Lunes 17.06.2019

La “italianización” de España

Cualquier actitud del PSOE de dejar gobernar al partido de la corrupción supondrá su desaparición. Sus votantes se marcharán inexorablemente a otras opciones como le ocurrió al Partido Socialista Italiano.

Desde hace unos años muchos defensores del “statu quo” existente en España desde la transición han manifestado el riesgo de cambiar un modelo bipartidista imperfecto como el que tenemos desde 1977, por otro multipartidista argumentando que conllevaría inestabilidad, dificultad de gobiernos sólidos y en consecuencia turbulencias económicas y sociales.

La Italia democrática surgida después de la Segunda Guerra Mundial en muy pocas ocasiones tuvo un partido que alcanzase mayoría absoluta para gobernar. Sin embargo, la estrategia política propuesta por la Democracia Cristiana desde 1947, cuando se puso fin a los gobiernos de concentración consecuencia del inicio de la guerra fría, tuvo un inusitado éxito que le llevó a gobernar sin interrupciones hasta 1992.

La estrategia no era otra que unir  todas las fuerzas contra el partido “antisistema” que por supuesto era el Partido Comunista Italiano de Gramsci, Togliatti y Berlinguer.

Esta política conocida como “Conventio ad excludendem” tomaba como base la consideración de que el PCI era un partido que no aceptaba “los valores occidentales” y aunque tratara de disimularlo estaba al servicio de una potencia extranjera: La Unión Soviética. El PCI, se argumentaba no tenía como faro la religión católica, no valoraba el Mercado como el mejor regulador de la economía y no consideraba al  Estado como algo mínimo y tolerante con los poderes reales: (el Vaticano, las finanzas, los terratenientes y grandes empresarios).

Los partidos republicanos, socialdemócratas y socialistas entraron en ese juego de aislar al PCI. Esto les supuso algunas ventajas,  incluso acceder a la Presidencia del Consejo de Ministros en algunos periodos, cuando en el Parlamento no gozaban de más de un 10% de representación. La base para ello era no tocar los principios del sistema y permitir a la Democracia Cristiana que hiciera y deshiciera a gusto en todos los temas relevantes, permitiendo la participación de los minoritarios en asuntos menores y en las migajas de la corrupción establecida como sistema de gobierno.

Benedetto Craxi, líder del Partido Socialista desde 1976, fue Presidente del Consejo de Ministros desde 1983 hasta 1987. Su estrella se mantuvo brillando hasta que en 1992 Craxi fue acusado de corrupción, dimitió de todos sus cargos y se exilió a Túnez donde falleció. El Partido Socialista desapareció.

Sorprendentemente uno de sus mejores amigos, que le acompaño hasta el último momento de su vida política y le defendió a rajatabla, Silvio Berlusconi, enarbolando un discurso contra los políticos de siempre, contra los democristianos, comunistas y socialistas, contra la casta en resumen, en poco tiempo ganó las elecciones de 1994 coaligado con un partido “independentista” como la Liga Norte de Humberto Bossi (por cierto el Norte no se ha independizado).

Los amigos y enemigos que ahora aconsejan a Pedro Sánchez que acepte un gobierno por activa o por pasiva del Partido Popular, bien de concentración de las fuerzas que se llaman asimismo constitucionales, bien aceptando un gobierno de PP y Ciudadanos con su abstención, representan a los mismos poderes económicos que aconsejaron a Benedetto Craxi aliarse con la Democracia Cristiana para aislar a los comunistas.

La estrategia que estamos viendo estos días definiendo a Podemos como partido antisistema, independentista, rompepatrias, anticonstitucional, y además entregado a una potencia extranjera (eso sí, esta vez mucho más pequeña e inofensiva como Venezuela), es una burda copia mediática de aquel marketing político trasnochado.

Los dirigentes que proponen esta salida para el PSOE ya no pertenecen al mundo de la política. Forman parte del mundo de los negocios, de la gran empresa donde desembarcaron hace unos años y donde la mayoría siguen instalados en sus órganos de dirección y administración. Entre ellos destaca una persona que como Ave Fénix, sólo retorna cuando hay que defender un acuerdo PP-PSOE, Nicolás Redondo Terreros, tertuliano de varias radios y televisiones, fue nombrado en 2008 miembro del Consejo de Administración de FCC, SA y desde entonces cada vez que puede lanza una andanada contra quien esté al frente del PSOE, siempre en la misma línea que intentó con Aznar, defendiendo la colaboración entre PSOE y PP.

Podemos gobierna o ha dado el apoyo para gobernar al PSOE en Extremadura, Castilla La Mancha, Baleares y en muchas ciudades de España. ¿por qué no va a gobernar con la misma legitimidad en el Gobierno de la Nación?

La falta de lealtad de muchos dirigentes socialistas hacia Pedro Sánchez y la dirección federal es deplorable. En momentos como este un partido que se precie de ser tal, debe cerrar filas con su dirección y darle todo el poder para acertar o equivocarse, pero no es de recibo la campaña de zancadillas, líneas rojas, gritos en el cielo y digámoslo en lenguaje llano, “tocada de cojones”. Ver a los dirigentes del PP apelar a los mal llamados “barones socialistas” para que en el Comité Federal frenen o le rompan el espinazo a Pedro Sánchez es porque alguno les ha calentado la oreja en tal sentido. Flaco favor al socialismo, a los trabajadores y a los ciudadanos de este país.

Con prácticamente los mismos votos que el PSOE, Podemos tiene la legitimación suficiente para demostrar desde el gobierno que sus políticas son factibles y que puede negociar y flexibilizar las mismas en aras a un bien superior. Apartar del poder político a unos señores que provocaron el rescate de España  (como muy bien ha indicado recientemente en su libro el ex-gobernador del Banco de España Miguel Angel Fernández Ordoñez), que han recortado servicios sociales sin piedad, han fomentado el independentismo con su cerrazón y ausencia de diálogo  y han amparado e impulsado la etapa de mayor corrupción en nuestro país.

Zapatero en el año 2004 ganó las elecciones generales con 11.026.163 votos, prácticamente los mismos que ahora suman Podemos y PSOE, 10.720.026. Izquierda Unida ha sacado 300.000 votos menos que en aquella ocasión. La inmensa mayoría de votantes de Podemos son anteriores votantes del PSOE. Cualquier miembro del PSOE  conoce con nombres y apellidos a muchos amigos y familiares que otras veces han votado socialista y esta vez han votado a Podemos. Los votantes son prácticamente los mismos que se ilusionaron en su día con el cambio que suponía el PSOE y que ahora se han identificado con el partido morado.

De los errores, la prepotencia y chulería de Podemos desde las elecciones mejor no hablar. Desde la línea roja del Referéndum en Cataluña la noche electoral, los cuatro grupos parlamentarios, la vicepresidencia planteada a destiempo, etc, etc. no paran de dar argumentos a los que quieren poner en práctica el famoso “cordón sanitario” que aúne a todos los demás y les deje como los “antisistema” del nuevo Parlamento. Si buscan eso lo están bordando.

Es probable que en los próximos días veamos alguna de las experiencias ya vividas en otros tiempos en el Parlamento Italiano. Ofertas de un “Gobierno Técnico” presidido por un ilustre independiente que haga una reforma electoral y convoque nuevas elecciones (convocarlas en dos meses no cambiaría nada), ofrecimiento a Pedro Sánchez para que presida un gobierno con el apoyo de PP y Ciudadanos, propuesta del “menor de los tres”, Ciudadanos, para que encabece un gobierno de transición y ¡ahora si! comience una tímida reformita constitucional mediante una comisión parlamentaria que se eternice en sus deliberaciones.

La salida no está fácil y sin duda quien tiene una posición central, con menos enemigos que amigos es el Partido Socialista. Es el único que puede aunar consensos para formar un gobierno. Probablemente en minoría, pero en este país ya hay suficiente experiencia política, tanto en el gobierno de la nación, como en las comunidades autónomas y ayuntamientos, de gobiernos en minoría. ¿Cómo gobierna actualmente Ada Colau o Manuela Carmena? ¿Cómo se ha gobernando Euzkadi prácticamente siempre desde 1980 sino con gobiernos en minoría?.

Cualquier actitud del PSOE de dejar gobernar al partido de la corrupción supondrá su desaparición. Sus votantes se marcharán inexorablemente a otras opciones como le ocurrió al Partido Socialista Italiano.

La “italianización” de España