sábado. 02.03.2024

La pandemia de los trabajadores indigentes

pobres

Juan Español y Juana Española o viceversa, son dos personas que saben, o al menos intuyen, que todo cuanto malo ocurra en el país, les va a pasar a ellos. Descienden de ese proyecto fáustico del caudillismo del que tanto se ufanaba Franco, consistente en la fantasmagórica creación de una clase media que no era sino un enjalbegado de las mayorías populares en un trance de confusión estamental en el que los trabajadores pasaban a ser productores y, con el desclasamiento consiguiente, perder la orientación de cuáles eran sus verdaderos intereses. “Polvo ha de comer y con fruición”, le hace decir Goethe al diablo con respecto a Fausto. Con la Transición las cosas fueron a peor una vez que el posfranquismo se colocó el mote de democracia y bien asentada la ideología de las minorías dominantes vertebrada mediante la hegemonía de sus intereses de clase como intereses del conjunto de la sociedad, sólo quedaba degradar el mundo del trabajo, considerar al obrero como un fracasado social, desvincularlo de cualquier órgano de influencia o toma de decisiones, minar su capacidad de participación política y social, imposibilitar cualquier redistribución de la riqueza, depauperarlo mediante unos salarios por debajo de la subsistencia convirtiendo todo el proceso productivo en plusvalía y llevando a la clase trabajadora a la pobreza y la marginación.

De nuevo en esta crisis los pobres financiarán a los ricos en un sistema que produce ricos pero no riqueza

La crisis de 2008 supuso una reordenación del sistema productivo abocando a la pobreza a la mayoría de los asalariados con  sueldos de hambre que no libraban de la penuria ni a los obreros ni a los empleados con trabajo y constriñendo las prestaciones y subsidios  hasta la absoluta desprotección del trabajador eyectado a la invisibilidad social. La crisis pandémica que padecemos y sus consecuencias económicas y sociales están significando que las mayorías sociales pasen de la pobreza a la indigencia recurriendo a los comedores sociales, Cáritas o Cruz Roja, para que Juan Español y Juana Española puedan comer ellos y sus hijos, algo insólito en un país de la UE. De nuevo en esta crisis los pobres financiarán a los ricos en un sistema que produce ricos pero no riqueza.

El coronavirus ha puesto de manifiesto el desorden social y político que representa un Estado en el que la universalidad ideológica que lo constituye se fundamenta en intereses minoritarios y en una concentración de poder fáctico absoluto que reordena en todo momento los déficits democráticos para imposibilitar cualquier redistribución de poder y de riqueza cuya concentración minoritaria es la base ideológica del sistema. Para ello es necesario que Juan Español y Juana Española o viceversa, vivan el drama esquizoide de ser una clase simbólica sin conciencia de sí misma y sin subjetividades propias como instrumento de autodefensa social.

El sistema de convivencia para ellos supone recibir todas las agresiones del régimen de poder hasta el borde mismo de la expulsión. Es, por esto, que afrontan la pandemia con dos retos onerosos y dramáticos: sobrevivir al virus y a la otra enfermedad grave de la exclusión social. Cuando se habla de crecimiento económico Juan Español y Juana Española o viceversa, ya saben, o al menos intuyen, que su pobreza y exclusión aumentarán hasta hacerse insoportables.

La pandemia de los trabajadores indigentes