martes 16.07.2019

La Conferencia

El objetivo de la conferencia política del PSOE era superar la evidente desafección de las mayorías sociales hacia el partido socialista...

El objetivo de la conferencia política del PSOE era superar la evidente desafección de las mayorías sociales hacia el partido socialista. Los dirigentes orgánicos estiman que la recuperación de la credibilidad del partido se sustancia en ese marketing indistinto y fraseológico que intenta generar un clima más que una percepción. Sin embargo, el problema radica en las bifurcadas percepciones de los ciudadanos y los responsables socialistas. La falta de crédito  de la política y los políticos no es un simple y caliginoso estado de opinión que pueda constreñirse  con la retórica publicitaria sino la consecuencia de una dolorosa realidad.

La total desideologización de la vida pública española, el pragmatismo gestor que ha terminado por difuminar las lindes entre derecha e izquierda y al pivotar toda la vida política en torno a la propaganda, la debilidad o fortaleza del partido socialista se convierte en la ficción de un estado de ánimo colectivo o acaso individual. Es, por tanto, recurrente que la acción política desde la izquierda sea un abigarrado puzzle de justificaciones y excusas, huérfana de cualquier sostén teórico intelectual o metafísico. Sin embargo, las cosas ya nunca serán como antes; el desafecto ciudadano tiene una rotunda etiología en el rechazo a un sistema que pone en peligro la misma supervivencia de capas muy amplias de la población.

Todo ha llegado demasiado lejos. El régimen político ha entrado en quiebra por su esencia sustantiva malquista con la calidad democrática, proclive a que la corrupción engrase la vida económica, social y política, desde la Casa Real hasta la concejalía del último pueblo; insensible a la brutal agresión inflingida a las clases populares abocándolas al exilio social; el fomento de los actos abolicionistas de derechos y libertades públicas y donde una amplia mayoría de ciudadanos sienten la profunda frustración de que el sistema no garantiza el desarrollo vital, la subsistencia de todos, sin exclusiones.

En este contexto, donde el conservadurismo y las minorías organizadas presentan su cara más radical, la crisis de posición y función del socialismo en la sociedad no puede solventarse con un eslogan, ni con un diseño cover actions, ni con campañas publicitarias, ni con el frívolo reduccionismo que consiste en encerrar en una simple frase, en un estado de ánimo, la compleja realidad de un sistema sometido a las turbulencias  de la desigualdad, la injusticia social y la corrupción. El desapego del PSOE a los valores y la ideología que deben constituirlo ha hecho que el socialismo haya renunciado a convertir el ideal socialista en la base exclusiva de la historia, con lo que irremediablemente asume muchos de los supuestos de la derecha.

Fanon nos advertía que ser colonizados es perder un lenguaje para absorber otro, aquel en que no podemos reconocernos. Es la implantación de esa cultura estática de las sociedades paralizadas y que, por ello, es, antes que nada, cultura oficial, es decir, repetición, mecánica y autoritaria de unas creencias que, salvo en la parálisis absoluta, la cultura cerrada se diferencia más y más, cada día, de lo real y donde el diálogo que se explicita como cauce para la solución de los conflictos es simplemente atrezzo. La ciudadanía intuye que las soluciones no están en el sistema que los ha generado.

El partido socialista ha sido un proceso de adaptaciones, no de resistencias. No ha transformado el régimen político sino que el régimen le transformó a él. Ante ello, la gente siente que en demasiadas ocasiones la supuesta modernización de las ideas no ha sido sino una modernización de la fraseología, la cual, por muy moderna que sea, no resuelve los problemas. Se llega de esta forma a un punto en que parece que lo que realmente estorba al proyecto socialista es el socialismo. El corolario es la gran decepción de las clases populares que siempre pensaron que la izquierda nunca desertaría de la defensa de sus intereses. Como en la oda de Horacio, al partido socialista, si el mundo se está desplomando, no le pueden alcanzar por más tiempo impávido las ruinas. Para ello, ya no es suficiente suplir las ideas por ocurrencias y los valores por opiniones, porque, como nos advertía Ortega, sólo cabe progresar cuando se piensa en grande, sólo es posible avanzar cuando se mira lejos.

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