jueves 23/9/21

Crisis, Indignados y Clase trabajadora

15mLa grave crisis económica fue la causante de la aparición del movimiento del 15M y de los “indignados” con la ocupación de las plazas, especialmente la puerta del Sol de Madrid. El movimiento, a pesar de la existencia de algunos pequeños grupos organizados, fue una respuesta espontánea resultado del malestar causado en unas capas sociales hasta entonces bastante ajenas a la movilización social y política.

La mayoría de la gente que se agrupó en torno este movimiento, que de forma no directa tuvo el apoyo de sindicatos y partidos de la izquierda alternativa, fue gente que manifestó su frustración y descontento ante la pérdida de sus expectativas de vida. Se trata de gente fundamentalmente joven y de clase media que ve como su previsión de vivir mejor que sus padres se frustra. La mayoría es gente con estudios universitarios finalizados o en curso. Gente que ve como la crisis les frustra unas expectativas profesionales y de vida que se habían formado. Que su capacidad de consumo disminuye y como el futuro previsto se les hunde.

Es un movimiento poco ideológico y fundamentalmente de rechazo que se manifiesta a través de su oposición a todo aquello establecido y la generalización de la responsabilidad a todo aquel que esté relacionado con la política a la que hacen responsable sin establecer distinciones, y se amplía a cualquier forma de organización institucional, incluyendo el movimiento sindical. El grito de “no nos representan” es representativo de su “adanismo” y su carencia de concepción política al no hacer ninguna distinción entre los diversos partidos.

El resultado práctico de este movimiento fue la victoria del PP por mayoría absoluta, la práctica desaparición del movimiento, que a pesar de todo queda como un hito en la memoria colectiva como una llamarada de llamada a la renovación y regeneración de la vida política que después ha dado lugar a Podemos fundamentalmente y a otras expresiones políticas que se han querido presentar como fruto y continuación del movimiento. Así el 15M y los indignados se han transformado a pequeña escala en una nueva mitificación, como otras situaciones anteriormente vividas como fue el Mayo francés del 1968.

A pesar de todo estamos ante un hecho que representa una de las consecuencias de la crisis económica y de las políticas neoliberales de derechas dentro de los países de la UE. Estamos ante un proceso de proletarización de las clases medias y a pesar de que quiera esconderse en una etapa más de la lucha de clases.

El movimiento de los “indignados” no tiene nada a ver, de entrada, con la típica lucha de clases. A pesar de que si lo miramos en profundidad veremos que lo que pasa es que varias capas sociales que disfrutaban de un cierto grado de bienestar se ven afectadas por el proceso de acumulación derivado de la hegemonía del capital financiero-especulativo.

La clase trabajadora con sus instrumentos sindicales y políticos ha sido actor durante muchos años, con sus luchas reivindicativas, lo que permitió la mejora del nivel de vida de la ciudadanía en la Europa Occidental. Las reivindicaciones obreras consiguieron no sólo la mejora de las condiciones laborales y económicas de la propia clase sino que consiguió la creación de un estado de bienestar, educación y sanidades públicas, derechos sociales, servicios públicos, durante  mucho tiempo asumido por el conjunto de partidos políticos con aspiraciones de gobernar en  Europa Occidental. Todo esto con el hecho objetivo que no se puede obviar de la existencia del bloque antagónico que representaba la Unión Soviética.

Pero ya desde comienzos del 80, con el gobierno de Margaret Thatcher en Gran Bretaña empieza una revisión de las posiciones de la derecha política y económica que contagia en grande medida a la propia socialdemocracia europea, situación que se agudiza con la caída del bloque soviético y con la llegada de la crisis económica.

Una fuerte ofensiva ideológica, política y mediática conllevó  a la demonización de la clase trabajadora y especialmente de sus instrumentos sindicales. Esto comportó negar la propia lucha de clases, la idealización del individualismo, la potenciación del llamado “capitalismo popular”, y las críticas al sindicalismo como instrumento desfasado en la nueva era. Esto acompañado por el fenómeno de la globalización, la externalización de muchas producciones a países con mano de obra más barata y a la eclosión del triunfo del capital especulativo en Occidente.

La desaparición progresiva del modelo fabril “fordista”, de las grandes factorías donde se agrupaban miles de trabajadores y que eran lugares donde el instinto de clase se transformaba en conciencia de clase que se vivía no sólo en el trabajo sino dentro de las propias comunidades donde las fábricas eran la fuente de la riqueza. La sustitución en gran medida del sector industrial por el sector servicios ayudó al triunfo de la doctrina de la derecha que se hace hegemónica en la sociedad.

La concepción de clase social, del mundo del trabajo, del sindicalismo desaparece de forma progresiva del paisaje mediático, y lo que no aparece, para la ciudadanía, es cómo si no existiera. Pero a pesar de no aparecer en los medios mediáticos, y a pesar de lo hayan debilitado en ocasiones con leyes y recortes de derechos laborales y sindicales, el mundo del trabajo, la clase trabajadora y el sindicalismo continúan siendo el instrumento que se mantiene en la lucha por la defensa concreta de los derechos laborales de los trabajadores. Y ello a pesar de que estos derechos duramente conquistados sean presentados por muchos medios y políticos como privilegios de unos trabajadores con trabajo fijo a los que quieren enfrentar con los parados y/o precarios.

Pero la clase trabajadora y sus sindicatos son también los que incluso en situaciones negativas defienden la necesidad de crear puestos de trabajo dignos, subsidios para los parados, la Renta Mínima Garantizada, o la defensa de planes de trabajo dignos para jóvenes y mujeres. Pero hay que repetirlo ni la clase trabajadora, ni las luchas laborales y sindicales, ni sus consecuciones y victorias tienen ningún reflejo en el mundo mediático que los ha excluido. A pesar de ese silencio, y carencia de visibilidad social, la clase trabajadora y el sindicalismo reivindicativo y de clase continúan existiendo.

Lo que es cada vez más imprescindible es que los movimientos sociales y/o políticos que tienen como origen los “indignados” o el 15M tomen conciencia, más temprano que tarde, que su situación no es otra que la que ya está sufriendo la clase obrera en su conjunto y en su diversidad, pérdida de expectativas, trabajo precario, reducción del poder adquisitivo, carencia de capacidad de consumo, deterioro y/o privatización de los servicios públicos esenciales etc.

Es preciso que estos nuevos explotados tomen conciencia y se acerquen y refuercen su relación con la clase trabajadora de la que son quizás su parte más nueva. Que todos juntos tomen conciencia de su situación, de ser una mayoría que es expoliada de derechos por una minoría y que sumando fuerzas entre todos se puede avanzar en la respuesta social y política que la mayoría social precisa y demanda.

Aquí no hay nuevos o viejos, aquí como siempre hay explotados y explotadores, por mucho que los medios, los políticos conservadores o asimilados, y los poderes hegemónicos lo quieran esconder o confundir.

Crisis, Indignados y Clase trabajadora