martes 17.09.2019

26M: Hacia el triunfo de la madurez

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El 28 de abril las gentes de izquierdas sentimos alivio. El 26 de mayo tenemos que rematar la faena y alcanzar la madurez, porque hemos de ser conscientes de que se puede crecer sin madurar


Si las fuerzas de izquierda y progresistas no logran rematar la faena, habremos dado un paso adelante y otro (no diré dos) hacia atrás

Cuando en la noche del 28 de abril empezamos a conocer los resultados definitivos, las gentes de izquierda, demócratas y progresistas sentimos alivio. La ultraderecha (VOX) asusta pero menos, los conservadores (PP) conocieron el amargo sabor de la derrota, más que merecida por su discurso extramuros de la democracia y su campaña de injurias. El liberalismo populista (Ciudadanos) creció, pero lejos de sus objetivos, y vio fracasada su temeraria estrategia de afrentas, ultrajes y mentiras para conseguir una mayoría de las derechas, impensable en Europa. El nacionalismo excluyente (Bildu, ER y PdCAT) logró un buen resultado, que se me antoja de difícil digestión democrática ante el canguelo insufrible de Esquerra Republicana, incapaz de marcar estrategia y territorio en su sorda lucha con el nacionalismo conservador e integrista que lidera Puigdemont -lo ocurrido con el incomprensible y sectario veto a Iceta en el Parlament, lo confirma de la peor manera-. Las izquierdas tuvieron resultados bien distintos. Unidas Podemos volvió a conocer el infortunio y perdió 29 diputadas/os, seguramente por aquello que comentaba al principio de crecer sin madurar. Un descalabro solo compensado por la victoria contundente del PSOE con 39 escaños más, que ha sabido imprimir un nuevo ritmo político tras la moción de censura, los diez meses de gobierno y una gestión aceptable –aunque a menudo errática- teniendo en cuenta sus inamovibles 84 diputadas/os. A Pedro Sánchez le corresponde dirigir las conversaciones y negociaciones para formar gobierno y configurar las mesas del Congreso y el Senado, proceso este último, que parece estar encauzado.

Pero que nadie se despiste. Si las fuerzas de izquierda y progresistas no logran rematar la faena, habremos dado un paso adelante y otro (no diré dos) hacia atrás. Cierto es que la división y fractura de Podemos e Izquierda Unida, provocando un interminable catálogo de siglas y candidaturas en las elecciones autonómicas y sobre todo, municipales, no es el mejor camino para ganar. Pero conviene matizar, que en las elecciones municipales se castiga menos la abundancia de siglas progresistas, y en las autonómicas, si se logra superar el porcentaje exigible para lograr representación podría ser hasta saludable. Haré una excepción a este comentario: la presentación in extremis en el ayuntamiento de Madrid de una candidatura denominada Madrid en Pie es un golpe bajo a las expectativas de mayoría progresista en Madrid. Podemos, que de una u otra forma, ha dejado hacer al sector más dogmático de IU, pide ahora el voto para Manuela Carmena (Más Madrid) y Madrid en Pie, sobre todo para esta última, confirmando la idea de que madurar no es cosa fácil.

Europa

Las políticas públicas cada vez dependen más de Bruselas. Las elecciones europeas, que siguen teniendo un perfil bajo en las preocupaciones de la ciudadanía, son esenciales para el futuro de las decisiones políticas que se habrán de tomar en cada país. Sé que la complicidad de la ciudadanía con la construcción europea no se soluciona con uno o diez artículos sobre el tema. Esto forma parte de una larga trayectoria de políticas comunitarias, en su mayor parte ajenas cuando no contrarias a las necesidades de las ciudadanas y ciudadanos -no conviene, sin embargo, hacer tabla rasa de todo lo que significa la Unión Europea, porque ayudaríamos a ensanchar el espacio antieuropeo- que han incentivado el desinterés popular, y han contribuido a un peligroso repliegue nacionalista, al que se han aferrado como lapas las fuerzas de extrema derecha y de la no tan extrema y el populismo mal denominado de los de abajo (Melenchón al frente), para arremeter contra el proyecto europeo y reclamar la vuelta “a las soberanías nacionales”.

Por lo tanto hay que coger la papeleta de las elecciones europeas y votar en coherencia. En nuestro país, las fuerzas progresistas con posibilidades de lograr escaños son PSOE y Unidas Podemos (más remotamente Actúa, que tras su error incomprensible de presentarse a las generales, ve menoscabadas sus posibilidades). En mi opinión, la mejor candidatura, dicho con moderación, es la que encabeza Josep Borrell.

Municipales y autonómicas

En las comunidades autónomas y los ayuntamientos tiene la izquierda la oportunidad de comenzar un nuevo tiempo para poner el poder municipal y autonómico al servicio de los principales servicios públicos con un objetivo básico: combatir la desigualdad (social y de género). Las competencias asumidas por CCAA y ayuntamientos, debidamente gestionadas por las formaciones progresistas, han de acabar con las concesiones que la derecha ha hecho y pretende seguir haciendo a la iniciativa privada en la sanidad, la educación, la vivienda, las políticas sociales y los derechos civiles. Especial gravedad reviste el envenenado discurso machista, xenófobo y ultraliberal de VOX contagiando las decisiones políticas y la gestión de las derechas populistas y conservadoras -sí, me dirijo a Ciudadanos con la definición de liberalismo populista, al que debemos añadir  su adicción a la difamación y la mentira como armas contra sus adversarios políticos, fundamentalmente PSOE y Podemos- en capítulos tan sensibles como la violencia contra las mujeres o la inmigración, en línea con las posiciones de la extrema derecha europea capitaneada por Salvini.

La movilización por el voto debe continuar el 26M. No cabe relajarse, ni dejase llevar por las tendencias que puedan informar las encuestas

Las encuestas, con resultados virtuales para todos los gustos, anuncian que en alguna de las principales plazas municipales y autonómicas, se libra una batalla feroz por las mayorías (progresistas o conservadoras). Me refiero a comunidades de larga gestión de la derecha (Madrid y Castilla y León), que si la movilización ciudadana por el voto se mantiene en porcentajes similares a los del 28A podrían pasar a las izquierdas, y ayuntamientos como el de Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Málaga, A Coruña y tantos otros, que podrían seguir en manos progresistas unos, o ser conquistados por las izquierdas, otros. Ello asestaría un golpe de imprevisibles consecuencias a las derechas, y abriría la crisis en canal del Partido Popular, aplazada tras el 28 de abril.

Por eso, la movilización por el voto debe continuar el 26M. No cabe relajarse, ni dejarse llevar por las tendencias que puedan informar las encuestas. Y como ya hiciera ante las elecciones del 28A, sugiero encarecidamente el voto del sentido común, es decir, el voto a las izquierdas con posibilidades ciertas de sumar diputadas/os y/o concejalas/es que ayuden a conformar gobiernos progresistas en ciudades y comunidades autónomas. Hemos de evitar que la derecha se beneficie de las frivolidades de cierta izquierda, siempre hostil con las instituciones, pero a ellas agarrada, con candidaturas como las de Madrid en Pie, improvisada para mermar las posibilidades de que Manuela Carmena siga siendo la alcaldesa de Madrid.

26M: Hacia el triunfo de la madurez