jueves 5/8/21

La crisis de los espejos, los pobres invisibles

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Desde el Polo Norte hasta el Polo Sur del globo se ciernen a las sombras de sus estados una infinidad de sociedades tan disímiles como heterodoxas. Sus habitantes, sus dirigentes, sus paisajes contaminados, sus políticas de inclusión ausentes, y por, sobre todo, sus leyes escritas con limón, reflejan una imagen de la pandemia desvirtuada, una auténtica caza de brujas para con los carentes, la nueva normalidad.

La emergencia sanitaria en Amazonas avanza como un poderoso gigante llevándose consigo todo a su paso, el COVID-19, como era de esperarse, ha llegado a las costas de los desplazados con los primeros vientos del Oriente. Los más afectados por la pandemia a nivel global son los pueblos originarios, según revela la Organización de los Pueblos Indígenas de la Amazonia Colombiana (OPIAC) y la ONG Sinergias, Alianzas Estratégicas por la Salud y el Desarrollo Social. El 17 de abril se confirmó el primer caso proveniente de Manaos, la ciudad con mayor cantidad de contagios de todos los nueve países amazónicos. En cuestión de un mes, el departamento acumuló un total de 1.003 contagios confirmados y 30 muertes. Estas entidades si bien informan sobre la actualidad de las comunidades vulnerables en Latinoamérica, sienta las bases de una fotografía que se hace común y lamentablemente compatible en otras tierras.

Cuando hablamos de desplazados inferimos en esa categoría a todos aquellos individuos que se vieron obligados a proscribir sus vidas y las de sus familias, recordemos que nadie se vuelve refugiado por elección. Más de 70 millones de personas fueron forzados a huir de sus hogares en 2017 como resultado de la guerra, la violencia y otras formas de persecución, según un informe de la Agencia para los Refugiados de las Naciones Unidas (ACNUR), 26 millones de ellos son refugiados en distintos campamentos del mundo, la mitad de ellos son niños.

Los refugiados y otras personas desplazadas son parte de los miembros más marginados y vulnerables de la sociedad. Están particularmente en riesgo durante este brote de COVID-19 porque a menudo tienen acceso limitado al agua, los sistemas de saneamiento y las instalaciones de salud. Más del 80 por ciento de los refugiados del mundo y casi todos los desplazados internos del mundo están alojados en países de bajos y medianos ingresos. Con frecuencia se enfrentan a desafíos y vulnerabilidades específicas que deben tenerse en cuenta en las operaciones de preparación y respuesta de COVID-19. Mantener a los más vulnerables a salvo significa mantener a todos a salvo.

Es importante hacer foco, o, mejor dicho, correr el foco hacia aquellos olvidados, los pobres, ellos no son ni más ni menos que los emergentes de un sistema atroz que no mide las consecuencias. La pobreza va más allá de la falta de ingresos y de recursos, la pobreza se edifica a sí misma dentro de las mentes de quienes ostentan el poder, una especie de Pollice verso o Pulgar al revés de la posmodernidad, un pueblo romano sediento de sangre bajando o subiendo el pulgar de la providencia. La aporofobia es una clara manifestación de la discriminación hacia lo que se desconoce, las costas de Sicilia son hoy día el cielo de la rayuela africana, Malta, Linosa, son escalones de ilusión en una escalera que sobrevuela un océano de muerte y desesperación. Lampedusa no es un dato menor en el tablero geopolítico mundial, la tierra más lejana de la bota italiana tiene una valiosísima importancia estratégica para las migraciones, para las fuerzas armadas, para la izquierda, para la derecha, para las ONG, para la Iglesia y para los medios de comunicación.

En los primeros nueve meses de 2019 han muerto 953 migrantes intentando cruzar el Mediterráneo. La primera plana de los diarios en el mundo habla del coronavirus y de sus secuelas, pero hay una realidad que subyace y que mantiene debajo del tapete a aquellos otros, a los Nadies de Eduardo Galeano, a aquellos que nunca se ven a pesar de estar allí. Son aquellos Esperanzas de Julio Cortázar, extraños híbridos castigados por el escritor argentino dándoles la personalidad menos interesante con escasa presencia en su obra literaria, marginándolos hasta del título de su libro Historia de Cronopios y de Famas. Así es la vida de aquellos divergentes de la humanidad que pelean por no fenecer, embarcados en Cayucos, Pateras y Zodiac, pequeñas lanchas a la deriva tras la búsqueda de una nueva oportunidad, la operación de rescate en alta mar conocida como Mare Nostrum parece no haber sido suficiente. 

La figura de Mafalda posee un lenguaje propio, la chica de pelo negro que odia la sopa y está en contradicción con los adultos se para frente a los espejos cada mañana intentando lograr que esas imágenes tan esquivas logren reflejar la triste realidad que anida en la comunidad internacional. Las viñetas hablan al igual que las crisis y los virus que nos circundan, las pestes pasan, lo que no podemos permitir es que ellas incuben la indiferencia y la intolerancia dentro de nosotros. Hay un cementerio de invisibles bajo el agua que grita a más no poder, las olas piden con cada golpe que abramos nuestros oídos, que comencemos a escuchar.

Mafalda viñeta

La crisis de los espejos, los pobres invisibles