viernes 03.04.2020

Todos fuimos violados por La Manada

Las multitudinarias expresiones de rechazo a la sentencia del denominado caso de La Manada son una muestra masiva y contundente, pero parcial, de un problema que aún no se ha planteado en su preocupante y absoluta globalidad. Porque dicha sentencia no es un caso aislado ni arbitrario dentro del repertorio de actuaciones judiciales que se vienen produciendo, sino que es consecuencia de un sistema que se aprovecha de la inducida fragmentación social de la aspiraciones e intereses éticos de la ciudadanía. El factor trascendente de todo ello consiste en que una sociedad fraccionada es incapaz de compadecerse con distintos planos de una misma agresión sin que pueda intuir que el problema es común.

Las sentencias contra la libertad de expresión, de manifestación, las irregularidades en la instrucción del caso catalán, el asunto de La Manada no son elementos diferentes y ajenos entre sí, sino variables de una misma inclinación ideológica. Tampoco es una cuestión normativa, hay un evidente furor legislativo en España, sino de interpretación ideológica de la norma, lo que supone un elemento de perversión política más que un acto jurídico. Es, por todo ello, que la sociedad mientras se considere agredida sólo en uno de sus segmentos e incluso apruebe o ignore los ataques que se produzcan sobre otros grupos sociales, el problema persistirá puesto que el régimen político sí tiene una respuesta global para el malestar de cada sector social.

La regresión de libertades, derechos, incluida la vertebración moral de la sociedad desde una perspectiva autoritaria, son elementos ideológicos que conforman la realidad de un régimen político que se fundamenta en ellos como parte sustantiva de su propia razón de ser y, por consiguiente, como determinantes e irrenunciables para los poderes fácticos que controlan al Estado. Mientras la sociedad siga entendiendo la actuación de la justicia en el caso del nacionalismo catalán, en el encarcelamiento de cantantes, escritores o tuiteros, en la criminalización de la protesta ciudadana o los atentados sexuales a la mujer como elementos sin ilación y apruebe unos y descalifique otros siendo caras de un mismo poliedro, seguiremos bajo un Estado cada vez más inhóspito para las mayorías y los elementos más vulnerables de la sociedad.

Asistimos en España a la quiebra de un sistema donde el error es la consecuencia de imponer una realidad oficial ajena a aquellos intersticios donde, fuera de los frontones institucionales, fermentan las creencias, reprobaciones y uso sociales. En realidad, padecemos una privatización generalizada de todos los ámbitos donde el civismo o el demos pudiera tener algún protagonismo. Por ello, la imperiosa necesidad del pensamiento crítico como herramienta imprescindible para constreñir un escenario que resulta tan injusto y desigual. No hay que olvidar que cuando interpretamos la realidad la estamos transformando.

Todos fuimos violados por La Manada