domingo 31.05.2020

El sabor de la derrota

El partido instrumental Ahora Madrid se creó para que IU no formara parte del mismo, porque implicaba renunciar expresamente a nuestra militancia.

Sorprende la acción pusilánime de quienes creen que es mejor huir junto a la muchedumbre que pelear por sacar adelante un proyecto político

El domingo 24 de mayo se celebraron elecciones municipales y autonómicas, y aunque trajeron buenas noticias –Esperanza Aguirre, Cospedal, Rita Barberá, Fabra, Monago, Mas, Bauzá, Ignacio Diego y tantos otros, dejarán de gobernar, y en su lugar lo harán formaciones progresistas– otras no lo fueron tanto, al menos en Izquierda Unida de la Comunidad de Madrid. No, no estoy relativizando el impacto del varapalo al proyecto conservador que lidera Rajoy. Ni la irrupción de nuevas formaciones políticas fuertemente vinculadas al efecto Podemos, en un claro órdago a las políticas del bipartidismo. Solo pretendo explicar alguna de las causas de la derrota. La gente siempre acierta y los que se equivocan son los partidos que pierden votos. ¿Será solo esto?

Consciente de que las miserias propias de los partidos, en este caso, de Izquierda Unida, no explican a mi juicio, el principal argumento de su resultado –no olvidaré nunca, sin embargo, la mezquina conducta de Alberto Garzón, recordando horas antes de votar que la candidatura de Raquel López a la alcaldía de Madrid no era  la de IU federal, a la vez que se sumaba al elogio de Ahora Madrid–, me detendré en el factor de cambio más potente del actual tiempo político: el ciclón de las nuevas formaciones ya sean de izquierda, derecha o simplemente, nuevas. Solo esta sólida corriente de cambio puede explicar la desproporcionada pérdida de votos y representación de IU en el ayuntamiento de la capital, en otros grandes ayuntamientos y en la Asamblea de Madrid. ¿Errores de IU? Sí, uno principal, anteponer la estrategia de proyectos políticos sólidos a la urgencia táctica de la convergencia a cualquier precio.

¿Que pasó?

No es un ejercicio de desahogo, advertir de la crueldad de un resultado para Izquierda Unida de la Comunidad de Madrid. Una leyenda urbana urdida por propios y extraños presentó el debate y la crisis de IUCM como la división entre identitarios y convergentes. Algo que amplificaron la práctica totalidad de los medios de comunicación en los que eran tertulianos/colaboradores/as o aparecían con inusitada frecuencia solo los portavoces del ‘efecto Podemos’, dentro y fuera de IU. Todo ello debidamente aderezado por una insoportable e irresponsable tortura de presunta corrupción y complicidad con escándalos como el de Bankia, desde las propias filas de lU en plena campaña electoral. No insistiré en la feroz actividad de un sector de la dirección federal para desautorizar a la dirección de IUCM y advertir que la candidatura al ayuntamiento de Madrid –en realidad estaba arremetiendo contra las candidaturas de IUCM– no era la suya. Un manifiesto suscrito por varios dirigentes de IU federal explicitó el apoyo a Ahora Madrid, días antes del 24M.

Pero no, no fue esta la razón más poderosa de nuestra radical derrota. En Madrid, como en las principales ciudades y comunidades del país en las que se concretaron candidaturas en torno a la llamada nueva política ciudadana, creció con fuerza la empatía popular y el convencimiento de que la mejor herramienta para vencer al PP en las urnas eran estas candidaturas. Tenían un potente aliado: el hartazgo de la ciudadanía con la amplia red de corrupción y clientelismo que se respiraba en Madrid, que venía a sumarse a la larga onda de las secuelas de la crisis como consecuencia de unas políticas socialmente injustas y económicamente impuestas por la agenda de las élites financieras.

Y ¿por qué no fue capaz IU de liderar o protagonizar el combate contra este clima de corrupción e injusticia social? Porque Izquierda Unida, pese a su probada trayectoria de lucha por los derechos sociales y laborales, de apoyo a las movilizaciones generales y sectoriales y de denuncia intransigente de la corrupción, pertenecía al sancionable grupo de las organizaciones ya existentes, a la vieja política, y además era percibida por el electorado como una formación con “demasiados problemas internos”. En buena medida, la capacidad de Podemos en las europeas para presentarse en sociedad como el principal portavoz del hartazgo y de la indignación de la gente, sigue viva y ha irradiado las candidaturas municipales y autonómicas en las principales ciudades y comunidades autónomas.

También en este proceso conviene ser honesto y transparente. IUCM no formó parte de Ahora Madrid porque una programada y consciente estrategia de Podemos y de los grupos que actuaban en la ciudad de Madrid así lo exigió. De poco sirve que insista, pero lo recordaré aunque sea telegráficamente: el partido instrumental Ahora Madrid se creó para que IU no formara parte del mismo, porque implicaba renunciar expresamente a nuestra militancia, en caso de concurrir en sus listas. Parece una simple ecuación maldita, pero es más sencillo: un sector de IU hace tiempo que cree que el proyecto en el que están ya no tiene recorrido. Y por eso no pasa nada si las siglas quedaban fuera en el partido instrumental, una vez que habían decidido que esas siglas estaban huérfanas de proyecto.

Lo que hicimos, lo que hay que hacer

No fue fácil para IUCM actuar en el escenario descrito. Quizás no evaluamos con suficiente tino el ciclón de cambio acumulado en torno a las candidaturas ciudadanas; incluso activadas con el aliciente de relevantes personas al frente de sus listas. Pero si uno cree que el proyecto de IU tiene futuro no puedes enterrarlo a las primeras de cambio. Los partidarios dentro de IU de su entierro, alientan la fábula de que el proyecto se fortalece “en la unidad popular”. Temeraria afirmación si tenemos en cuenta primero, que hablamos de elecciones no de programa, estrategia o proyecto partidario de futuro; segundo, que en el caso que nos ocupa, Madrid, la unidad popular se hace a fuerza de exclusiones y el discurso se convierte en trueque: hasta las elecciones todos son vieja política. Después de las elecciones la unidad popular se mezcla con la vieja política… de la izquierda y se pacta lo que sea menester para echar al PP y alcanzar la alcaldía; y tercero, una pregunta no respondida: ¿a qué se debió la negativa de Podemos y Ahora Madrid a formar coalición con IU?

En un escenario que, repito, no fue fácil, IUCM trabajó en precampaña y campaña electoral de la mejor manera posible. Con el resultado en la mano, lo que pregona el oportunismo es aquello de “ya lo decía yo”. Algunos como Garzón son partidarios de prescindir de IUCM y crear otro sujeto político en Madrid; un candidato con la enorme habilidad de generar cada día más descontento que apoyo dentro de IU. Yo sigo creyendo en lo que, con lucidez, recordaba Almudena Grandes el pasado lunes en su columna de El País, titulada La bondad: “…no quiero gobernantes capaces de vender a sus compañeros, de triunfar por la vía de humillar a sus contrincantes más débiles, de asentar su poder sobre las cenizas humeantes de incendios provocados por ellos mismos, sin atender al número de víctimas que han perecido entre las llamas. Me da igual que gestionen con eficacia, que tengan un expediente académico admirable, que enamoren a las cámaras…las malas personas no deberían dedicarse a hacer política”. Y por supuesto, admiro la capacidad de una dirección sitiada, como la de IUCM, para organizar una campaña en medio de la dificultad y hacerlo con errores, claro, –solo el que se pone de perfil o se convierte en observador de azotea, no se equivoca–, pero con voluntad de trabajar por IU. Y no menos admiración me producen los candidatos, Luis y Raquel, junto a tantos otros, que supieron dar la cara y emocionarnos, a pesar de la tormenta.

En el análisis de lo ocurrido y en la propuesta para enfrentar el futuro debemos huir de las reacciones convulsas y/o acomodadas. Concluir que “me voy a dejar la piel para ir con Podemos a las elecciones generales”, no deja de ser una boutade. Sorprende la acción pusilánime de quienes creen que es mejor huir junto a la muchedumbre que pelear por sacar adelante un proyecto político. Pongo el ejemplo de Gaspar y de IU en Asturias: cuando hay una organización fuerte, un discurso de izquierdas, buenos candidatos/as, sin torpes injerencias federales ni crisis retroalimentadas, se vencen los obstáculos, también los derivados de candidaturas impulsadas por Podemos pero sin IU, y se logran buenos resultados.

Izquierda Unida debe parar y pensar. Estamos obligados a ello. Tiene que evaluar y analizar un proceso de cambio, aire fresco y demanda ciudadana para hacer política de otra manera, que crece en la sociedad. Tiene que trabajar junto a otros por proyectos unitarios de convergencia política. Y alguien preguntará: ¿y por qué no lo ha hecho antes? Pregunta injusta. Lo hemos hecho siempre, unas veces con mejor fortuna y otras no tanta. Pero no se debe confundir la convergencia con el atropello. Si hoy, conociendo el resultado de Madrid, se nos vuelve a plantear un partido instrumental sin IU, yo volvería a decir NO. Claro que quiero que IU mejore su salud y recupere músculo y actividad en el debate social y político. Claro que estoy dispuesto a hacerlo en compañía de otros. Claro que soy partidario de un debate abierto y cabal sobre el futuro de IU. Mientras ajustamos, renovamos o cambiamos el proyecto de Izquierda Unida, su alcance, estrategia y perfil programático, ¿estaríamos dispuestos todos en IU a impulsar y participar de una amplia coalición de las izquierdas, sin prejuicios ni exclusiones? Pues, manos a la obra.

El sabor de la derrota