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jueves 19/5/22

No se admiten “rojos” en el PSOE

El presidente socialista de Aragón, Javier Lambán, ha comenzado a ver “rojos.” Con ese término tildó con sesgo de censura al también socialista y ex secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. Es algo tan extemporáneo como si Soraya Sáenz de Santamaría llamara “facha” a Rajoy. Precisamente por ser algo tan intempestivo resulta sumamente clarificador. Las baronías que propiciaron el coup de forcé del 1 de octubre en Ferraz, se han unido a la narrativa conservadora que ante la crisis institucional, política y social que padecemos y en cuyo ápice crítico se encuentran las mayorías sociales que se debaten en la pobreza, el paro y la exclusión, afirma que todo va bien y que el verdadero problema nacional es que lo extremistas nos van a comer por los pies.

No hace falta acudir al olvidado materialismo histórico para constatar como el socialismo “dinástico/de gobierno” ha sido condicionado por las minorías organizadas y el ecosistema político hasta tal punto de que se fue separando paulatinamente del formato ideológico que lo constituía para sumergirse en un conservadurismo que no entrara en colisión con las exigencias fácticas del sistema. Para ello, se recurrió a dos ficciones: el centro político y el consenso, como coartadas para obviar el conflicto social y la sociología que lo padece y el pactismo desigual con la derecha. Toda la carga progresista se proyectó hacia territorios que no afectaban al poder económico como los identitarios y modos de vida.

El aprovechamiento de la crisis económica para que las élites amplíen sus beneficios a costa del empobrecimiento de las clases populares, la abolición de derechos laborales y cívicos, el hundimiento del mundo del trabajo, ha mostrado los ijares cínicos del sistema y devenido en una crisis institucional, política, social y territorial, una tormenta perfecta donde se ha comprobado descarnadamente la paradoja de que ante una derecha radical exista un socialismo moderado. Un socialismo lleno de prejuicios impropios que estima que el principio de responsabilidad política consiste en tener la confianza de las élites económicas y financieras antes que la confianza de la sociedad.

A la luz de todo lo anterior, no es difícil colegir la comunión de intereses de los denominados partidos de gobierno para el sostenimiento del sistema por cuanto consideran que son organizaciones ad hoc del régimen a pesar de los más de cien años de historia del Partido Socialista. Ello produce efectos desnaturalizadores como la crisis del PSC abandonando su cualidad identitaria, por mandato de Madrid, como es el obrerismo nacionalista o a nivel nacional donde el partido socialista huye de cualquier etiqueta izquierdista. El colapso del sistema de la Transición, el desafecto de la ciudadanía, el dramático estado social, la grosera supremacía del poder económico sobre el poder político, conlleva también el colapso de un partido socialista carente de modelo ideológico y pensamiento crítico capaces de construir una alternativa real a un estado de cosas tan desequilibrado. Como afirmó Pablo Iglesias Posse, el Partido Socialista debe estar dispuesto a vencer, no a defenderse. De lo contrario aquello que dijo Felipe González en Suresnes de que había más socialismo fuera que dentro del PSOE puede que esta vez sea una realidad más cruda aún.

No se admiten “rojos” en el PSOE