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martes. 16.08.2022

La crisis del socialismo monárquico

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La crisis catalana ha delimitado con carácter restrictivo los márgenes de lo posible políticamente dentro de la hegemonía ideológica de la derecha, polarizando a la sociedad española entre el bloque constitucional y el resto lo que hace que el régimen de la Transición haya llegado a su límite de asimilación

Una estrategia sin pensamiento crítico no puede sustituir a la política, singularmente porque no existen fenómenos políticos sino la interpretación política de los fenómenos. Por ello, tampoco hay política sin bagaje epistemológico, sin una ideología que nos haga legible la realidad. Esta legibilidad no implica una relación entre infinidad de narraciones en conflicto y una realidad extradiscursiva, relación en la que se acaba imponiendo la narración que mejor se “ajusta” a la realidad, sino que la relación es circular y autorreferencial: la narración predetermina nuestra percepción de la realidad. Es la grave contradicción que desde la quiebra del bipartidismo y la consiguiente crisis institucional del régimen de la Transición someten sus dirigentes al Partido Socialista: la autonominación de partido de Estado, oposición de Estado, esconde en realidad la adscripción a unos espacios conceptuales que lo hacen ilegible ideológicamente por su subsidiaridad a un sistema colonizado por el pensamiento conservador.

La crisis catalana ha delimitado con carácter restrictivo los márgenes de lo posible políticamente dentro de la hegemonía ideológica de la derecha, polarizando a la sociedad española entre el bloque constitucional y el resto lo que hace que el régimen de la Transición haya llegado a su límite de asimilación y, como consecuencia, al de su capacidad de funcionamiento democrático. Desde el pensamiento conservador sistémico, la crisis múltiple que padece  -institucional, social, moral y territorial-, sólo es posible sobresanarla con un reflujo postdemocrático y desacreditando la resolución política a los problemas políticos, lo que conlleva también la imposibilidad de cualquier tipo de aggiornamento del Estado. Es un territorio muy forzado para el PSOE que tiene que cohabitar con las ideas y la metafísica que desde una naturaleza ideológica debería combatir.

Cuando los responsables del PSOE pretextan que no van a dejar a la derecha en exclusiva la defensa de España y del Estado, que es una de la justificaciones para anclarse en esa especie de Große Koalition  que es el bloque constitucional, parecen no darse cuenta que se adhieren a una narrativa que históricamente ha supuesto una negación de su propia entidad ideológica. Algunos analistas sostienen que el proceso catalán ha significado una derechización del resto de España; en realidad, lo que ha habido es una inducción contra el nacionalismo catalán del único patriotismo españolista posible, tan mimado en los años del caudillaje, ante la falta de un concepto de España desde la izquierda, cuya memoria histórica ha obviado que la preocupación angustiosa por el destino de la nación no fue obra de los pensadores conservadores o tradicionalistas, sino una corriente que podría comenzar en Quevedo, y seguir a través de Cadalso, Jovellanos y Larra, hasta los intelectuales del noventa y ocho. Es una corriente renovadora o propicia a la renovación que recogieron los pensadores de izquierda y que tuvo brillante culminación en Azaña, Fernando de los Ríos o Luis Jiménez de Asúa en la República española.

Todo ello constituye una débil posición del PSOE en una hora grave para la nación con el agotamiento de un régimen político con una crisis múltiple donde ningún intersticio en el ámbito institucional, social y territorial se libra de una abolición de la política por una derecha que intenta  bunkerizar el sistema, criminalizar la protesta cívica, penalizar el malestar de la gente, manipular la justicia, judicializar la vida pública, tratar a la disidencia como un mero problema de orden público y conjurar, en última instancia, la posibilidad de una auténtica alternativa a la hegemonía  conservadora. El Partido Socialista, después de la crisis con motivo de la voluntad del grupo de Susana Díaz de facilitar la investidura de Rajoy y las primarias con un mandato claro de la militancia para devolver al partido la identidad de izquierda, buscar el acercamiento a las organizaciones progresistas y realizar una fuerte oposición a las políticas conservadoras, ha sido incapaz de plantear en el ámbito polémico de la vida pública un planteamiento ideológico que le hiciera recuperar su función y posición en la sociedad.

La crisis de identidad del PSOE está unida a la crisis misma del régimen de la Transición por ese complejo de partido de Estado que le priva de su más genuina razón de ser: la capacidad de regeneración y cambio social.

La crisis del socialismo monárquico