domingo 31.05.2020

Carta abierta a los candidatos a las primarias del PSOE

Si el Partido Socialista sólo interviene en la vida pública como una organización electoral, por eficaz y necesario que deba ser este comportamiento, le faltará contenido diferenciador frente a cualquier máquina publicitaria, o partido de derechas

La gente se siente sola. No encuentra una voz que identifique con su propia voz. La vida pública está cada vez más lejos de una ciudadanía que vive auténticos dramas sociales y vosotros, que aspiráis a dirigir los destinos del PSOE, deberíais considerar prioritariamente los motivos por los cuales el partido socialista ha perdido la confianza de amplios sectores de la población puesto que como afirmaba Ortega, lo menos que podemos hacer, en servicio de algo, es comprenderlo.

Porque sólo otro PSOE -otro PSOE distinto al actual- puede diluir la crisis del socialismo. Sobresanar la invisibilidad con que lo percibe la ciudadanía, que es falta de crédito social previo a la irrelevancia política, demanda nuevos liderazgos nacidos de un proceso abierto de regeneración sin prevenciones ni inercias de intereses clientelares. Porque no hay otra salida que no pase por el rearme ideológico y la capacidad de materializar un proyecto creíble que recupere la verdadera función del socialismo en la sociedad, un proyecto transformador con propuestas claras a los desequilibrios económicos y sociales.

Empero, como afirma Vattino, el pensamiento débil (o posmetafísico), adoptado por la izquierda, rechaza las categorías fuertes y las legitimaciones omnicomprensivas, es decir, ha renunciado a una “fundación única, última, normativa.” Es esa confusión entre lo contingente y lo permanente que hace que muchos responsables actúen como oscuros personajes de Shakespeare en busca de un sentido que no es sincero, sino acomodaticio a su causa personal, sin darse cuenta que ya no es posible una procesión en la que se reverencia al santo sin necesidad de que haga un milagro ni un desfile en el que la gente aplauda a la tropa sin necesidad de que aplaste al enemigo.

Si el Partido Socialista sólo interviene en la vida pública como una organización electoral, por eficaz y necesario que deba ser este comportamiento, le faltará contenido diferenciador frente a cualquier máquina publicitaria, o partido de derechas. Es cuando los factores instrumentales se convierten en objetivos exclusivos y el partido se torna en una organización burocrática de profesionales de la política, de cargos públicos institucionales, en el Gobierno o en la oposición, que con el pretexto de capacitación o profesionalización orgánica, acaba convirtiéndose en una tecnocracia que sepulta la ideología y los principios. Se habrá extinguido su razón de ser como organización política de ciudadanos que asumen un compromiso de trabajo político por su identificación en un análisis de la sociedad, de sus contradicciones y sus causas, y por su coincidencia con un objetivo transformador de la misma, que supone la concreción de una teoría política y la realización de una acción política fundamental cual es dotar a las mayorías sociales de su principal instrumento de lucha.

Etsi deus non daretur (como si Dios no existiera) era la recomendación que les daba Hugo Grocio a los soberanos europeos del siglo XVII. Claro que también hay responsables socialistas que actúan etsi socialismi non daretur (como si el socialismo no existiera). Debe ser cosa de los finales de ciclo. Es el socialismo en estado de exilio interior, que nos muestra el daguerrotipo sepia de un partido cerrado y con escasa capilaridad con las mayorías sociales. Dicen los “vaticanólogos” que de la Sixtina no puede salir lo que no entró, en referencia a que el cardenal que comenzó el Cónclave siendo de una manera no sale Papa con una posición distinta. Las burocracias endógenas tienen esa esclerosis congénita que les impide salvarse como el barón de Münchhausen -con su caballo- de las aguas pantanosas tirándose de la coleta. Aunque algún pensador ha afirmado que cuando las oligarquías disputan entre sí se produce una democracia agregada, esto no es más que una pura ficción como la que refleja la cinta “Pi, el orden del caos” del director Darren Aronofsky, donde el personaje principal se obsesiona intentando buscar cierto orden en lo que no lo tiene hasta llegar a perder el sentido de la realidad.

Una organización, como la socialista, convertida en una autarquía burocrática se vuelve conservadora. Las aguas bajan agitadas y el socialismo parece dormido, entre liderazgos endogámicos y un concepto suntuoso del partido adscrito a los basamentos del poder y, por ello, con más voluntad de ser parte del Estado que parte de la sociedad. Esto deja al ciudadano como decía Álvaro Salvador que andaba el poeta chileno Nicanor Parra por los grandes espacios urbanos: desarraigado, sin ninguna verdad a la que aferrarse ni ninguna utopía con la que resignarse.

Serge Halimi, director de Le Monde Diplomatique, ha escrito que nadie cree ya que la razón venza sobre las políticas insensatas de la derecha, ni que la moral prevenga los escándalos que mezclan dinero y poder. De ahora en adelante, la esperanza de un cambio de dirección se basa en el cuestionamiento frontal de los intereses en juego. Por tanto, el PSOE no puede huir por más tiempo de lo que nos decía Dürckheim: “el socialismo no es una ciencia ni una sociología en pequeño; es un grito de dolor, a veces de cólera, lanzado por los hombres que sienten más vivamente nuestro malestar colectivo.”

Por todo ello, candidatos, no os engañéis pensando que puede alcanzarse una revitalización de la credibilidad pública disfrazando como profunda controversia ideológica lo que no es sino una discusión con pretensiones sobre estrategia y propaganda electoral, ya que el desprestigio de los políticos es porque la ciudadanía sabe que la ideología y los principios no tienen alternativas honorables. Es cuando se aspira solamente al poder, se aplaude a los benefactores que acercan al Gobierno en contra de los propios ideales. No se desea terminar con la opresión sino cambiar la mentalidad de los oprimidos. Las organizaciones políticas se convierten en oligarquías, sus cuadros en funcionarios orgánicos con plaza en propiedad y la ciudadanía en un objeto bajo continua sospecha.

Por lo tanto, no hay otro camino que el rearme ideológico en la perspectiva del socialismo necesario para superar la realidad social tan injusta que nos envuelve. Si lo único que os interesa es la lucha por el poder haréis un flaco favor al partido, a la ciudadanía, al país y a vosotros mismos pues no hay nada tan efímero como aquello que se descompone en su propia decadencia. No caigáis en lo que advertía Tierno Galván cuando afirmaba que el poder impregna de indiferencia todo lo que no es poder. El socialismo tiene que volver a pensar seriamente no tanto en políticas concretas que quiere realizar desde el Gobierno, sino en cómo modificar las relaciones de poder que han permitido que la situación actual sea tan injusta.

Ese es vuestro reto: consolidar un socialismo libre, justo, solidario, igualitario y sin excusas y cuyo camino para ello es pensar en grande, sacudirse de lo pequeño y proyectarse hacia el porvenir. Buscar nuevos niveles de soberanía popular y nuevos procedimientos para tomar las decisiones democráticamente, en un imperativo contexto donde los espacios económicos, políticos y jurídicos están dolosamente desvertebrados en contra de los más débiles.

Carta abierta a los candidatos a las primarias del PSOE