sábado 24/7/21

¡Ay, compañeros, acabad con este sufrimiento!

Apoyar al PP, por acción u omisión, es ser cómplice de la corrupción. Sin paliativos ni excusas.

COMITE-FEDERAL

Si yo estoy hasta el mismísimo moño de estos momentos tan llenos de esperpento, de teatro por encima de nuestro aguante, de noticias cuyo parecido con la realidad es pura coincidencia, imaginad a la gente que nos mira.

He de decir que estoy harta de los sobresaltos de vuestras declaraciones en los medios, de estar en todos los titulares con una noticia y su contraria. Empachada de tantas tramas, de tantas inventivas, de tanto verso suelto, de tanta palabra y tan poco hecho. Indignada de que hagáis el caldo gordo a unos y otros y de nos expongáis al resto de esta manera tan soez en algunos casos.

Tengo los mismos sentimientos contradictorios que cuando entré en el paritorio la primera vez; tenía unas ganas infinitas de que mi barriga dejara de ser un globo aerostático pero, por otra parte, temía a todas esas madres que me auguraban los siete males en el parto.

Por una parte, a unos cuantos os tengo más miedo que a un nublado, para qué engañaros. No tengo muy claro que estéis escuchando los gritos de la militancia y de la ciudadanía que nos votó pidiendo a gritos sacar a Rajoy de la Moncloa. No tengo muy claro que la sordera selectiva de vuestros propios cabreos regionales os deje escuchar el mensaje verdadero que se esconde de la lectura de cifras endiabladas. Y es que apoyar al PP, por acción u omisión, es ser cómplice de la corrupción. Sin paliativos ni excusas. No me abstraigo al asombro de saber que siete millones de españoles votan a un partido imputado y podrido en corrupción, pero eso es otra cosa.

Por otra parte, cada vez soporto menos a los “candiles de caverna”. Esos ex socialistas que, en su día, tuvieron responsabilidades y predicamento en el PSOE iluminando polémicas en canales cebados con dineros de la Iglesia y en las televisiones de los mismos que han alimentado la corrupción del PP, bien desde las empresas públicas o desde aquellas privadas cómplices del mayor latrocinio que ha vivido este país desde la democracia. A Corcuera le dan arritmias cuando escucha hablar a compañeros de pactos con Podemos y a mí me dan retortijones cuando le escucho autoproclamarse “salvador” de la esencia del PSOE por ser mayor y haber sido ministro.  Para algunos de ellos el PSOE fue un fin en sí mismo, para los que no somos más que socialistas comprometidos con nuestras ideas y con el proyecto socialista, el PSOE es un instrumento para cambiar la sociedad, para recuperar nuestros derechos, para recuperar la justicia social. Ni el constitucionalismo ni las tensiones territoriales pueden ser la excusa de mantenerse inmóvil en unas posiciones que la sociedad ha descartado.

Ni los contertulios de la caverna ni los reunidos en esa mesa que parece la de la última cena han entendido que, hoy, su palabra vale exactamente igual que la de esta humilde militante de base.

También están los que creen que unas nuevas elecciones es lo mejor. Y a mí me vienen a la cabeza todas aquellas familias que no tienen nada que llevarse a la boca, a la más de la cuarta parte de niños de este país que pasan hambre, ¡sí, hambre en la España del siglo XXI!, a todos esos dependientes que agotan sus últimos años, meses e incluso días sin la atención que una sociedad digna les debiera dar en un país que fue levantado por esos mayores a los que ahora les racaneamos cuidados y necesidades. A todos aquellos que padecen pobreza energética y que deben esconder bajo mantas y cuerpos aterecidos el frío de no poder ni encender la luz de la esperanza en un futuro mejor. Veo también a Alicia, la niña de 17 meses que fue arrojada por la ventana por la pareja de su madre justo después de abusar de ella y me pregunto si todas esas mujeres que sienten miedo, que son apalizadas y asesinadas por sus verdugos, si los hijos que asisten con el corazón encogido al terror diario. ¿Entenderán que nuestra prioridad, la del PSOE, sea convocar unas nuevas elecciones sin haber luchado tan siquiera por intentar hacer un gobierno que cuide de ellos tras cuatro años de la más pura oscuridad? ¿Alguien entendería que hubiera que poner en marcha otra vez la frivolidad de actos, sonrisas y globos cuando, en los momentos en los que había que demostrar altura de miras, nos dedicamos a contar en el ábaco de aspiraciones y tacticismos? No lo entendería ni yo.

Rajoy no puede ser opción de gobierno. No a sus políticas, no a un partido que está imputado por defender su inocencia destruyendo pruebas a martillazos, no al latrocinio constante y permanente al dinero de todos, no al apoyo de todos sus corruptos hasta el mismo momento en que han entrado al calabozo que es cuando pasaban a la parte de su cerebro que le impide recordar ni de dónde vienen. Del “Luis, sé fuerte” al “Alfonso, ¡que te quiero, coño!

Y es verdad que Pablo Iglesias se comporta como un infante maleducado, soberbio y arrogante. Pero también es verdad que Pablo Iglesias es fruto de nuestros errores y nuestras grietas como organización. Que muchos de los que hoy son sus votantes lo fueron nuestros y abandonaron el barco cuando los que hoy pontifican hicieron un barco a la deriva hacia la derecha del océano.

Ya es hora de que Podemos abandone la perpetua función de teatro y se ponga a trabajar. El trabajo dignifica y, sobre todo, ocupa la mente en algo más que preparar rabietas y espectáculo que sólo alimenta horas de lo que mi abuela llamaba “caja tonta” y que nunca lo fue tanto como ahora.

El caso, compañeros, es que la mayoría de los militantes de base tenemos varias cosas muy claras. La primera es que la base no discute a su secretario general. Sólo lo hacéis los que ponéis muy por encima vuestros propios caprichos y aspiraciones –para acto seguido criticar a Podemos por hacer lo mismo-, los que habéis hecho de la política vuestro propio vergel en el que el instrumento de cambio queda relegado por la escalera para subir sin importar a quien se pise.

La segunda es que queremos un gobierno progresista, reformista, capaz de sacar adelante el programa que los socialistas presentamos como nuestro contrato para con la ciudadanía. No podemos volver a traicionar a los nuestros, es una cuestión de lealtad. Este partido debe volver a ser leal con sus militantes y con la palabra que estos empeñan en vuestro nombre y vuestros actos.

Tercero, no os pido que os hagáis colegas de Podemos. Os pido diálogo, paciencia y un objetivo claro que no puede ser otro que la ciudadanía y su bienestar. Podemos callará cuando se dé cuenta que no es el centro del universo. De un partido fuerte, unido a su líder, sale una maquinaria socialista invencible contra caprichos, victimismos, rabietas, niñerías y oportunismos.

Nuestros abuelos fueron los peones de nuestros derechos. Algunos pagaron un precio tan caro como es la propia vida. Ahora nos toca ser arquitectos del futuro que queremos para nuestras hijas e hijos.

No es no.

¡Ay, compañeros, acabad con este sufrimiento!