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domingo 22/5/22

La izquierda social contra la izquierda neoliberal

No hace falta acudir al olvidado materialismo histórico para constatar como el socialismo posmoderno y neoliberal ha sido condicionado por las minorías organizadas y el ecosistema político hasta tal punto de que se fue separando paulatinamente del formato ideológico que lo constituía para sumergirse en un conservadurismo que no entrara en colisión con las exigencias fácticas del sistema. Para ello, se recurrió a dos ficciones: el centro político y el consenso, como coartadas para obviar el conflicto social y la sociología que lo padece y el pactismo desigual con la derecha. Toda la carga progresista se proyectó hacia territorios que no afectaban al poder económico como los identitarios y modos de vida. Y ahora  lo que ha entrado realmente en crisis, como dice Nancy Fraser, es la cara amable del neoliberalismo, el progresista. En España, tenemos un prototipo de este modelo: el PSOE que situó al país en la vanguardia de los derechos identitarios pero se movió siempre dentro de la más pura ortodoxia económica neoliberal, descuidando las políticas que pudieran frenar el crecimiento de la desigualdades y la fractura social e inaugurando la austeridad expansiva.

Ante ello, los trabajadores y las clases populares se quedaron en casa cuando su misma izquierda, ni les daba respuestas, ni les permitía participar en un futuro en el que el partido socialista fuera instrumento de la propia clase trabajadora a la que le había dado la espalda. La carencia de elaboración teórica y práctica de un discurso que se compadezca con un modelo ideológico de izquierdas, sitúa al PSOE en un pragmatismo vacío que está produciendo que el socialismo se rompa contra el acantilado de una disculpa sin dignidad.  Un défault del que nos hablaba Richard Bach cuando advertía que la mejor forma de rehuir la responsabilidad consiste en decir: "Tengo responsabilidades.”

Sin embargo, las izquierdas, y especialmente la socialdemocracia, cuando ha detectado el malestar y la desconfianza de su electorado, ha reaccionado demasiado a menudo a la defensiva o, como en el caso de Manuel Valls, asumiendo parte de la agenda de la extrema derecha en materia de inmigración y patriotismo, sin reparar en que la ambigüedad de las propuestas políticas fundamentada en esa hipotética realidad irreversible de carácter economicista produce frustración y desafecto en la sociología de izquierdas y consolida la estrategia de la derecha. No hay que olvidar que si en el caso de la ética, una práctica inmoral no llega a refutar nunca la validez de los principios fundamentales; los principios de la política, en cambio, pierden credibilidad si no son capaces de mostrar coherencia con la práctica. El discurso que afirma que no hay alternativa, como recuerda Hans Magnus Enzensberger, es la prohibición de pensar, no es un argumento, es un anuncio de capitulación.

Es por todo ello, que Hamon, en Francia; Corbyn, en Gran Bretaña, y Sanders, en EEUU han representado una resistencia hacia la desnaturalización conservadora de la izquierda y la reorientación programática del progresismo hacia lo social con la encarnizada oposición de los cuadros conservadores de sus partidos. Sanders fue quien mejor entendió el problema e intentó colocar la cuestión social en el centro de la escena, sin menoscabo de los derechos civiles y humanos básicos. Pero como dice Nancy Fraser, Trump se desembarazó fácilmente del establishment político republicano, mientras que Sanders le cerraron el paso los dirigentes demócratas.

En España estamos viendo a un Partido Socialista fracturado por el coup de force de unos dirigentes territoriales y ex líderes históricos para impedir que el candidato del PSOE a la presidencia del gobierno y secretario general formara un ejecutivo de progreso, propiciando la caída de éste y reorientando la política del partido desde una gestora de dudosa legalidad estatutaria para facilitar la continuidad de la derecha en el poder y allanar el camino para que el sector más neoliberal de la organización con la complacencia de las élites económicas y financieras, se hiciera con el control del partido. Esto ha propiciado un movimiento de las bases, que como en Francia y en Gran Bretaña, demandan el final del rapto de los valores ideológicos del socialismo y la recuperación desde la izquierda de su función y posición en la sociedad.

La izquierda social contra la izquierda neoliberal