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miércoles. 07.12.2022

Podemos: una vela sin barco

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Imagen de archivo.

Podemos inicia con dificultades palpables una nueva etapa a partir de la decisión de Pablo Iglesias de alejarse del primer plano de la política. Si los cambios de liderazgo siempre comportan un período de incertidumbre en las organizaciones políticas en este caso la situación se complica aún más cuando se ha tratado de un liderazgo personalista muy acusado.

Podemos tuvo en su origen a un reducido colectivo de profesores universitarios que utilizó con mucho éxito los medios de comunicación audiovisuales y sociales para plantear una alternativa política al conjunto del sistema en base a un populismo de izquierdas que significó una novedad en el panorama político al margen de las tradicionales opciones de derechas o izquierdas.

Con la utilización de un lenguaje claro y hasta simple, y con el enunciado de propuestas radicales muy atractivas, si bien poco definidas, consiguieron en poco tiempo hacerse un hueco en la política. Y cuando decidieron presentarse a las elecciones al Parlamento Europeo consiguieron un éxito apreciable para un partido recién creado.

Posteriormente, debido a su falta de estructura organizativa, evitaron presentarse a las elecciones municipales si bien patrocinaron diversas propuestas municipales a las que dieron su apoyo pero sin presentarse bajo sus siglas. Así consiguieron éxitos importantes mediante candidaturas plurales de progreso en Madrid, Barcelona, Galicia, Cádiz o Zaragoza entre otras, todas ellas muy diversas entre sí pero vinculadas bajo el concepto del “cambio”.

Entre diciembre de 2015 y diciembre de 2019 se celebraron en España cuatro elecciones generales a las que concurrió Podemos, la primera en solitario y las siguientes conjuntamente con IU. El resultado de las primeras fue espectacular, fue un momento de éxito de los nuevos partidos tanto de Podemos como su intento de imitación a la derecha de C’s.

En las siguientes tres elecciones Podemos experimentó un retroceso en cadena hasta situarse en noviembre de 2019 prácticamente en la mitad del porcentaje de votos obtenido en las de 2015. Asimismo sus resultados en las elecciones municipales o autonómicas de ese período fue cuando menos discreta por no decir mala.

La realidad de la vida política ha ido desgastando la primigenia novedad y atracción del electorado hacia nuevas formaciones políticas. La convulsa vida parlamentaria vivida ha desgastado la imagen virginal de la formación y su práctica parlamentaria centrada y personalizada en la figura del “líder” ha ido perdiendo atractivo.

Durante todo ese proceso temporal Podemos va perdiendo el encanto de la novedad. Asimismo comienza un proceso de depuraciones de miembros y rupturas del reducido y primigenio núcleo dirigente. Su posición novedosa y sus ímpetus de “asaltar los cielos” y de “los de abajo y los de arriba” de las críticas a “la casta política” se va trasformando en un discurso radical muy semejante al de antiguos grupúsculos de la izquierda anticapitalista. Por otra parte sus propuestas están normalmente muy ligadas a la posibilidad de tener inminente resonancia mediática a través de la figura preeminente de Pablo Iglesias y en muchos casos son de corto recorrido y sólo basadas en enunciados con poco desarrollo y profundidad de elaboración.

Pese a ello, en este corto período de cuatro años, se producen profundas novedades en la política española, la multiplicación de las opciones políticas, la moción de censura que derriba al gobierno de la derecha y finalmente la constitución de un gobierno progresista de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos. Con una cierta paradoja al comprobar que Podemos consigue acceder al gobierno en el momento de su más bajo resultado electoral.

Debemos poner en el activo de Podemos que su presencia provocó un cambio importante en el PSOE. Pedro Sánchez supo leer el momento político y radicalizó su posición frente al Gobierno del PP, lo que supuso su destitución por el aparato del partido. A partir de ahí Sánchez consigue el apoyo de la militancia tras un largo proceso de primarias que gana claramente frente al aparato de partido. Aparato que no duda en reformar en profundidad. El PSOE de Sánchez es claramente una respuesta a la aparición de Podemos, que se convierte en un competidor y a la vez en un aliado con el que contar.

La participación de Podemos en el gobierno ha puesto de manifiesto sus luces y sus sombras. Los miembros del gobierno afines a la coalición no han brillado especialmente con la excepción notable de Yolanda Díaz que ha demostrado un alto nivel de preparación y un sentido institucional del cargo que contrasta enormemente con el de la mayoría del resto de responsables gubernamentales de Unidas Podemos. Cabe señalar que no debe obviarse el hecho de la diferente procedencia y trayectoria política y social de la ministra de Trabajo y hoy Vicepresidenta del Gobierno.

Destacados dirigentes con cargos en el gobierno, comenzando por el propio Pablo Iglesias, han aparecido más que como parte del gobierno como la oposición dentro del gobierno. Con un mensaje que de tanto repetirlo pierde su efectividad el de “nosotros somos la única izquierda del gobierno. Todas las actuaciones positivas son fruto de nuestra presión.” “Suerte que estamos en el gobierno, por qué si no…”.

Esta posición esencialista de considerarse los únicos defensores de posiciones de progreso en un primer momento puede convencer a alguna gente, pero poco a poco va perdiendo credibilidad. No hay duda de que “el ruido interno dentro del gobierno” ha producido desgastes innecesarios, pero ha desgastado en mayor medida a sus protagonistas en especial a su cabeza visible, a Pablo Iglesias (por cierto todo lo contrario de lo que ha pasado con la figura de Yolanda Díaz poco partidaria de “ruidos”).

Las elecciones de la Comunidad de Madrid con unos resultados más que discretos y la salida de Pablo Iglesias de la política configuran un cambio profundo en el panorama político especialmente difícil en lo referente al futuro de Podemos.

Podemos se ha comportado como una vela sin barco que la sostenga que se ha hinchado con un viento a favor y se ha movido a favor del viento, pero al no tener el control que comporta la embarcación desde donde se gobierna la dirección del velamen se provoca que con la falta de viento la vela caiga en picado.

Ahora se presentan en toda su evidencia las importantes carencias de Podemos. Es problema del proyecto político basado en el hiperliderazgo y donde se observa una carencia importante, la falta de proyecto ideológico y especialmente organizativo. Especialmente grave es esa falta de músculo organizativo. Ya decía el clásico “no hay ideas sin organización”. Y si de algo carece Podemos es de organización, y no es el único caso ya que aún más grave ha sido la caída y práctica desaparición de C’s...

Observemos diversos aspectos en las carencias organizativas de Podemos:

a) Su falta de militancia organizada. Su organización es de inscritos con nula participación ni estructura (los círculos son prácticamente inexistentes y en todo caso inoperantes). La asistencia a sus actos  lectorales y organizativos, principalmente en las primeras etapas, era más propia de “fans” que de militantes.

Su militancia no participa en ningún proceso de debate simplemente se la consulta para ratificar propuestas y/o candidaturas. No hay proceso de debate interno propio de un partido con militancia. Es un partido donde los militantes ni tan sólo pagan cuota. Es decir su organización más que líquida es “gaseosa”.

b) Su reducida presencia institucional. La falta de estructura organizativa comporta a su vez la falta de una presencia institucional fuerte en diversos  ámbitos donde se hace política, desde el municipal al autonómico. Su presencia municipal es escasa, por no decir casi nula exceptuando algunas ciudades. Lo mismo podemos decir de su presencia autonómica. En un primer momento aún obtuvieron alguna relevancia en autonomías como Galicia o Euskadi pero después han desaparecido o han visto muy reducida su representación. En Catalunya han conseguido resultados discretos inferiores a los conseguidos por ICV-EuiA. Y en Andalucía su ruptura interna no hace presagiar nada bueno. Respecto a Madrid nada nuevo que añadir.

c) Tampoco hay influencia en el mundo sindical y laboral, y muy escasa en los movimientos vecinales o movimientos agrarios, sólo tienen especial presencia en algunos movimientos alternativos, en algunos casos confrontando incluso con las organizaciones sindicales

d) Su única capacidad política queda en estos momentos prácticamente reducida a su presencia en el Congreso y a su participación en el Gobierno.

Hasta su socio menor dentro de la coalición, IU, tiene una muy superior estructura territorial como organización, especialmente en comunidades como Andalucía, aunque sea una sombra de lo que fue.

Esta falta de organización es sin duda su principal debilidad porque no es algo fácil de solventar y porque tiene profundas repercusiones sobre la configuración de sus elaboraciones políticas tanto estratégicas como tácticas. A todo ello debemos sumar la debilidad especialmente política de los componentes del actual núcleo dirigente, en comparación con lo que fue el inicial.

Habrá que comprobar la relación que Ione Belarra establece con sus socios de coalición parlamentaria y en especial con la supuesta futura cabeza de lista Yolanda Díaz, así como con su socio mayoritario de Gobierno. Hay veces que el realismo puede confundirse con el pesimismo. ¿Pero cómo podríamos catalogar que en un momento en que las derechas se lanzan a un ataque contra el Gobierno por los indultos, Ione Belarra se descuelgue manifestando la necesidad de un retorno de Puigdemont?

Parece más necesario de nunca que con otros mimbres se comience a construir un espacio político con claridad ideológica y organizativa que pueda sustituir en un futuro por determinar el vacío que puede conllevar la previsible decadencia de la actual formación morada.

Podemos: una vela sin barco