domingo 31.05.2020

Por la boca muere el pez, señores Centella y Garzón

Siempre pensé que el nacionalismo ni es progresista, ni es de izquierdas. La historia lo ha demostrado en demasiadas ocasiones

Acabo de leer en la página web del PCE el farragoso y viejuno discurso pronunciado en la “Fiesta del PCE” por José Luis Centella, secretario general de lo que queda de PCE. Refiriéndose a Venezuela, afirma textualmente:  “ la forma rápida y dentro del Estado de Derecho en que ha sido resuelto el incidente (agresión a un cuartel del ejército venezolano) y el nulo apoyo social pone en evidencia a quienes tratan de presentar al actual gobierno venezolano……”  Para continuar diciendo:  “No son momentos para la ambigüedad y la equidistancia y por eso repetimos que nos situamos decididamente al lado de la legalidad constitucional y del pueblo venezolano…….”

Podría compartir esas frases si no fuera porque quien las pronuncia hace exactamente lo contrario en su país.  Ese es tal vez el principal problema que sufre ese PCE, liderado por personas sin principios, que dicen unas cosas y hacen otras bien distintas.

Podrían ponerse muchos ejemplos al respecto. No harán falta. Bastará con señalar que ante la situación extrema provocada en Cataluña por el insurgente gobierno del Sr.Puigdemont, estaría bien que Centella y Garzón actuasen con coherencia y que, frente al golpismo separatista, apeláran con la misma determinación a respetar el Estado de Derecho y  la legalidad constitucional de la Democracia en España, siquiera sea para luego poder proponer las necesarias modificaciones de fondo.

No lo hacen, ni lo harán. Caminan sumisos tras el oportunismo populista del Sr. Pablo Iglesias. No hace tanto, juntos hicieron posible que el PP gobierne hoy en España y también la Comunidad de Madrid. Ahora, con tal de poder aspirar al derribo del gobierno Rajoy, todo parece valerles, incluso a riesgo de vestirse aquí de “Leopoldo López”, conciliando y legitimando de hecho las autoritarias, incendiarias e ilegales imposiciones del nacionalismo catalán del gobierno de la Generalitat.

Siempre pensé que el nacionalismo ni es progresista, ni es de izquierdas. La historia lo ha demostrado en demasiadas ocasiones. Por si hiciera falta, lo está demostrando abiertamente estos días en Cataluña. El nacionalismo es sinónimo de segregación, intransigencia, agresividad, exclusión, etnicismo, manipulación e insolidaridad. Todos ellos ingredientes que, juntos como es el caso, conducen inexorablemente a la ucraniana plaza de Maidán y a los “Nuevos Amaneceres”. No por casualidad todo el neofascismo europeo aplaude lo que pretende y hace el separatismo catalán.

Dirigentes tan preclaros, fiables e influyentes como Centella y Garzón deberían darse cuenta que su aventurerismo político sólo tiene un gran beneficiario, la Derecha, y unos claros perjudicados, los trabajadores catalanes y sus hermanos de clase en el conjunto de España.    

Por la boca muere el pez, señores Centella y Garzón