domingo 15.09.2019

Susana Díaz no quiere irse

La política como medio de vida, como una especie de metástasis de las artes pecuniativae con sus excusas sin dignidad enmascaradoras de una simple lucha por espacios de poder personal y estatus conduce irreversiblemente a que los valores ideológicos, se reblandezcan como los relojes de Dalí

El bíblico rey Salomón tenía en los fogones y la cibaria su segundo oficio que le libró de amargos momentos cuando las cosas como monarca le vinieron mal dadas. Curzio Malaparte en su relato Sodoma y Gomorra nos presenta a Voltaire como vendedor de automóviles Ford que, según el escritor transalpino, con las variaciones actuales y de las normas, casi le hacía aparecer ante los ojos del público con mucha más dignidad que la que otrora le diera la suya de filósofo. Recordaba yo estas lecturas al descubrir unas confidencias hechas a un afamado columnista por alguien definido como cercano a Susana Díaz y cuyo tenor literal es el que sigue: "No se piensa ir, entre otras cosas porque no puede irse a ningún sitio: es carne de aparato desde que hizo la primera comunión y no sabe ni poner una bombilla". No puede decirse, sin embargo, que la hasta ahora presidenta de la Junta de Andalucía se haya estado dedicando a la política, a no ser que tengamos un concepto estrecho y mezquino de la vida pública. Hay muy poca metafísica, ideología y creatividad en la trayectoria de Díaz y, como consecuencia, poco talento para la política, todo ello suplantado por una apelación recurrente a la intriga, el motín y la deslealtad a los principios y a las personas ejercidas desde una soberbia trufada de obsesiva egolatría.

La política como medio de vida, como una especie de metástasis de las artes pecuniativae con sus excusas sin dignidad enmascaradoras de una simple lucha por espacios de poder personal y estatus conduce irreversiblemente a que los valores ideológicos, aquellos que operan sobre el bien común y la centralidad democrática de la ciudadanía, se reblandezcan como los relojes de Dalí. Y nada más lejos de este sentido patrimonialista y caciquil de la política que los valores y principios socialistas, con lo cual el verdadero peligro para el PSOE en Andalucía, y en el resto de España, es el susanismo oligárquico y nominalista. Las máculas del currículo político de Díaz no pueden ser más onerosas y graves, tupidas de asperezas sediciosas, tumultuosas y conspirativas. El contundente rechazo de la militancia a Díaz en las primarias era una muestra incontestable de la insolvencia de su liderazgo excesivamente escorado al fariseazo y la impostura.

Los andaluces se reconocían en el PSOE, los treinta y seis años de gobierno no han sido una casualidad ni una anécdota histórica, pero no pueden reconocerse en Susana Díaz, en sus intereses personales, en su morbosa ambición de poder, en su soberbia, en su conspiración permanente contra el propio PSOE, en su autoritarismo, en su red clientelar con reparto de canonjías y prebendas o en la carencia de modelo ideológico. Es el rechazo a Susana Díaz, incluso por los mismos votantes del PSOE, por lo que el socialismo andaluz ha perdido influencia y el gobierno de la comunidad. Es el gran drama del PSOE de Andalucía: si no se va Susana Díaz, puede que se vaya el socialismo meridional, no es posible la compatibilidad ya que el susanismo sobrevive a costa de la aniquilación ideológica, material y ética del Partido Socialista.

Susana Díaz no quiere irse