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lunes. 08.08.2022

Alexis Tsipras, candidato revelación

Tsipras no confunde la realidad con el deseo, sino que está preparado para tomar decisiones que se enfrenten...

Hace unos días presencié una interesante discusión entre dos amigos míos. Uno de ellos decía no creer que hubiera diferencias entre un metalúrgico de Vich y otro de Móstoles. El otro argumentaba que el trabajador catalán sufre la opresión de su lengua y que esta circunstancia marcaba un claro hecho diferencial. El primero contraatacaba: “bueno, puede que la lengua catalana esté algo marginada en el uso oficial, que la dictadura la desplazara del uso común, pero a día hoy, el metalúrgico catalán puede emplearla sin problema alguno, y éste, además, siendo bilingüe tiene la suerte de hablar castellano y entenderse con el metalúrgico mostoleño y con otros cientos de millones de personas”. Continuó señalando que deseaba que fuera así en Europa, y que las clases trabajadoras pudieran hacer de sus intereses comunes una lengua universal. De nuevo el primero intervino para matizar que, a pesar de que reconocía la validez de los argumentos de nuestro otro amigo, también pensaba que la riqueza cultural de una lengua propia no debería subsumirse en la uniformidad aplastante de las lenguas dominantes. ”Estoy de acuerdo”, asintió el segundo, pero de inmediato apostilló que no encontraba ninguna contradicción en el hecho de poder comunicarse en varias lenguas, y, sobre todo, que eso favorecería que los trabajadores pudieran hacer desaparecer las barreras que con tanta fuerza les levantan las clases explotadoras para separarlos y confundirlos. La conversación terminó con un “volveremos a hablar de esto”.

Por su parte, la esfera Parapanda se hacía eco hace un par de días, por mediación del Blog de Antonio Baylos, del debate televisado de Euronews en el que participaron los candidatos a la Presidencia de la Comisión europea. Debate muy interesante, pese a las limitaciones de formato, y que ha pasado casi desapercibido para la opinión pública. Los pocos que, según parece, lo seguimos, comprobamos que estas elecciones en absoluto deberían ser consideradas por la ciudadanía como "de segundo orden". Esta convocatoria es fundamental para nuestro futuro, y así lo avalan tanto la constelación e importancia de los asuntos discutidos, el interesado y cuidado desinterés con que las fuerzas mediáticas y político-sociales del establishment lo han tratado informativamente, como, sobre todo, en mi opinión, la revelación que el debate acreditó de las muy distintas formas de entender la Unión Europea que se pusieron de manifiesto por los candidatos. 

De este modo constatamos que no sólo hay "mavericks" en España, ya que Guy Verjhofstadt, histriónico aspirante de los liberales demócratas, exprimer ministro belga, puede combinar su ultraliberalismo atroz con el apoyo al independentismo catalán conservador. Que el candidato de los populares europeos, por más señas luxemburgúes, señor Juncker, puede ser tan frío en sus comentarios como en proteger el paraíso fiscal que es su país de origen. Que Martin Shultz tiene el mismo problema que los socialdemócrátas españoles, muy difícil subrayar la diferencia con la otra gran fuerza europea cuando su partido gobierna en coalición con Merkel en Alemania. La candidata de los Verdes flojeaba en la concepción ecopacifista con la que estos nacieron, no nos recordaban precisamente a Petra Kelly la defensa de las sanciones a Rusia y su perfil bajo en el rechazo a un abordaje militar del conflicto de Ucrania. Y en esto llegó Alexis Tsipras, el hombre de la izquierda europea, griego por más señas, cristalizando en sus intervenciones cómo se puede ser una gran referencia en la que se reúnan varias cualidades y rasgos que, a mi modo de ver, son los indispensables para un nuevo liderazgo y un viraje del proyecto europeo desde una izquierda seria y consecuente.

Mientras que el resto de los contendientes repartían bien consignas o slóganes, o sencillamente matizaban propuestas de los otros, o pretendían conseguir llamativamente la atención del público, Tsipras se refirió a la cruda realidad de una tragedia, la "tragedia griega". Grecia, un país europeo víctima de los desastres acarreados por la desbocada ambición de los mercados, y ahora más por las políticas de "austeridad", lo que Yanis Varoufakis ha llamado posible "kosovización", su transformación en una especie de Estado fallido, como metáfora y pronóstico de una situación que podría no ser solo suya si se continúa con esta orientación implacable para la clase trabajadora de los países europeos.

El candidato de la izquierda también expuso propuestas muy concretas, y se mostró muy creíble como hombre con sentido de Estado y de la responsabilidad, como persona fuertemente comprometida con los valores, las ideas y el proyecto democrático y europeísta del socialismo, que pisa con seguridad en el terreno de las contradicciones que un momento histórico como el que vivimos, en el que la involución hacia la oscuridad de los fascismos no es una descabellada perspectiva, sino una posibilidad real, nos pone descarnadamente ante nosotros.

Tsipras no confunde la realidad con el deseo, sino que está preparado para tomar decisiones que se enfrenten a los mercados y al voraz y salvaje capitalismo financiero, con la mochila de la responsabilidad ante un pueblo al que la izquierda no puede defraudar y con la consciencia de que el poderosísimo enemigo que tiene ante si no cejará ni un segundo en el objetivo de conseguir que la izquierda real y democrática fracase si el pueblo le brindara la oportunidad de gobernar.

La izquierda real debe confirmarse como actor decisivo en el Parlamento europeo que elija al Presidente de la Comisión. Si se diera un despegue significativo de las fuerzas integradas en el Partido de la Izquierda Europea es indudable que se empezarían a romper las costuras de una construcción europea subordinada a los poderes financieros globales, pero para ello es imprescindible la concentración de energías. La concentración frente a la dispersión de apoyos. Tsipras demostró la existencia de un programa común de todas las organizaciones que forman parte del Partido de la Izquierda europea, una fuerte identificación de todas ellas con el potencial simbólico que encarnan su figura y su personalidad política. La trascendencia histórica de estas elecciones es inequívoca, si emergiera una gran fuerza de izquierda transformadora a escala europea, con un gran respaldo parlamentario, las cosas no serían iguales. 

Y Tsipras no se esconde, cuando le preguntaron sobre Escocia y Cataluña, contestó diciendo que un Estado no puede retener a un pueblo contra su voluntad, pero, yendo más allá de la diplomática y convencional respuesta de los socialdemócratas y conservadores, de la afirmación del derecho de libre determinación sin más con la que verdes y liberales tomaron posición, dijo que es un error el enfrentamiento de los pueblos. Tomó partido por la unidad de los pueblos y de las clases trabajadoras. En este, como en otros temas, mostró una clara capacidad de implicarse en cuestiones difíciles. Por eso es doblemente creíble. Porque Tsipras está por la defensa de la democracia y con ello del derecho al propio idioma del metalúrgico catalán, a su libre determinación, pero desde la convicción de que las clases trabajadoras de todos los países europeos también tienen, deben tener, un idioma común, el de la unidad en la defensa de los derechos y el de la unidad en un proyecto emancipatorio para la Europa de los pueblos y de los ciudadanos y ciudadanas.  

Después de las elecciones “volveremos a hablar de esto”.   

Alexis Tsipras, candidato revelación