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miércoles. 08.02.2023

La responsabilidad moral de la gestora del PSOE

gestora PSOE

Que una organización política centenaria como el PSOE se vea sometida a la banalidad destructora de unas vulgares ambiciones privadas, es de una pobreza moral antitética a la propia esencia de lo que debería ser el socialismo

Advertía Napoleón que no era posible sentarse sobre las bayonetas. Y ese es el problema de los barones del PSOE que propiciaron el borrascoso comité federal del 1 de octubre donde, en un acto sin precedentes, se asaltó la estructura de poder de la organización, sembrando el malestar en la militancia y el desconcierto en el electorado. La situación de debilidad producida en el partido, la fractura ocasionada, la difícil reversión tanto para suturar las heridas orgánicas como para recuperar la credibilidad de la ciudadanía, la indiferenciación con las posiciones políticas de la derecha, son elementos lo sumamente graves como para que sea imposible cualquier solución que provenga de aquellos que han situado al PSOE en semejante tesitura. Las bayonetas están demasiado afiladas para que quienes las han utilizado con el objetivo de imponer su voluntad puedan ahora sentarse sobre ellas cómodamente.

Que una organización política centenaria como el PSOE, damnificada por las más dramáticas vicisitudes históricas con objeto de mantener una ideología y unos principios emancipadores de las mayorías sociales, se vea sometida a la banalidad destructora de unas vulgares ambiciones privadas, es de una pobreza moral antitética a la propia esencia de lo que debería ser el socialismo. Todo es obra del subterfugio pragmático que oscila entre una abierta repulsa de lo moral y la pretensión de presentar la política, en un tertium quid imposible, no como opuesta a la moral, sino como independiente de ella y regida por un oscuro “realismo”, es decir, éticamente neutral. Sin embargo, se quiera o no, el acto político es estructuralmente moral, que no puede escapar de la disyuntiva de ser “bueno” o “malo.”

El colapso del sistema de la Transición, el desafecto de la ciudadanía, el dramático estado social, la grosera supremacía del poder económico sobre el poder político, conlleva también el colapso de un socialismo carente de modelo ideológico y pensamiento crítico capaces de construir una alternativa real a un estado de cosas tan desequilibrado. Y sin embargo, el PSOE, aherrojado por las baronías convertidas en facción, en lugar de interpretar las auténticas necesidades de las mayorías más débiles y desasistidas para construir una política inequívocamente propia, alternativa y no subsidiaria de unos modelos sociales impuestos por un régimen de poder dual y contramayoritario, se ha dedicado a autodestruirse, dividirse y desnaturalizarse para colmar las desmesuradas ambiciones personales de alguna baronía bien vista por conservadores y poderes fácticos.

La depuración de las responsabilidades políticas y morales fruto de un concepto frívolo y banal de la vida pública han de ser el primer paso para la auténtica regeneración del partido socialista, de lo contrario se seguirá profundizando en todos los vicios e inercias que han situado al PSOE al borde de la irrelevancia política y social. No hay que olvidar que la fuerza de un partido de izquierda es una fuerza moral, en tanto, que objetivación de la voluntad más intima de las mayorías sociales. Hay que reconstruir el sentido humanista del socialismo, que diría Fernando de los Ríos, desde la propia ideología y los valores que le han de ser propios y sustantivos y, por ello, es una tarea política, social y, sobre todo, moral. En este contexto, sobran los liderazgos mesianistas, las redes clientelares que los sustentan, el maquiavelismo de aldea y la política menuda del oportunismo y es necesario aquel espíritu que demandaba Ortega y que consistía en pensar en grande y mirar lejos.

La responsabilidad moral de la gestora del PSOE