jueves 09.04.2020

Susana Díaz quiere aprovechar el "efecto Sánchez"

Pocos observadores podían prever hace unos meses que la presidenta andaluza, Susana Díaz, sopesaría el adelanto electoral en su comunidad para aprovechar el “efecto Sánchez.”

En la decadencia de los regímenes políticos se producen lo que los estudiosos denominan aceleraciones históricas o precipitados de acontecimientos que por su densidad y escaso formato temporal, como la materia en física, tienen carácter explosivo y, en el caso de la política, además, dependiendo del nivel intelectual de los actores en el debate público, puede sobrevenir, como diría Carlos Marx, en forma de drama o de comedia. Pocos observadores podían prever hace unos meses que la presidenta andaluza, Susana Díaz, sopesaría el adelanto electoral en su comunidad para aprovechar el “efecto Sánchez.” Singularmente, porque si hay alguien que ha quebrado de forma onerosa el concepto minimalista y rústico que tiene Díaz de la política ha sido el presidente del Gobierno, no tanto por un efecto voluntarista de Sánchez, sino por la memorable astracanada conspiratoria de la presidente de la Junta contra el hoy jefe del Ejecutivo bajo un concepto político de furtivismo grosero.

Desde “Yo soy la máxima autoridad en el PSOE” en boca de una Verónica Pérez mandatada para asaltar Ferraz aquella misma mañana, hasta Díaz pronunciando “A éste (Pedro Sánchez) lo quiero muerto hoy”, como si un Shakespeare redivivo hubiera vuelto a tomar la pluma para poner en los labios de Ricardo III severas y graves palabras, son los hitos de la más farragosa, imprudente, esperpéntica y contradictoria peripecia vivida por el Partido Socialista.

Pedro Sánchez podía haber sido presidente de Gobierno en la investidura a la que se presentó con los mismos apoyos que en esta ocasión lo han llevado a la Moncloa, con lo cual el país se hubiera ahorrado el mandato de Rajoy, con todo lo que ha significado de retroceso democrático y social, corrupción e incapacidad para dar salida política a los problemas políticos. Sin embargo, al candidato Sánchez se le pusieron todas las líneas rojas posibles e imposibles por parte del sector liderado por Susana Díaz para que fracasara en su intento de llegar al poder ejecutivo mientras se le facilitaba la continuidad en el gobierno al Partido Popular, algo insólito en los anales del cualquier democracia. Una operación cruenta políticamente que llegó a la defenestración del secretario general Sánchez, poniendo al socialismo español en una seria crisis existencial. La humillante derrota de Díaz en las primarias no supuso ningún propósito de enmienda por su parte ni reconsideración de la permanente beligerancia contra quien las bases habían restituido a la secretaría general.

La llegada de Pedro Sánchez a la Moncloa ha constituido la enésima derrota de ese sector susanista del PSOE que en el contexto de la crisis institucional del régimen del 78 optó por neutralizar a su propia organización, facilitar la continuidad de la derecha en el poder, contemporizar con las ideologías e intereses que en una praxis razonable debía combatir pues eran contrarios a los principios de su sujeto histórico y entidad sociológica y, todo ello, por una estrategia de ambición personal con precario fundamento político y metafísico. Empero, como en este caso los muertos que Susana Díaz mata (políticamente) gozan de buena salud, lo mejor habrá pensado la presidenta andaluza es aprovechar el “efecto ascensional de Sánchez” como propio, luego de cruzar, eso sí, inevitablemente el río Leteo, el río del olvido de los griegos clásicos. Como afirmaba Manuel Azaña, en política no hay sitio para la frivolidad… o no debería haberlo.

Susana Díaz quiere aprovechar el "efecto Sánchez"