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sábado. 01.10.2022

¿PSOE de estado o PSOE de la sociedad?

Pedro-Sanchez-Cataluna

Con motivo de la última fase de la crisis catalana, Rajoy ha conseguido resituar de nuevo a la que los populares denominan oposición “constitucionalista” –Ciudadanos  y PSOE- en las tesis más favorables para el presidente del Gobierno, y ello a pesar de que la solución que los conservadores tienen para el problema catalán es enviar a la Guardia Civil a requisar papeletas electorales y volver a utilizar el Tribunal Constitucional y la fiscalía del Estado con carácter punitivo como sustitutivos de la acción política con lo  cual la ley, más que definir un espacio de convivencia, se instrumentaliza como definidora de un territorio de dominación. De esta forma, un problema político se sustancia en los resortes antipolíticos del orden público, la restricción de lo opinable y la imposibilidad del planteamiento polémico del problema. Es decir, abolido por una de las partes, el carácter político de la controversia pública, sólo juzga las ideas y posiciones del adversario como actos delictivos ante los cuales lo único pertinente es reprimir y tratar al opositor político como delincuente.

En el caso del problema catalán, la actitud ideológica y narrativa del PSOE es singularmente excéntrica

Para ello, Rajoy ha conseguido la complicidad de Ciudadanos y el PSOE, hasta el punto de que las declaraciones realizadas por algunos de sus dirigentes, en el caso del partido de Rivera y del socialista, resultan congéneres al relato de los populares, lo que es una expectativa razonable en el caso de Ciudadanos y algo menos previsible en el caso del PSOE, teniendo en cuenta la crisis sufrida por el Partido Socialista por situarse también en el terreno de las tesis más favorables para Rajoy con motivo de su investidura. Este apoyo incondicional al presidente del Gobierno por parte del PSOE por una supuesta responsabilidad de “partido de Estado”, supone, primero, en lo semántico, una peligrosa conceptualización que deroga sus potencialidades de cambio y transformación social, en un momento de una grave crisis de Estado y, como consecuencia, de amplios espacios constituyentes, y, en el plano ideológico, la paradójica expectativa de que la “razón de Estado” como inercia y simplificación intelectual, haga que la organización siga el relato de la derecha en lugar de asumir definitivamente una reconstrucción de su mensaje y una redefinición clara de su posición y función en la sociedad.

En el caso del problema catalán, la actitud ideológica y narrativa del PSOE es singularmente excéntrica teniendo en cuenta que el enconamiento del conflicto en la sazón que hoy lo podemos observar proviene del desmantelamiento que realizó el Tribunal Constitucional, instigado por el Partido Popular, del encaje de Cataluña en el Estado español que suponía la reforma estatutaria, aprobado en referéndum por el pueblo catalán, y que era la concreción del proyecto territorial socialista  que definía Pasqual Maragall como “una nación de naciones que tiene un Estado.” Buena parte de la clase política y de la sociedad catalana entendió que aquella renovación estatutaria suponía un acuerdo para el encaje en el siglo XXI de esta autonomía en España.

La actuación del Partido Popular y el Tribunal Constitucional en aquel momento ha sido considerada por el constitucionalista Pérez Royo como un auténtico golpe de Estado:  “El golpe Estado tuvo que abrirse paso trabajosamente a través de operaciones turbias que se extendieron a lo largo de más de tres años. Pero consiguió hacerlo. En el BOE del 16 de julio de 2010 se hacía pública la STC 31/2010, que anulaba sustancialmente el contenido de la reforma estatutaria. Las consecuencias de la sentencia del Constitucional no han sido las de una decisión judicial, sino las de un golpe de Estado. Tanto en Cataluña como en España. Hubo un vencedor, el PP, y múltiples vencidos.”

La movilización espontánea de las bases en el PSOE demandaba una lectura específica de recuperación de valores y una orientación ideológica que fuera el instrumento del auténtico cambio en un espacio de crisis de Estado y obsolescencia del mito fundante de la Transición. Intentar restaurar el pacto del 78 es un camino que ya no conduce a ninguna parte y, sobre todo, es resituarse en un tiempo destinado a pasar. La militancia y los electores expresaron la necesidad de un horizonte acuciante de transformación y no esa holgura ideológica que no es sino un desarrollo de inercias, tacticismo y simplificaciones.

¿PSOE de estado o PSOE de la sociedad?