sábado 14.12.2019

El callejón sin salida de Cataluña

Hace tiempo que los líderes independentistas han abandonado la gestión de las instituciones y tan sólo las utilizan para su política de agitación y propaganda

La elección de Pedro Sánchez ha provocado un cambio objetivo en la situación política de Cataluña. En primer lugar Sánchez fue escogido entre otros por los sectores menos radicales del independentismo catalán, los grupos parlamentarios de PDCat y ERC, contra la opinión del ex-Presidente de la Generalitat Puigdemont y de su vicario el actual Presidente Torra. Es curiosa su coincidencia en este tema con sus adversarios del PP y de C’s, y es que a ambas partes les interesaba más una situación de confrontación entre nacionalismos. Sánchez rompe esta dinámica, abandona la senda de judicialización y abre la mano al diálogo, eso sí siempre dentro de la ley.

La situación descoloca en un primer momento al líder independentista pero Puigdemont reacciona haciéndose con el control del PDCat y echando los partidarios de la moderación representados por Marta Pascal. A la vez su vicario Torra cambia el objetivo de su confrontación con el Estado, puesto que Rajoy está desaparecido ahora el objetivo central de sus ataques es el Rey Felipe VI, de quien llega a declarar que “ya no es el rey de los catalanes” y con quien rompe teóricamente relaciones.

Sánchez restablece las relaciones institucionales y hace un cierto desafío al instar al Govern de la Generalitat a hablar de los problemas reales que afectan los catalanes y los déficits que Cataluña ha reclamado. Los independentistas, a pesar de no gustarles ese planteamiento, no se pueden negar y se ven obligados a entrar pero sin abandonar su retórica maximalista sobre presos y referéndum.

En cuanto a los principales líderes más radicales de los independentistas, especialmente Puigdemont y Torra lo que pretenden y les interesa es volver a su “realidad política virtual” para mantener la llama de la movilización independentista encendida.

Hace tiempo que los líderes independentistas han abandonado la gestión de las instituciones y tan sólo las utilizan para su política de agitación y propaganda. El gobierno de Cataluña hace años que fue abandonado, se continúan haciendo las políticas iniciadas por Más a su llegada al gobierno en 2012, políticas de austeridad y recortes que fueron aprobadas en principio por CiU y el PP y posteriormente sustentadas en los diversos gobiernos por ERC, JxC, e incluso por las Cup.

La prioridad dada por los sucesivos gobiernos de la Generalitat al “procès” ha ido en detrimento del papel de la propia Institución de la Generalitat la función de la cual es prioritariamente solucionar los problemas de la ciudadanía de Cataluña.

torra-puigdemont

La realidad se impone, la reducción del gasto social se ha recortado en Cataluña en un 19,96% y es la comunidad autónoma que más lo ha hecho, especialmente en Sanidad donde se ha recortado un 27,51%

La realidad se impone, la reducción del gasto social se ha recortado en Cataluña en un 19,96% y es la comunidad autónoma que más lo ha hecho, especialmente en Sanidad donde se ha recortado un 27,51% y es la que ha sufrido un proceso más grave de privatización sanitaria. En cuanto a la Educación, esta de la que tanto presume el Govern de defender también ha sufrido los recortes, es la tercera comunidad en recortes, un 12 % menos en gasto educativo. Esta es la realidad de los gobiernos del “procès”.

Pero todavía hay otro hecho que demuestra que a los máximos dirigentes y ex-dirigentes de la Generalitat lo que los interesa más es la “virtualidad política” no la realidad social del país. Después de criticar el 155 por haber congelado las instituciones de Cataluña el 27 de octubre, los independentistas unilateralistas tardaron 5 meses en escoger un candidato a President, del 21 de diciembre al 2 de junio. Y ahora por diferencias entre los socios de gobierno han cerrado el Parlament desde el 24 de julio hasta el 1 de octubre. Esto demuestra su carencia de interés real en defender la democracia y su poco respeto por las instituciones del país.

La pérdida del poder por parte del PP elimina un elemento que desde España estimulaba el conflicto con Cataluña. La falta de voluntad política del PP su nula voluntad de negociación y la judicialización de la política eran sus enseñas. Con Sánchez ahora la pelota está en el tejado de la Generalitat, que ha perdido uno de los elementos que han ayudado a hacer crecer la oleada independentista, la política del PP hacia Cataluña.

A pesar de todo es evidente que para que el callejón sin salida de la problemática catalana se pueda solucionar hará falta en primer lugar buscar una solución dentro de la propia sociedad catalana. No es posible un acuerdo entre Cataluña y España si primero no se establece dentro de la propia sociedad catalana a la que el “procès” ha fraccionado profundamente. Y si el PP y sus políticas han sido una fuente de creación de independentistas, también hay que decir que la política sectaria de los Governs del “procès” han estado en la base del fraccionamiento de la sociedad catalana a la que ha dividido profundamente a la vez que ha fomentado la aparición de un españolismo hasta hace poco residual en Cataluña.

Para salir de la situación de locura que hace años que impera en Cataluña hace falta que desde los sectores más racionales del independentismo se haga una reflexión de lo que ha sido una política virtual, basada en “hechos falsos” (fakes) y propios de un pensamiento ultra-nacionalista y basado en las políticas de la “post-verdad” propias del “trumpismo” o de las políticas de la “Lega Norte” de Salvini cercanas al fascismo.

Desde hace demasiado tiempo el conjunto de la ciudadanía catalana ha sido sometida al dominio de la mentira continuada como fundamento de la política de las fuerzas “nacionalistas”, basada  en la creación de una falsa realidad y unos falsos conceptos. Hemos visto como bajo la denominación de “democracia” se vulneraban los días 6 y 7 de septiembre del año pasado la legitimidad democrática del Estatut y la Constitución, y se aprobaban sin respetar la legalidad unas leyes de Referéndum y Transitoriedad Jurídica. No puede haber democracia con vulneración de las leyes democráticas.

Hemos visto como en base a esto se convocaba un “falso referéndum” sin ninguna garantía democrática y su resultado se daba como base de una declaración “fake” de independencia de una República Catalana muerta antes de nacer, sin la existencia de ninguna estructura de estado que tanto se habían prometido por parte del Govern y sin el más mínimo reconocimiento internacional. Y hemos visto como la absurda y brutal represión de los hechos del 1 de octubre por parte de las fuerzas del Estado ha sido la razón más importante para legitimarlo.

Hemos visto como a lo largo de estos años se ha hecho un continuado lavado de cerebro por parte de los medios públicos de la Generalitat y de medios privados subvencionados por el dinero público que planteaban como real una falsa versión de la realidad, al más puro estilo de Trump y la cadena Fox, que ha tenido aceptación especialmente entre las clases medias y en una Cataluña rural tradicionalmente conservadora, tradicionalista y “carlista”. Así el 47,5% de los catalanes que votaban opciones independentistas se transformaban en la “mayoría de los catalanes”. Hemos visto hablar de “lo que quiere el país” y de “lo que quieren los catalanes” cuando realmente hablaban de lo que deseaba la “minoría independentista”. Al final se califica como buenos catalanes a los independentistas del lazo amarillo, mientras el resto son calificados como mínimo de males catalanes. Las redes sociales y los debates de 140 caracteres de twitter se llenan de insultos y verdaderos “linchamientos” a quienes no comulga con el “procès”. Se ha llegado a calificar de “colonos” y colonización la venida de inmigrantes de los años 60 y 70 que fueron la mano de obra que potenció con su explotación la economía catalana. Y se escribe una realidad histórica falseada llena de conceptos supremacistas e incluso xenófobos para retratar a España y a los españoles.

Hay que reconocer a los dirigentes del "procès" la construcción de un buen relato “posmoderno” que ha calado en mucha gente, mientras desde el gobierno del PP se reaccionaba únicamente con actuaciones judiciales que a ojos de mucha gente no hacían nada más que confirmar el relato de la “post-verdad” procesista.

Y ahora cuando más se agota el relato procesista más se radicaliza y hoy en día vemos como la ocupación del espacio público significa un paso más en el enfrentamiento social. La campaña del lazo amarillo sólo busca diferenciar entre buenos y malos catalanes y a la vez demostrar que ellos son capaces de ocupar el espacio de todos. Es sin duda una campaña de intimidación que es especialmente efectiva y visible en las zonas de la Cataluña rural e interior. Es democráticamente inaceptable la ocupación del espacio público pero todavía lo es más se ver como símbolos y eslóganes partidistas ocupan las sedes de las instituciones públicas de todos.

Porque tenemos que tener claro que en Cataluña y en España hay un estado democrático con todas las carencias que puedan existir pero plenamente homologables con el resto de países democráticos. En Cataluña y España hay libertad de pensamiento y de ideología. En Cataluña tenemos unos medios públicos y privados que sólo se dedican a emitir propaganda constante del independentismo sin ser sancionados. En Cataluña hay políticos presos, pero no por su pensamiento sino por el incumplimiento de la ley, posiblemente no son culpables de rebelión o sedición, pero no hay duda que han hecho una profunda desobediencia de las leyes y un intento “virtual y posmoderno” de secesión por el que posiblemente serán como mínimo inhabilitados por mucho tiempo. Se puede estar de acuerdo en que las peticiones son desmesuradas, que la prisión provisional quizás es inadmisible, pero de que son responsables de incumplimientos de la ley no hay ninguna duda y esto los hace responsables ante la ley.

Es evidente que para solucionar la división entre las dos mitades de la sociedad catalana no se podrá hacer con la imposición de una sobre la otra. Habrá que dar pasos para la reconciliación y la distensión de la situación de división y crispación existente. Y esto no será posible sin que los esfuerzos se den por todas las partes. Hasta el momento no hemos visto ningún cambio real en la posición de los que defienden el proceso unilateral. Y las únicas voces que han planteado la posibilidad de distensión han venido desde sectores de la izquierda y progresistas cercanos a ICV o el PSC, pero sin ninguna actitud similar desde los sectores soberanistas. Hay que decir también que hasta el momento desde posiciones de la nueva izquierda se ha sido siempre más sensible y comprensivo con los “procesistas” que con los unionistas, cuando es evidente que tantos unos como los otros son responsables de la actual crispación. Las dos partes son responsables sin diferencias, pero un cierto “síndrome de Estocolmo” hace que siempre desde sectores de la izquierda se sea más indulgente con las posiciones de los “procesistas”.

El Gobierno de Sánchez y su oferta de diálogo es un primer paso en una buena dirección, que haya sectores de gente progresista que haga manifiestos en favor de la distensión también es positivo. Pero sin duda lo que se precisa es constatar si existen sectores racionales dentro de las fuerzas que han apoyado al “procès” que quieran volver a una situación de normalidad y tengan la valentía de dar un paso adelante, cosa que hasta el momento  no se ha producido. Esto será imprescindible para que por fin las Instituciones de la Generalitat vuelvan a trabajar para mejorar la vida real de la sociedad catalana abandonando “utopías” y “falsos relatos”.

El callejón sin salida de Cataluña