sábado 15/8/20

De la desobediencia a la violencia

Hay muchas cosas de las que pasan en Cataluña que son difíciles de entender sino se analiza el contexto. Hay muchas cosas que no son lo que parecen. En Cataluña no hay simplemente un amplio movimiento social independentista. En Cataluña hay un movimiento social independentista impulsado desde las máximas Instituciones Públicas de Cataluña empezando por el propio Govern que se basa en falsas realidades. Falsas realidades que se difunden como verdades universales por los medios de comunicación públicos, televisión y radio públicas y por medios de difusión y comunicadores subvencionados por el poder público de Cataluña.

En Cataluña se ha presentado como un hecho democrático la iniciativa propuesta por el propio Govern y aprobada por el Parlament de vulnerar sin tener derecho a ello el Estatut y la Constitución, que son las leyes fundamentales de Cataluña y del Estado. Y esto se considera un “acto democrático”. Después se presenta como un acto básico de derecho el “poner las urnas” para un pseudo-referéndum ilegal sin las mínimas garantías ni normas de credibilidad.

Con posterioridad se considera que la actuación de la Justicia contra los responsables políticos de estas ilegalidades son “hechos antidemocráticos” como si el origen fueran las falsas votaciones del pseudo-referéndum y no los actos ilegales previos.

Previamente a la resolución de la sentencia ya se consideraba que sería dictada por un tribunal vengativo y político, a la vez que se defendía como única sentencia posible “la absolución” de los procesados.

Y cuando la sentencia condenatoria se hace pública y a pesar de que recorta las peticiones del Ministerio Fiscal se descalifica como venganza política desde las máximas instancias de la Generalitat. Y no solo no se critica sin acatarla sino que se proclama la necesidad de una amplia respuesta de la ciudadanía incluida la desobediencia civil. Eso sí hasta el momento desde la Generalitat se han guardado mucho de hacer la más mínima desobediencia institucional para evitar así las posibles responsabilidades en que podrían concurrir.

Hemos visto como desde la máxima instancia política de Cataluña, que a la vez es la máxima representación del Estado en Cataluña, se manifestaba la necesidad de movilizaciones sociales, de desobediencias sociales y la voluntad de desacatar la sentencia.

La violencia es responsabilidad última del propio movimiento independentista, hoy en día roto en mil familias diferentes y sin perspectivas claras, que no se atreve a decir a tanta gente engañada que el camino emprendido el 2012 no lleva a ninguna parte

El Gobierno ha impulsado actos de desobediencia que han comportado la realización de manifestaciones masivas convocadas y cubiertas por los propios medios de comunicación de la Generalitat y con la complacencia de la propia Presidencia. Dentro de estas respuestas a la sentencia se han dado hechos como el intento de ocupación de una infraestructura básica como el Aeropuerto del Prat, o el corte de autovías y carreteras. E incluso se vio como el mismo gobierno que aplaudía estas actuaciones con una mano, con la otra mandaba a las fuerzas de los “Mossos” a mantener el orden y reprimir las marchas.

Ahora plantean nuevos  objetivos irreales a conquistar: la “Libertad” y la “Amnistía”, y como repite continuamente el Presidente-“vicario” Quim Torra, la apertura de un diálogo con el Gobierno del Estado con el único objetivo de conseguir la “Autodeterminación”. Todos ellos objetivos que saben imposibles de lograr. Nunca habrá libertad para los políticos presos sino hay un acuerdo político para conseguir una mínima normalización de la vida ciudadana en Cataluña. No puede haber Amnistía por que comportaría que el Estado reconociera que ha actuado de forma irregular. Puede haber indultos parciales pero todo vinculado a la normalización política. Y nunca habrá autodeterminación por que no es aplicable en el marco democrático existente, y todavía menos de forma unilateral.

El Presidente de la Generalitat, el Gobierno de la Generalitat, la mayoría del Parlamento de Cataluña y los partidos que han defendido y que no renuncian a actuaciones unilaterales al Ho Tornarem a Fer” son responsables no solo de la fractura social dentro de Cataluña sino del conflicto con el Estado. Son responsables de mentir y engañar a los que se han creído sus falsas historias. Y son responsables, y todavía es más grave, de crear el clima y favorecer con su carencia de denuncia los importantes brotes de violencia que se han vivido a Barcelona en otras localidades.

La violencia ha estado implícita en muchos actos como los cortes de carreteras, autovías y autopistas, hasta en un corte de autopista con la participación del propio President de la Generalitat. En los intentos exitosos o no de ocupar estaciones de ferrocarriles o el mismo aeropuerto. De los sabotajes a las vías de los trenes regulares o Ave. De todos estos temas el Presidente y el Govern se han desentendido o incluso de forma indirecta los propician i los aprueban.

¿Y qué podemos decir de la violencia vandálica que todos hemos podido comprobar? Ninguna crítica del President de la Generalitat y condenas con la boca pequeña de los principales partidos del Govern de Cataluña. Y hay que decir que no es una violencia normal.

No se ha tratado de que haya enfrentamientos porque las fuerzas de seguridad hayan ido a disolver una manifestación. No es esto lo que ha pasado. Lo que se ha dado  ha sido ataques premeditados a las fuerzas de seguridad con la intención de provocar enfrentamientos. No es casual que los principales enfrentamientos se hayan dado por el cerco de grupos de manifestantes violentos a la “Jefatura Superior de Policía” de Barcelona. Las cargas de las fuerzas de seguridad han sido una respuesta a los ataques sin precedentes de grupos de activistas violentos parapetados por otros manifestantes con deseo de emociones fuertes.

Y no se trata como quieren hacer creer de gente ajena al movimiento independentista. Cómo corroboran en redes sociales desde los propios CDR hasta grupos vinculados a la CUP “son vuestros hijos y nietos” que optan por una nueva vía a la vista de la inutilidad de la actuación de su “gente mayor”.

La violencia es responsabilidad última del propio movimiento independentista, hoy en día roto en mil familias diferentes y sin perspectivas claras, que no se atreve a decir a tanta gente engañada que el camino emprendido el 2012 no lleva a ninguna parte.

Para finalizar solo dos consideraciones: a) Las movilizaciones independentistas están nutridas básicamente por clases medias acomodadas con una renta per cápita superior a la media de Cataluña; b) No se puede olvidar la responsabilidad de las derechas nacionalistas españolas al atizar el conflicto con la voluntad de cosechar votos en el resto del Estado aunque sea a expensas del enfrentamiento entre catalanes.

De la desobediencia a la violencia