domingo 1/8/21

Suena “El degüello”

Cuando esa música deja oír sus notas, podemos estar seguros de que se avecina una lucha sin cuartel y su memoria está llena de nombres de batallas famosas. Siempre sonó en los momentos decisivos generados por la lucha de Simón Bolívar y a través del ejército mejicano se hizo presente en las recreaciones de Hollywood sobre El Álamo y Río Bravo. Hoy, esta música empieza a ser escuchada en los despachos de Génova sin saber muy bien quien encabeza los ejércitos que sitian a Pablo Casado.

Tras la quincena “horribilis” en la que todo le ha salido exactamente al revés de lo que él y sus asesores habían esperado y planificado con la esperanza de ver la ansiada demolición del gobierno, Casado escucha El Degüello mirando hacia el Palacio de Gobernación de la Puerta del Sol y al Noroeste galaico del que, está seguro, llegará el ataque más feroz.

Casado estaba seguro de que La Moncloa rendiría sus defensas sin apenas lucha y mostraba prisa porque esa fruta madura cayera en sus dulces brazos y disfrutar de su degustación, pero el camino se alarga y se llena de espinas, baches y cuestas empinadas que no sabe cómo coronar. Su agenda se ha vaciado de repente y aquellos que debían acompañar su triunfal procesión y coronar su frente con laureles de gloria, parecen entregarse al enemigo y abandonar sus filas, esas que hoy muestran la mella de las numerosas deserciones.

Lo que él llama “sociedad civil”, la misma a la que acudía el PP para llenar las misas de la Conferencia Episcopal de Rouco Varela en contra del PSOE; la siempre amable patronal, la nacional y la catalana, y hasta la UE, le vuelven la cara y él les recrimina el abandono y lo inútil de sus proclamas. Sólo el Congreso, sólo sus diputados pueden hacer valer su peso. Otrora, el PP mostraba sus poderes con esas masas que hoy estigmatiza, pero eran otros tiempos y otros líderes.

Hoy, Ayuso glorifica el absurdo bendecida por Aznar y recrimina, con el aplauso de muchos, el papel constitucional del Rey; su primera ley destroza la teórica y nunca conseguida independencia de Telemadrid y Vox es aupada a los altares mediante la asunción de todos sus principios fundacionales. Todo ello, en contra o en ignorando los criterios y estrategias de Casado, invitado de piedra a esta representación dionisíaca del absurdo de Ionesco.

Lejos, vigilante, Nuñez Feijoo calibra sus fuerzas y estudia los astros para determinar el momento en el que descargará su golpe definitivo. Ayuso ha supuesto una distorsión de sus planes y, si espera demasiado, ella habrá aumentado su valor y le hará más complicada la victoria.Lo que le pide su cautela y su experiencia es esperar a que la próxima contienda electoral certifique la muerte de Casado y la victoria de Pedro Sánchez, pero en ese plácido camino se cruza Ayuso como gran esperanza blanca para lo más ultramontano del PP.

Cualquiera, con dos dedos de frente, sabe que, sin Euskadi y sin Cataluña, el PP no es enemigo y la calma de Feijóo junto con el tiempo, pueden obrar el complicado milagro del retorno de muchos al hogar que les ofrece el PP, cómodo refugio si no se convierte en un frente de guerra como propone Ayuso. Y es que lo único que valida a Ayuso es la guerra, la sangre, el enfrentamiento. Sin Sánchez en la Moncloa, Ayuso se desvanece, se apaga y tras el ruido de las explosiones, sólo queda el clamor de su estulticia más profunda.

Feijoo sabe que sólo él puede encarnar la esperanza de gobierno para el PP, una esperanza que se extiende fuera de su propio partido a todos los que, como yo, esperan la construcción de un PP homologable con esa derecha imprescindible para la construcción de un espectro político manejable. Feijoo es , desde lejos, pura derecha, que nadie se equivoque: pero también es inteligente, pragmático, posibilista y sabe qué teclas tocar para que la cosa funcione.

Casado, por contra, sólo es caos, confusión, incoherencia y ambición desmedida sin que nada la sustente. Alimentado por el ansia de llegar a la Moncloa, su visión se restringe y su discurso se llena de insultos a falta de argumentos. Lo que parecía un plácido paseo al tibio sol de una primavera florecida, se está convirtiendo en un calvario de decepciones, zancadillas de los suyos y lo que antes era suave y calmado, se torna, hoy, empinado y lleno de amenazas.
Desde fuera, el PP se deja ver como un entorno de tensa calma en la que todos esperan de todos el primer  movimiento para acuchillar a Casado, que escucha, lejanos, los acordes del Degüello. 
¿Cuánto tardará El Álamo en caer?

Suena “El degüello”