sábado 11.07.2020

Euroexit, el fracaso de Europa

Europa dormita incluso en momentos sobremanera graves, se descose por los pespuntes de unas contradicciones que superan su capacidad de construir una hegemonía cultural propia y unos valores universales compartidos. Y es que a pesar de la imposición de los prepotentes socios septentrionales, la raison d’être de la Unión no puede ser, o no puede ser solamente y por encima de todo, el mandato de los más influyentes mercaderes del templo o la mise en scène del shakesperiano usurero Shylock reclamando permanentemente la libra de carne humana de los comerciantes sin fortuna. La configuración de una Europa desigual, de velocidades disímiles en cuanto a la operatividad política, económica y social de sus miembros es dislate que impide cohesión identitaria y ahonda en los desequilibrios que desfiguran el inaugural proyecto europeo.

En el nebloso pasado quedó orillada la Europa social, la de la convergencia que nivelaría las cotas de progreso y bienestar por la cima de los Estados más dinámicos, la de los ciudadanos y los derechos y libertades. Suponía un diseño político y democrático quebrado por el cálculo de contable neoliberal  y la muerte posmoderna de la idea de progreso de conjunto. Estos factores de mercantilismo patológico ni incluso en la emergencia sanitaria que nos angustia han tenido receso alguno bajo la inmutable esfinge del banquero. Ya en 2010 Alain Touraine advirtió que el objetivo que es imprescindible alcanzar es adoptar, en el orden económico y social, una política que rompa con el neoliberalismo que nos ha arrastrado a la grave crisis que vivimos.

La restauración del capitalismo en estos países, inspirarían una ofensiva político ideológica acerca del fin de la historia, del fin de las ideologías y la victoria final y contundente del capitalismo neoliberal

La consumación del Brexit ha supuesto algo más que el fracaso de la Unión Europea como proyecto fundante ya que trasciende al plano estrictamente político y económico para sumergirse en la pulpa nutritiva de un frustrado aggiornamento de Europa como entidad continental por la imposibilidad de unos marcos mentales comunes identitarios y de creación de subjetividades ya que, se quiera o no, sin Gran Bretaña el proyecto europeo resulta irremediablemente incompleto. Pero además, sustancia la quiebra de la posmodernidad como basamento ideológico y metafísico para el ordenamiento de la sociedad y la hegemonía cultural que representa. La caída del Muro de Berlín y la posterior reunificación alemana, junto al desmembramiento de la URSS y la restauración del capitalismo en estos países, inspirarían una ofensiva político ideológica acerca del fin de la historia, del fin de las ideologías y la victoria final y contundente del capitalismo neoliberal. El soporte filosófico para este capitalismo sin responsabilidad social era la posmodernidad.

La Unión Europea como referencia exclusivamente de recortes aplicados dura lex, sed lex, las presiones para promover procesos de austeridad que suponía un serio maltrato a las clases populares comunitarias, la demonización del gasto público con fines de equilibrio y justicia social, no ofrecía un atractivo referencial de pertenencia. Sólo una atolondrada socialdemocracia, en el caso británico, imprimía incoherencia al proceso con un Jeremy Corbyn abogando por la permanencia en una Unión Europea donde no es posible la aplicación de su programa de nacionalizaciones.

En este contexto, Gran Bretaña está más cómoda controlando su economía y sus fronteras sin ningún tipo de imposición y volcándose al comercio en el ámbito de la Commonwealth y los tratados con EE.UU. La posmodernidad ha resultado tan lesiva en términos de deterioro social y político, que ha producido en el contexto europeo la implosión del proyecto continental por haber optado por los intereses minoritarios de la usura y la especulación. Un primer antecedente del europeísmo se encuentra en la Reorganización de la sociedad europea (1823), una obra escrita por el socialista utópico francés Henri de Saint-Simon en colaboración con Augustin Thierry, en la que proponía la formación de una federación de los países europeos con la finalidad de hacer progresar las «artes de la paz», es decir, la ciencia y la industria, que para Saint-Simon era los instrumentos del progreso económico y social. Sin progreso económico y social, sin las bases de la igualdad, Europa queda reducida a un grupo de financieros jugando al monopoly.

Euroexit, el fracaso de Europa