseguir que el PNV se sumara a la moción ante la posibilidad de nuevas elecciones con un C,s a la alza. Posteriormente y en general parece que Pablo Iglesias haya madurado como dirigente político, cosa que no me atrevería a afirmar de su formación ni de muchos de sus cuadros. La posibilidad de acuerdo en los Presupuestos donde Iglesias tiene que escoger entre un cierto pragmatismo, de acuerdo con la correlación de fuerzas y la realidad política existente, o volver a posiciones aparentemente “puristas” será la piedra de toque de su maduración como dirigente político.

En cuanto a las fuerzas nacionalistas catalanas, excluiríamos de la reflexión al PNV que ya  ha demostrado ser un partido políticamente previsible, no hay duda que el Gobierno de Sánchez y un futuro gobierno de izquierdas los ayudaría a tratar de buscar una cierto inicio de salida “del jardín del procesismo” y volver a recuperar el diálogo y una relación política que ayudara a la normalización que Cataluña precisa a fin de diseñar un futuro de profundización democrática en todos los sentidos una vez se supere la “prueba de fuego” del juicio y la situación de los políticos presos, no hablamos ahora de los huidos. Creo que en estos momentos muchos de los dirigentes más sensatos del PdCat y de ERC empiezan a ver esta necesidad de cambio a pesar de que no sepan o no se atrevan todavía a hacerlo público por las reacciones que puedan tener muchos sectores que han creído seriamente en la aventura del “proceso”.

Haría falta para conseguir un cambio en el clima político del país, en beneficio de la mayoría de la ciudadanía que ha sufrido las consecuencias de las políticas de la crisis, que se mantuviera el gobierno de Sánchez el tiempo suficiente como para garantizar que en las contiendas electorales de la próxima primavera y especialmente en las futuras elecciones generales se haya generado un nuevo clima político que ayude a consolidar un futuro gobierno de progreso en el conjunto del Estado que pueda garantizar un futuro más solidario y libre. Un futuro mejor es posible y deseable.