martes 30/11/21

Al humo del cigarro

humo tabaco

Al dejar de fumar he perdido algo fundamental, especialmente importante en los ambientes de  trabajo: el rato de charla, conspiración y especulación en torno a cualquier tema, bien serio o, en las más de las ocasiones, muy tonto. Esta semana hubo un cigarrillo que enredó su humo en un hilo que, si no me equivoco, va a adquirir una importancia enorme en el futuro y que, de momento, nadie tiene muy claro cómo abordarlo.

La conversación se centró en la forma en la que el trabajo va a ir cambiando y en cómo la sociedad entera va a tener que afrontar el hecho de que el pleno empleo será, muy pronto, una quimera irrealizable. La tecnología -en todas sus expresiones - va a conseguir que todo aquél que no sepa como crear y dirigir tecnologías, sea suplantado por máquinas, software o sistemas complejos cuyo rendimiento es muy superior al nuestro.

En ese momento, y tras el paso por la semana de cuatro horas y otros modelos transicionales, deberemos afrontar el hecho de que muchas personas pasarán todo su periodo de posible actividad laboral sin acceder al mercado de trabajo. Así de simple, así de crudo y así de claro. El trabajo de “sudor” está llamado a desaparecer y serán sectores enteros los que pasen de la plena actividad al desempleo: taxistas asesinados por la conducción autónoma -va a llegar pronto- repartidores suplantados por drones, técnicos relegados por el mejor rendimiento de la inteligencia artificial y una larga lista de afectados y afectaciones para las que, ahora mismo, no tenemos ni solución ni alternativa.

Los esquemas mentales con los que nos acercamos al análisis del trabajo y de las relaciones laborales están caducados y ya no se trata de que triunfe algo inspirado en el marxismo o en Henry Ford: se trata de entender el cambio en los sistemas de producción, la relación entre las partes que intervienen y hacen posible el mercado de trabajo y en idear y poner en marcha estructuras relacionales diferentes a las actuales.

España sola puede hacer cosas y puede competir haciendo valer factores motivacionales que, en Europa, pueden movilizar a un buen número de empresas y trabajadores para desarrollar trabajos y proyectos en nuestro país gracias al clima, a una buena red de comunicaciones informáticas y sólo quedaría completar algunas deficiencias de transporte a zonas con alto potencial como Extremadura. Y además, es imprescindible generar dinámicas universales que sean válidas para esa “aldea global” que ya vivimos.

Vienen tiempos de cambio y transformación que serán apasionantes y que construirán un mundo muy distinto al que conocemos hoy en el primer mundo (del tercero vaya Vd. a saber, la verdad), pero hay que trabajar con perspectiva de futuro, ambición y esquemas nuevos que no condicionen, desde posturas antiguas, el estudio y el acercamiento a soluciones que hoy ni imaginamos.

Bastante pensamiento para un solo pitillo.

Al humo del cigarro