sábado 07.12.2019

Las causas de la crisis del régimen del 78 de las que nadie habla

El flujo verborrágico de la derecha y el empresariado en España es de tal impertinencia desde el ámbito de la corrección democrática, que hace que nuestro país retroceda a los tiempos de Maricastaña con estos nuevos señores de horca y cuchillo abusadores del ius utendi et abute, es decir, de la demanda continua de la violencia social del Estado contra las clases populares y medias para ampliar sus márgenes corporativos a costa de la destrucción sistemática del mundo del trabajo, los salarios de hambre y la precariedad laboral.

Si el gobierno de progreso fracasa por el boicot de los poderes fácticos, ya no habrá espacios de credibilidad cívica, ni posibilidad de recuperación de la vía política para redefinir formatos democráticos con los que ordenar la vida pública, ni posibilidad de reinsertar como elemento sustantivo del sistema la desprestigiada alternancia y el régimen del 78 se habrá convertido en la mortaja de un Estado fallido

La devaluación interna mediante el hundimiento de los salarios permitió a las empresas aumentar sus márgenes, empero, con la salida de la crisis esta coyuntura se ha convertido en estructural y es lo que a toda costa quiere la derecha y el empresariado mantener.

Bertrand Russell escribió que la propiedad privada sólo era lícita si no se convertía en poder político y en España la competitividad no es inversión e innovación, sino la violencia política coercitiva del Estado que asume contra las mayorías sociales los intereses del poder fáctico económico como los generales del país.

Los representantes empresariales anatematizan sin pudor a partidos de izquierdas y a sus líderes y les amenazan, intimidación que se extiende al resto de la ciudadanía, con fugas de capitales, aumento del paro, extensión de la miseria material para las clases populares, lo cual supone de hecho desautorizar a la voluntad popular manifestada en las urnas sabiendo que han ganado la lucha de clases por goleada y que han convertido el poder democrático, el que sí se somete al escrutinio público, en un poder vicario de la inmoralidad social que supone la rapiña y explotación en que han convertido la función y posición del empresariado en la esfera pública.

Está influencia de las minorías organizadas, para las que se construyó el régimen del 78, al objeto de consolidar, en una nueva etapa, el poder fáctico, los intereses y  el control metafísico y real del Estado que prosperaron con el caudillismo, han generado el descrédito de la política mediante la generación de déficits democráticos que damnifican a la mayoría de los ciudadanos en sus derechos, libertades y expectativas de vida material.

Todo ello ha supuesto la muerte del confortable sistema para el establishment  del bipartidismo de alternancia, el exilio de la credibilidad democrática del régimen y, en el caso del PSOE, la defunción definitiva de Suresnes, como elemento contemporizador de un desmayo ideológico ad hoc con la capacidad de tolerancia alternativa del régimen de la Transición. Con estos contextos y pretextos, el sistema padece el bloqueo de una crisis poliédrica  con epicentro en todos los elementos sensibles que pueden afectar a un Estado: crisis política, institucional, social y territorial y que se sustancian en los basamentos constituyentes del sistema lo que impide afrontar esos problemas sin poner en peligro los intereses de las élites a las cuales sirve.

El PSOE, en este magma político, después de la última repetición electoral, debe haber comprendido, que la única manera de no hundirse junto al régimen de poder en decadencia, es convertirse en auténtica alternativa como reclaman sus bases y el electorado. No habrá muchas más oportunidades. El mal llamado bloque constitucionalista –sólo defiende la parte de la Constitución que se refiere a la monarquía y la unidad territorial, mientras se muestra sedicioso intelectual al resto del contenido de la carta magna- sólo tiene la capacidad y el propósito de acabar con los problemas por la vía expedita de reprimirlos.

El soberanismo catalán ha sido el primer bloque ideológico que ha abierto la espita del rupturismo con relación al régimen del 78, sin embargo, ha cometido el error. Parece que hay un intento de rectificación por parte de Esquerra Republicana, de hacerlo desde la unilateralidad catalana, sin ningún tipo de capilaridad con fuerzas políticas del resto del Estado, como hizo, con éxito, el nacionalismo catalán en los años treinta del pasado siglo mediante el pacto de San Sebastián, que fue el germen de la II República.

Si el gobierno de progreso fracasa por el boicot de los poderes fácticos, ya no habrá espacios de credibilidad cívica, ni posibilidad de recuperación de la vía política para redefinir formatos democráticos con los que ordenar la vida pública, ni posibilidad de reinsertar como elemento sustantivo del sistema la desprestigiada alternancia y el régimen del 78 se habrá convertido en la mortaja de un Estado fallido.

Las causas de la crisis del régimen del 78 de las que nadie habla