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miércoles. 08.02.2023

Otra Europa es posible y necesaria

La deriva de las políticas de la Unión Europea puede estar poniendo en cuestión la propia idea del proyecto comunitario...

La deriva de las políticas de la Unión Europea puede estar poniendo en cuestión la propia idea del proyecto comunitario. El proyecto comunitario iniciado con la CEE perseguía poner fin a las convulsiones del continente derivadas de los enfrentamientos entre los diversos nacionalismos. Era un intento de reacción para evitar en el futuro las guerras entre naciones mediante una cooperación conjunta y la construcción de un espacio común europeo.

El embrión comunitario, la CEE (Comunidad Económica Europea), estaba concebida como una unión aduanera que potenciaba la libre circulación de personas y mercancías en su espacio común. Y entre sus objetivos estaba fomentar la cooperación económica, la relación entre sus estados y la mejora del nivel de vida de los ciudadanos. Su resultado más evidente fue la creación de un "modelo social europeo" basado en el llamado "estado del bienestar", es decir una sociedad capitalista pero con una redistribución de la riqueza y la garantía de unos servicios sociales básicos a sus ciudadanos.

Posteriormente, con el Nuevo Tratado para Europa de 1997 firmado en Amsterdam, la UE establece como objetivo avanzar hacia una Europa social y política, a partir de principios como "hacer del empleo y de los derechos de los ciudadanos el eje de la UE, suprimir los últimos obstáculos a la libre circulación, afianzar la posición de Europa en el mundo, mejorando la eficacia de las instituciones europeas".

Como podemos ver todos estos anhelos parecen hoy mucho más lejos de hacerse realidad.

No hay duda de que las políticas llevadas a cabo por la UE en los últimos años han significado un retroceso importante. Las políticas de austeridad y de recortes de derechos sociales, las deficiencias del diseño del Euro, la falta de un Banco Central Europeo que haga algo más que velar por evitar la inflación, la preponderancia del Consejo Europeo (representante de los intereses de los diferentes estados miembros) en detrimento de la Comisión Europea (que en principio representa y defiende los intereses de la Unión y que debería ser el motor de la integración), el reducido papel y atribuciones del Parlamento; son todos ellos elementos que han actuado contra la idea primigenia de la Unión Europea.

Hoy los intereses de los grandes y poderosos se imponen sobre la mayoría. Los grandes estados, especialmente Alemania, imponen sus intereses sobre el resto. Los intereses de los todopoderosos "mercados", es decir los grandes poderes financieros y especuladores, se imponen sobre los derechos de la ciudadanía.

Las consecuencias son evidentes, cada vez más hay un grave distanciamiento de los ciudadanos hacia Europa, a la que muchos ven como la causa de sus males. Asimismo crece la desconfianza hacia la política en los diversos países. El populismo xenófobo y el nacionalismo excluyente crecen entre amplios sectores sociales, en muchos casos entre los más desfavorecidos. El ataque al otro, al diferente, al emigrante, como enemigo exterior al que culpar de la situación, gana adeptos.

Europa está en medio de una grave crisis de valores y de identidad. Pero no hay duda de que Europa, la Unión Europea, ha sido una importante conquista que hay que evitar que se ponga en entredicho. Hay que evitar el renacimiento de nuevo de una Europa de nacionalismos excluyentes y enfrentados. Hay que mantener Europa, pero es evidente que debe ser “OTRA EUROPA”.

Hay que reivindicar una Europa alternativa a la actualmente existente, una profundización en la Europa de los "padres fundadores". "Otra Europa" que debe ser: más democrática, más social y más política, donde los intereses globales de sus ciudadanos sean la prioridad.

Ahora, ante las elecciones al Parlamento Europeo, se empiezan a oír voces a favor de esta otra Europa. La voz de grupos políticos como los "Verdes Europeos" o el "Partido de la Izquierda Europea" reivindican un nuevo modelo de Unión. Y también desde el mundo social la CES (Confederación Europea de Sindicatos) ha hecho público su "Manifiesto para las Elecciones al Parlamento Europeo ", donde reivindica la lucha por otra Europa, mediante las movilizaciones de los primeros días de abril, y el voto "para elegir parlamentarios dispuestos a defender los intereses de los ciudadanos, que quieran imponer un cambio político y construir otro proyecto europeo basado en el progreso social, que ponga fin a la austeridad, el paro, la pobreza, la desigualdad y el dumping social y fiscal, para redescubrir una Europa que haga soñar, una Europa más cercana a los ciudadanos".

El relato de los grupos políticos alternativos, a la actual realidad política europea, y el de la CES son plenamente coincidentes en sus planteamientos especialmente en tres cuestiones básicas para el relanzamiento del proyecto europeo: en el campo económico, un cambio radical de la política económica; en el campo social, el refuerzo de la igualdad y la solidaridad; y en el campo político profundización de la unidad política y la democracia.

El cambio radical en el campo económico se concreta en el cese de las políticas de austeridad, y poner en el centro el relanzamiento del empleo de calidad mediante un Plan Europeo de Inversiones (una especie de Plan Marshall), y un presupuesto europeo digno de este nombre y dirigido a la recuperación. En definitiva priorizar los derechos sociales sobre las libertades de los poderes económicos.

En cuanto al campo social se trata de restablecer la cohesión y la justicia social y el refuerzo de la solidaridad entre países dentro de la UE. En este campo hay que cambiar la actual política migratoria cerrada y policial, Europa necesitará para su futuro de la inmigración. Debe darse una lucha decidida contra los fenómenos racistas, xenófobos y los extremismos nacionalistas, que sólo será posible con los cambios de las políticas económicas y sociales actuales. Hay que hacer unas políticas fiscales más justas para combatir la evasión, la elusión y el fraude que permitan garantizar los servicios públicos según lo dispuesto en la Carta de Derechos Fundamentales.

En el campo político la alternativa pasa por impulsar la democracia, que garantice la transparencia, la legitimidad de las Instituciones de la UE, en especial en lo que respecta al control del gobierno de la economía de la Unión. En este camino el Parlamento Europeo ha de reforzar su poder, su capacidad legislativa y de control articulando sus competencias con las de los Parlamento nacionales.

La alternativa a la actual decadencia europea derivada del control hegemónico de la derecha y la sumisión de la socialdemocracia debe ser producto de la presión política y social de las fuerzas alternativas. Los movimientos sociales europeos y la izquierda alternativa y ecologista deben presionar en la calle y en las instituciones para lograr establecer una nueva mayoría social y política forzando un reposicionamiento de la socialdemocracia (al cual es imposible que llegue por sí sola).

La lucha por el relanzamiento de Europa, de "OTRA EUROPA", ya ha comenzado, y lo que está en juego es su propio futuro.

Otra Europa es posible y necesaria