domingo. 03.03.2024

La imprescindible refundación del PSOE

Para el liberalismo, como pregonaba Margaret Tatcher, la sociedad no existe, sólo individuos aislados, a menudo opuestos, y autoridades públicas limitando derechos colectivos. El sistema político tiende, aceptando la lucha de todos en contra de todos en lugar del antagonismo social, a volverse punitivo como vigilante del capitalismo liberal. El concepto de ciudadanía se diluye cuando la costra tecnocrática sacrifica la solidaridad al Moloch de una caliginosa eficacia. La ideología de la derecha camuflada de racionalidad economicista produce la desactivación del carácter crítico, la desafiliación que induce al declive del “hombre público” en palabras de Richard Sennet. O el relevo de la ética del ser por la del tener. La sustitución de las ideologías, o narrativas según Lyotard, socialmente emancipadoras, por una fragmentación de islotes ideológicos –ecologistas, feministas, postcolonialista o identitarias- tan dispersos que se muestran incapaces de enfrentarse al “orden objetivo de las cosas” impuesto por la ideología conservadora, produce una incapacidad de concebir los antagonismos sociales como desequilibrios intolerables y allanan el camino para la refundación del Estado donde la solidaridad, la justicia social y la igualdad se consideren un lastre para una presunta eficacia que no es otra cosa que la prosperidad de las élites económica y financieras en contra de las clases populares.

El capitalismo neoliberal desemboca en un universo de frustración y represión. En este sistema y dado que la ausencia de finalidad social es la condición misma de su funcionamiento, el individuo queda reducido a simple instrumento de supervivencia y consumo. El conservadurismo es, en la dinámica de las sociedades capitalistas, regresión, que en este ciclo de agresivo declive se ha convertido en un trastorno reaccionario que no consigue organizar el caos. Por ello, la defensa de la democracia y el sostenimiento de la vida se ubican hoy más que nunca, en las antípodas de las propuestas neoliberales. La relación crecientemente contradictoria entre democracia y capitalismo bajo el látigo de un totalitario capital financiero que fía su supervivencia en la demolición de las conquistas sociales y democráticas, cristaliza en una ofensiva despolitizadora y retardataria que favorece el ascenso de una barbarie intransigente que está eclipsando los más elementales valores humanistas. Este capitalismo que languidece asestando zarpazos a los sectores más débiles de la sociedad, invalida las pragmáticas concepciones socialdemócratas de adaptación a la teoría de que el sistema habría podido atenuar sus contradicciones internas y moderar los conflictos sociales por medio de la regulación del mercado y de la producción, evitando las crisis.

En el caso español, la quiebra institucional, la desafección de las mayorías sociales hacía el régimen, incluido el socialismo con un mensaje indiferenciado de las fuerzas conservadoras, el desprestigio de la política, por las excrecencias de su propia desnaturalización,  y de los políticos que la encarnan, la corrupción como corolario al desmayo moral, conducen a un desarrollo fallido del sistema de poder nacido de la Transición y sus profundas carencias democráticas. Si son imposibles las alternativas, las alternancias ya no son creíbles en un contexto donde las apariencias no puedan sustituir a la realidad. Y ese es el gran dilema del Partido Socialista: convivir con un atrezzo sistémico en el que su moderación representa radicalizarse en un espacio conservador que descompone su posición y función en la sociedad.

Es, por consiguiente, el momento de que el socialismo, que pasó de ser un ente ideológico a un ente de gestión sistémico, se refunde para recuperar su capacidad como instrumento cívico al servicio de las mayorías sociales y liderar la consolidación de las estructuras económicas y políticas que organicen una nueva sociedad al objeto de superar las contradicciones, las limitaciones y las injusticias de un Estado neoliberal. Sin embargo, luego de los acontecimientos del 1 de octubre se puede hacer un lectura bastante objetiva de que la motivación última del asalto a Ferraz para el control del partido por parte de algunas baronías con poder institucional y los veteranos jarrones chinos ha sido la  oposición  a que el PSOE pudiera emprender una profunda regeneración, como demanda un amplio sector militante, que lo resituara en el espacio de la izquierda que le debe ser propio. Las primarias que han de celebrarse próximamente marcarán de una forma determinante el futuro del Partido Socialista o, lo que es más importante, si puede tener algún futuro.

La imprescindible refundación del PSOE