viernes. 21.06.2024

Pablo en su laberinto

La rueda de prensa de Iglesias junto a representantes de Compromís, Barcelona en Comú y En Marea ha sido un mal trago para el líder de Podemos.

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A Podemos le interesa tener un grupo parlamentario sólido, único y sin corrientes ni baronías

La rueda de prensa dada hoy, 12 de enero, por Pablo Iglesias acompañado de representantes de Compromís, Barcelona en Comú y En Marea, para hablar de la constitución de los grupos parlamentarios ha sido un mal trago para el líder de Podemos.

En primer lugar porque en este tema de los grupos, al igual que la noche electoral con sus declaraciones de un referéndum en Catalunya, como línea roja fundamental (aunque posteriormente ya la ha abandonado), se está viendo arrastrado no por sus propias convicciones sino por los acuerdos previos a las elecciones que de forma precipitada y poco estudiada se vio obligado a efectuar para conseguir más votos y diputados.

Tengo la certeza que ahora no repetiría esos pactos. Vistos los resultados de Podemos en Euskadi, donde se presentó en solitario y ganó y después de constatar que el tirón electoral lo daba la marca Podemos y no otros pequeños aliados, ahora no se vería obligado a modular, cambiar o negociar sus propuestas para el Gobierno de España, en primer lugar con sus aliados electorales. Tendría las manos más libres.

La forma de conformar las candidaturas de Podemos aprobadas por los militantes de Podemos en una “plancha única” sin tener en cuenta las votaciones de cada provincia o comunidad autónoma, supuso, mas allá de cualquier teoría, una concepción política de Podemos y de su grupo parlamentario, estrechamente vinculado a la preponderancia de la dirección central, al potente núcleo irradiador, que desde el primer momento ha dirigido de forma acertada, todo sea dicho, el proceso de construcción de un partido y de las elecciones europeas, municipales y autonómicas.

Los conflictos locales y territoriales han sido resueltos como siempre. Se aparta a los que discuten la autoridad de la dirección central y asunto resuelto, como ha ocurrido en Huesca o en el País Vasco. Nada nuevo bajo el sol. Si hay partidos organizados dentro se les fuerza a disolverse y problema solucionado como sucedió con Izquierda Anticapitalista.

Sin embargo en tres comunidades autónomas por razones que desconozco Podemos prefirió aceptar unas alianzas en las que no es hegemónico. Por eso ahora, aunque Podemos puede aspirar a formar parte de un Gobierno de España, mediante acuerdos con el PSOE y otros grupos, se ve con las ataduras de temas “menores” sobre composición de grupos parlamentarios o referendums imposibles en ámbitos autonómicos, como se ha visualizado estos días.

Muchas personas que conozco y han hecho expresión pública de su voto a Podemos en Madrid y en otras comunidades autónomas sin conflicto nacional, no quieren ni oír hablar de la independencia de Catalunya, ni del derecho a la autodeterminación. Eso lo saben perfectamente en la dirección de Podemos.

Podemos tiene muchos votantes que lo que han querido expresar con su voto, es expulsar al Partido Popular del Gobierno y castigar al Partido Socialista por su deriva a posiciones moderadas, reformas laborales y constitucionales contrarias a los trabajadores y a políticas de izquierdas.

Esos mismos votantes ahora claman porque no haya nuevas elecciones y se llegue a acuerdos con el PSOE para desalojar a Rajoy y al PP.

Desconozco igualmente qué sistemas de participación de sus militantes van a articular tanto el PSOE como Podemos para definir su política de pactos y su estrategia postelectoral. Me temo que se repitan las reuniones de los Comités Federales o Consejos Ciudadanos, y tema solucionado.

Sería un buen momento para pulsar la opinión de los militantes de las organizaciones de la izquierda, de ejercer la democracia interna reclamada por los nuevos tiempos de la política y buscar la responsabilidad colectiva mediante métodos reales de participación.

Pablo Iglesias se encuentra por primera vez ante una decisión muy relevante para el futuro del país. Se lanza a negociar a fondo la posibilidad de un gobierno de progreso (no quiero decir de izquierdas, entre otras cosas porque para muchos miembros de Podemos el PSOE no es de izquierdas y es tan de la casta como el PP) o se ampara en temas impuestos por sus muy recientes socios gallegos, valencianos y catalanes para tirar la toalla y defraudar las ansias de cambio de muchos de los ciudadanos españoles.

Creo sinceramente que Podemos acabará aceptando tener un solo grupo parlamentario por una cuestión fundamental. No le interesa que haya más portavoces que le quiten protagonismo. El liderazgo no se comparte y menos en el Congreso de los Diputados. A Podemos le interesa tener un grupo sólido, único y sin corrientes ni baronías.

La tensión y los enfrentamientos entre las organizaciones centrales y las autonómicas ha sido una constante en la izquierda española desde el comienzo de la transición. Lo ha sufrido y lo sufre tanto Izquierda Unida como el PSOE y Podemos no va a ser una excepción.

Pablo en su laberinto