Jueves 27.06.2019

Crisis en Podemos. La nueva política era esto

Mientras las derechas depuran responsabilidades y enfrentan sus crisis a golpe de autoridad y decisión del jefe, las izquierdas nos citan a todos en la plaza pública y dirimen sus disputas echando mano del manual de descalificaciones más vulgar y sectario que cabe imaginar

No es una pregunta retórica. Es una afirmación. Fue la opinión que mantuve tras el 15M en 2011 y más concretamente, a raíz del nacimiento de Podemos en 2014. Motivo para sacar pecho, motivo para la tristeza. No, motivo para la reflexión.

El exdiputado de Podemos y aspirante del partido impulsado por Manuela Carmena Más Madrid (fue elegido en primarias en mayo de 2018, candidato de la formación morada) a la presidencia de la Comunidad de Madrid, Iñigo Errejón, ha puesto el proyecto de Podemos patas arriba. Hace unos días comunicó que no será candidato del que todavía es su partido y lo hará con Más Madrid. Estamos ante la CRISIS con mayúsculas de una organización, que lideró hace cinco años lo que vino en llamarse la nueva política. Junto a Rivera, máximo dirigente de Ciudadanos, acapararon, con el beneplácito de medios de comunicación de todo tipo, la atención y simpatía de buena parte de la sociedad. Fueron los tiempos del “no nos representan, el régimen, los escraches y la casta”, o en versión ciudadana, la sociedad de los emprendedores, la unidad de España, y la crítica exacerbada al bipartidismo. Ambos partidos recibieron y reciben un significativo apoyo electoral.

Pero mientras las derechas depuran responsabilidades y enfrentan sus crisis a golpe de autoridad y decisión del jefe, las izquierdas nos citan a todos en la plaza pública y dirimen sus disputas echando mano del manual de descalificaciones más vulgar y sectario que cabe imaginar. “Yo si hubiera decidido presentarme por otro partido dimitiría (como diputado), pero de algo tiene que vivir hasta mayo”, fueron las palabras de Echenique para responder a la iniciativa de Errejón. ¿Habrase visto mayor disparate e impresentable conducta en su respuesta? Por si había alguna duda de su metedura de pata, cuatro días después, Errejón decidió abandonar el escaño y dedicarse a su candidatura autonómica. Un poco más tarde, Echenique entonó el mea culpa por sus palabras. No hay nueva política que valga. Asistimos a la reedición de las peores maneras de siempre, agravadas por la edulcorada trayectoria de los que venían a renovar el mundo de la política. Participación, democracia, juego limpio, amable convivencia, transparencia… se han quedado en agua de borrajas.

Carmena y Errejón

El diagnóstico de la situación y la naturaleza de la propuesta que sobre el papel pretende llevar a cabo Más Madrid, y de la que se hace eco Errejón después de largas jornadas trabajándola con la alcaldesa es, sin duda, más acertada que la que ha seguido la dirección de Podemos en los últimos años -es necesario, no obstante, que Errejón vaya aterrizando con el contenido de la propuesta política; no es suficiente recurrir al mantra de la transversalidad, la suma de actores y la estética de los modales-. Sin embargo, el procedimiento elegido para comunicarla en sociedad, casi en el mismo tiempo real en que informa a su partido, constituye una temeraria y arriesgada decisión que contradice su principal objetivo: si la idea es que Más Madrid cuente con más actores y mayor apoyo que Podemos (afirmación que comparto), por qué se empieza restando? A nadie se le escapa que la insistencia retórica de Errejón por restablecer las alianzas con Podemos, IU y Equo ofrece ahora más dificultades que hace unas semanas y, en este sentido, más allá de las palabras, se entiende que oriente toda su tarea a fraguar una nueva modalidad de la política sin partidos, idea que con frecuencia reitera Carmena.

Criticar a los partidos, buscar su renovación y activar una nueva relación con su afiliación y la sociedad -de manera singular con los sectores progresistas- forma parte del actual debate político en una sociedad que ha mutado radicalmente en los últimos 20 años. Pero arremeter cada vez con mayor ligereza contra los instrumentos que hacen posible la democracia y aseguran la capacidad de representación institucional y la participación social, se me antoja como una gran extravagancia, solo al alcance de intrépidos/as y nostálgicas/os. Y sorprende escucharlo o leerlo de personas queridas por las izquierdas, cuya trayectoria desde los tiempos de la dictadura hasta aquí, merece nuestra admiración y respeto. Más Madrid y cualquier entramado electoral que inventemos al efecto para pelear por el mayor apoyo ciudadano posible en unas elecciones, es parte de la solución, pero no es toda la solución. Tras las elecciones, ya sea en el gobierno o en la oposición, hay que debatir, elaborar y canalizar propuestas e iniciativas y hay que hacerlo con organización y personas. La experiencia vivida por la alcaldesa con Ahora Madrid debería ayudarla a entender que cuando se gobierna hay que estar acompañada de personas que no se sientan parte de una ONG y cuando se explica y defiende la gestión del gobierno municipal ante la ciudadanía hay que hacerlo con organizaciones fuertes, es decir con partidos democráticos implantados en sus distritos. No vaya a ser que la tan cacareada participación ciudadana se dispute en escenarios agitados por las derechas y con capacidad para impugnar las iniciativas progresistas de la institución. Nunca en esta legislatura Ahora Madrid (y estamos hablando de una candidatura instrumental formada por partidos como Podemos o IU) consiguió la suficiente complicidad ciudadana para su gestión debido a la debilidad de las estructuras partidarias llamadas a defenderla.

Podemos y la nueva política

Cuando irrumpió en las elecciones europeas de 2014, los dirigentes de Podemos hablaron del principio de una nueva era. Los partidos tradicionales no valían (tampoco IU) y el sistema democrático estaba herido de muerte porque arrastraba la pesada carga del “apaño de la transición”, del régimen. Algunas voces explicaron el nacimiento de Podemos como la respuesta necesaria ante el agotamiento de IU. No es verdad. IU vivía una casi eterna crisis de dirección. Su núcleo dirigente abrazó de forma irresponsable el discurso de la indignación mientras socavaba los cimientos de la organización, pero sorprendentemente no paraba de crecer en las encuestas. Lo que ocurrió fue que una tribu de osados detractores de IU como fuerza política, y empeñados en recuperar una suicida retórica de movimiento frente a partido empezó a trabajar por el acercamiento a Podemos. La operación contó con apoyos dentro y fuera de IU, que es lo mismo que decir al servicio de Podemos. Y así fue como el partido de Iglesias nació para debilitar a la izquierda y alentar el pensamiento conservador y no para alumbrar una nueva formación política de sólido ideario progresista y transformador. Códigos ideológicos transversales, liderazgo incuestionable, política dominada por arrebatos, ocurrencias y soflamas, más propaganda que comunicación, democracia virtual frente a democracia real, núcleo dirigente fuerte y  agrupamientos organizativos débiles, desprecio por el diálogo, la negociación y el acuerdo como herramientas de la democracia (no las únicas), ausencia de proyecto de país. 

Podemos recurrió a la nueva política para seducir a amplios sectores sociales agredidos por las políticas de austeridad y el abuso del liberalismo de la desigualdad (sálvese quien pueda), invadió el territorio de las izquierdas y conquistó otro nuevo que en su día decidió refugiarse en la abstención y la resignación, harto de los partidos realmente existentes por su insolvencia intelectual y política. Pero cuando Podemos perdió la virginidad, ocupó las instituciones, logró notables representaciones parlamentarias e indirectamente asumió la gestión de importantes ayuntamientos, se acabó el discurso de la indignación. Frecuentó los salones de la política, preparó intervenciones parlamentarias y se dotó de los equipos técnicos necesarios para presentar mociones y proposiciones participando del inevitable juego democrático de mayorías y minorías. Cierto que ello no es incompatible con la demagogia, la estrategia de la soledad, el pocos pero buenos y los escarceos del sorpasso, aunque cabe decir que a los cinco años de su creación Podemos camina aceleradamente hacia la versión más dogmática y excluyente de IU. Su reciente rechazo, junto a PP y C’s, del decreto ley de alquileres presentado por el Gobierno, es una triste confirmación de su alocada aventura política.

¿De la necesidad virtud?

Este país necesita que las izquierdas no se peleen tanto y que cuando arrecie la amenaza de gobiernos conservadores arropados por la extrema derecha, todas las formaciones progresistas  sepan anteponer la salud de aquélla a la tóxica pureza de sangre

La crisis de las izquierdas, porque el PSOE atraviesa también por una larvada crisis de identidad y crecimiento, solo amortiguada por el triunfo de la moción de censura y su acceso al gobierno, coincide con unas derechas que se reparten el territorio electoral y lo amplían, valiéndose para ello del discurso más reaccionario y ultraliberal de las últimas décadas. Si grave es la irrupción de una fuerza de extrema derecha, a modo de fascismo hispánico como VOX, más lo es que el Partido Popular, tras su cambio de presidente y el pressing al que le somete el partido de Abascal, haya decidido competir con este en la construcción de un ideario conservador extramuros de la democracia. Creen los dirigentes del PP -de la mano de Aznar- que así frenarán el ascenso de VOX y mantendrán el suficiente apoyo electoral como para seguir liderando la futura alternativa de gobierno; eso sí, contando en cualquier caso con el concurso de Ciudadanos, atrapado entre su disputa por el electorado de las derechas y su frustrada vocación de liberalismo reformista. Rivera, como acreditado vendedor de descartes -ni PP ni PSOE-, ha decidido estrenarse como partido de gobierno, eligiendo el peor escenario posible, aquél que necesita de los votos de la extrema derecha para hacerse realidad. ¿Será esta la apuesta definitiva de Ciudadanos en los próximos años para formar gobiernos? Aparentemente sí, pero con el oportunismo como bandera nunca se sabe.

La crisis de Podemos es de mayor calado. La nueva política era esto, es el título de este artículo. Sí. La capacidad de seducción de un grupo de profesores universitarios hace cinco años logró traducir un problema real detectado por las movilizaciones del 15M -indignación de amplios sectores sociales por unas políticas de austeridad muy injustas con los más vulnerables, vacío de representación entre el electorado progresista y un sistema institucional bloqueado- en un proyecto partidario sin más ideas y mimbres que las necesarias para participar en unas elecciones: jóvenes aunque sobradamente preparados, lemas cómplices con la coyuntura política (corrupción, crisis y estados de necesidad) y lenguaje de trinchera, para decir lo que la gente quiere escuchar. Y por supuesto, algo hasta entonces desconocido en la creación y acción de un partido de la izquierda radical: un notable y sorprendente apoyo mediático que multiplicó el impacto de la llamada nueva política, difundiendo sus iniciativas, abriendo espacios en sus programas, páginas y tertulias a representantes de la nueva formación, y haciéndose eco de sus proclamas y denuncias sin la menor labor de investigación y contraste.

No son pocas las voces que creen encontrar en la división de Podemos y la posible presentación de otra candidatura con su marca, para competir con Más Madrid y PSOE en la comunidad madrileña, una vía que permita ampliar el espacio electoral de las izquierdas. Se fijan, como ejemplo más reciente, en las tres candidaturas de las derechas en Andalucía. Pero mucho me temo, que las gentes de izquierdas obedecen a otros códigos de comportamiento y no acostumbran a premiar la división. No faltan quienes buscan construir en torno a las candidaturas autonómicas de PSOE y Más Madrid/Podemos reagrupamientos políticos plurales capaces de trasmitir confianza y voluntad de acuerdo para, llegado el caso y si los números lo permiten, concretar alternativas de gobierno. Pero ello exige, algo más de altura política en los dirigentes de estas fuerzas que la demostrada hasta la fecha. Este país necesita que las izquierdas no se peleen tanto con la democracia, y que cuando arrecie la amenaza de gobiernos conservadores arropados por la extrema derecha, todas las formaciones progresistas y reformistas sepan anteponer la salud de aquélla a la tóxica pureza de sangre. Y no me refiero solo a la unidad de la izquierda. Me acuerdo de Suecia.

Crisis en Podemos. La nueva política era esto