martes 30/11/21

Biden, el cambio tranquilo

Biden es la calma después de una horrorosa tempestad como la vivida en Estados Unidos durante los cuatro años de la presidencia de Trump.
biden

Muchas veces las apariencias engañan. Así el Presidente Biden siempre ha sido presentado como un veterano político, moderado y un poco anodino. Sin embargo también muchas veces las realidades contradicen las apariencias. Y alguien brillante después de ver sus actos no lo parece tanto o alguien anodino puede dar sorpresas.

De Joe Biden mucha gente conocía su larga trayectoria política, su personalidad dialogante y su moderación personal. Mucha gente no creyó que fuera un candidato adecuado para confrontar con Trump y hasta su edad se veía como una cosa negativa. Sin embargo Biden se ha confirmado como el mejor candidato para batir a un adversario como Trump. En parte porque es su antítesis y la persona adecuada para combatir el clima de confrontación permanente representado por una personalidad populista de la derecha radical como el extravagante Trump.

Realmente Biden es la calma después de una horrorosa tempestad como la vivida en Estados Unidos durante los cuatro años de la presidencia de Trump. Biden fue asimismo la personalidad no carismática que permitió unificar las diversas tendencias del Partido Demócrata. Biden fue elegido como el mal menor entre los demócratas. No tenía el carisma ni la brillantez de Bernie Sanders pero éste con sus posicionamientos no habría podido unificar al conjunto de  los votantes demócratas muchos de los cuales lo veían como exageradamente radical. Desde el primer momento de su nominación Biden fue dando pruebas de su forma de hacer. En primer lugar eligiendo a Kamala Harris como candidata a la vicepresidencia. Posteriormente apareciendo como una alternativa total al candidato de los republicanos. Frente a Trump nadie más diferente que Joe Biden que consiguió finalmente superar ampliamente al egocéntrico multimillonario en las elecciones con mayor participación de la historia del país.

Buena parte del mundo respiró con la victoria del demócrata por fin habría una presidencia tranquila sin sobresaltos. Una presidencia que se consideraba de tránsito no sólo por la personalidad del nuevo inquilino de la Casa Blanca sino también por su edad avanzada.

Pero como hemos dicho al inicio la historia nos reserva muchas sorpresas y no hay duda que en estos momentos Biden es una de ellas. El candidato considerado gris ha lanzado un programa de reformas impensable por parte de nadie. En primer lugar desde el momento mismo de su confirmación el Presidente Biden se lanzó a su primera batalla contra la situación descontrolada de la pandemia derivada de la desidia de su predecesor, un reconocido negacionista. Biden prometió vacunar a 100 millones de norteamericanos en sus primeros cien días de mandato y ha conseguido doblarlo hasta conseguir 200 millones.

Después del riesgo sanitario, Biden se ha enfrentado a la necesaria reforma económica y social de la sociedad americana con un ambicioso programa que lograría acabar con la herencia neoliberal de los tiempos de Reagan.

Después de aprobar en un primer momento un Plan de Rescate para la economía de 1,9 billones de dólares, ahora presenta toda una serie de reformas destinadas a cambiar la fisonomía social de los Estados Unidos. Se trataría de lo más parecido a lo que en su momento representó el “New Deal” del Presidente Rooselvet para combatir la “Gran Depresión”.

En su mensaje ante las cámaras del Congreso el Presidente Biden presenta dos propuestas económicas que comportarían movilizar billones de dólares:

  •  Un ambicioso plan de Infraestructuras, de 2,3 billones de dólares, dirigido no sólo a potenciar la producción industrial sino para hacerlo de forma sostenible. Este ambicioso plan tiene el objetivo de mejorar unas infraestructuras en muchas casos obsoletas y a la vez  hacerlo compatible con la lucha contra el cambio climático.
    Y todo ello para conseguir la creación de millones de puestos de trabajo en el país. Y buscando que la gran mayoría de los nuevos empleos vayan destinados a los trabajadores más desfavorecidos, es decir aquellos sectores que hasta ahora se han sentido más olvidados u abandonados.
  • Junto a ello otro ambicioso plan denominado de “Familia”, dotado con un billón 800 mil millones de dólares en 10 años cuyo objetivo no es otro que dar fortaleza al débil estado del bienestar existente en Estados Unidos y hacerlo comparable a los de Europa o Canadá, especialmente en sanidad, educación y ayudas económicas del Estado (estableciendo por ejemplo algo inexistente hasta ahora como las bajas por maternidad).

La propuesta del Presidente Biden quiere ser una enmienda total a la filosofía política de Reagan. Donde el republicano planteaba “el Gobierno no es una solución a nuestros problemas, el Gobierno es el problema” el Presidente Biden propone todo lo contrario “nosotros, ustedes y yo, somos el Gobierno, no es una fuerza en una capital lejana ni una fuerza poderosa fuera de nuestro control. El Gobierno somos nosotros, la gente”. En definitiva acabar con la concepción de Reagan y Thatcher de que el papel del Estado debe ser lo más reducido posible.

El Presidente Biden plantea financiar su programa a partir de una subida de impuestos a los más ricos y a las grandes empresas

El Presidente Biden plantea financiar su programa a partir de una subida de impuestos a los más ricos y a las grandes empresas. Doblaría prácticamente los impuestos a los que obtengan más de un millón de dólares al año. Aquí Biden rompe también con los dogmas del neoliberalismo de fomentar la reducción de impuestos y la deuda pública. Sin duda esta propuesta puede tener repercusión en gran parte del mundo occidental, además de revocar la reforma fiscal de Trump que redujo los impuestos a las rentas más altas.

Biden asimismo ha dado muestras de querer encarar de forma radicalmente diferente a su predecesor temas como la lucha contra el Cambio Climático donde quiere que Estados Unidos sea líder, así como enfrentar de forma diferente el problema de la Inmigración dando una solución definitiva a los “rearmes” más de 10 millones de niños que llegaron a Estados Unidos y están pendientes de legalización.

Cabe reseñar que después de muchos años Biden ha dado también un reconocimiento al sindicalismo al plantear en su discurso que “no fue Wall Street quien construyó este país. Fue la clase media quien lo construyó, y fueron los sindicatos quienes construyeron la clase media”. Esta posición del nuevo Presidente ya se manifestó al apoyar, siendo ya presidente, el intento de constituir un sindicato en la multinacional Amazon. Y también al incluir en su discurso en el Congreso la necesidad de un incremento del actual salario mínimo.

La veteranía y experiencia de Biden le dictan que debe ir rápido en la aplicación de sus propuestas y materializarlas antes de la mitad de su mandato. Entonces se celebrarán las elecciones para la renovación del Congreso y un tercio del Senado y puede cambiar la correlación de fuerzas en el legislativo.

En definitiva el veterano político que es el nuevo Presidente está demostrando ser más práctico que muchos de sus anteriores predecesores demócratas dotados de una aurea que parecía más moderna y con más expectativas que después no se concretaron en realidades.

Como sentencia el economista y Premio Nobel Paul Krugman “si los principales elementos del Plan de Familias se convierten en ley, serán muy difíciles de revocar. ¿Por qué? Porque aportarán prestaciones enormes, transformadoras de hecho, a millones de personas. Es decir, imagínense intentando suprimir las guarderías universales asequibles y los permisos de paternidad y maternidad retribuidos una vez que se han convertido en parte del tejido de nuestra sociedad”.

Esperemos que el Presidente Biden nos continúe sorprendiendo  para bien en el futuro, especialmente en temas de política exterior como el referente a la situación del pueblo palestino.

Biden, el cambio tranquilo