jueves 17.10.2019

La política de Estado y la izquierda

Blaise Pascal. "Si no actúas como piensas, acabarás pensando como actúas"
Blaise Pascal. "Si no actúas como piensas, acabarás pensando como actúas"

Es esta posmodernidad carpetovetónica de guardarropía patria muy magra de las llamadas narrativas, eslóganes, argumentarios y agentes de publicidad como ideólogos de Estado, donde se puede vender una forma de entender la vida y la sociedad lo mismo que un detergente. A pesar de que dijera Manuel Azaña que la política no era para gente frívola, la banalidad que supura por todos sus intersticios la vida pública española, manifiesta unos niveles de contingencia democrática muy alarmantes ante un poder fáctico que delimita ideológicamente el ámbito de lo opinable y sometido a controversia pública,

En este contexto perverso para las ideas progresistas o simplemente democráticas, la izquierda institucionalizada sólo puede actuar como agente moderado del conservadurismo de Estado. En psicología social, cuando un individuo es obligado a argumentar en contra de sus propias creencias, para evitar el cortocircuito mental, se acaba convenciendo a sí mismo que aquello que es obligado a defender es fruto de su propia certidumbre. Ello se engarza con el fanatismo conceptual de los conversos. Como advirtió Pascal, si no actúas como piensas, acabarás pensando como actúas.

El verdadero poder, no sometido al escrutinio popular, impone mediante los recursos de presión e influencia estatales y mediáticos, una hegemonía cultural que transmite a la ciudadanía el espejismo de la universalidad de sus minoritarios intereses, es decir, que sus réditos económicos y estamentales son los únicos generales del régimen político y, como consecuencia, los que no se compadecen con ellos, los de la mayoría, atentatorios contra las instituciones de la monarquía. Esto propicia unos niveles muy desiguales de participación política, abolido el pensamiento crítico por la escolástica filoautoritaria y, como consecuencia una pobre praxis democrática, donde el ciudadano no puede influir de ninguna manera en las llamadas políticas de Estado, que preservan el poder fáctico y que sólo se pueden acometer desde una práctica conservadora, ya que cualquier opción por la que se decante la ciudadanía en unos comicios no supone, como señalaba Norberto Bobbio, ninguna alternativa al verdadero poder constituido.

La llamado política de Estado es, como diría Marcuse, unidimensional, es decir, una única política afecta al conservadurismo más recalcitrante y desde la cual se preserva la vertebración del poder real, sus intereses y la imposibilidad de que dicho poder pueda ser democráticamente distribuido. La izquierda dinástica sólo puede actuar en ella desde la apostasía de sí misma y reconociendo esta política de Estado como de índole superior a su propio sustrato ideológico. Lo cual supone que la “izquierda de Estado”, ejerce desde el gobierno una acción vigilada en unos límites muy estrechos de acción política, ya que se desenvuelve en un régimen de poder que niega y anatematiza sus propios principios y cosmovisión ideológica.

Todo esto incumbe sobremanera a la expresión de las urnas, que en los últimos comicios dio una mayoría a la izquierda frente al bloque de una derecha cada vez más radicalizada, y cuya cohabitación de progreso, sin diques ideológicos aparentes, no sólo ha sido imposible, sino que un “objetivo de Estado” era su mutua aniquilación política en la denominada “guerra de narrativas”, donde todo consistía en imponer el relato del desencuentro como culpa del otro. No importa la frustración del electorado o la militancia, cuando los graves problemas del país –la crisis catalana, el retroceso social, los déficits democráticos, la desigualdad- van a ser sustanciados desde las políticas de Estado, es decir, desde los conceptos autoritarios del poder real. Sin ningún tipo de rubor, los ejecutivos de las empresas del IBEX 35 ya advirtieron que estaban conspirando para que la coalición de izquierdas no se produjera.

Los continuados llamamientos del presidente Sánchez a que C’s y el PP apoyaran un investidura es una manifestación determinante de cuáles son las exigencias de las minorías fácticas para poder acometer las políticas de Estado que tan lejos están de la gente.

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