domingo 21.07.2019

La Andalucía vencedora de Sánchez y perdedora de Díaz

Foto: Flickr PSOE
Foto: Flickr PSOE

Cuando la historia se haga cargo de las peripecias bufas a las que la lideresa del Tardón ha sometido al socialismo centenario, se podrá comprobar la desproporción y el desequilibrio que ha supuesto introducir unos intereses tan mezquinos y mediocres en el contexto de la vida pública

La ecuación Andalucía no le ha funcionado, como esperaban, al tridente ultraconservador, porque faltaba el principal componente: la toxicidad endógena del susanismo. Como afirmaba Ortega, los autoritarismos fundamentan su fuerza en un elemento externo que no les pertenece: la debilidad de los demás. La laxitud inoculada por el susanismo al PSOE desde el interior para satisfacer ambiciones nominativas con las espurias prestidigitaciones de gestionar las discordancias ideológicas y la inverosímil praxis política que supuso el colaboracionismo con la derecha, facilitando la continuidad del PP en el gobierno, a costa de una grave fractura del Partido Socialista, colocó a la organización en un estado de debilidad extrema que, como correlato, se constituyó en la fuerza conservadora. Susana Díaz, desautorizada por los militantes en las primarias y por los electores en los comicios, es un anacronismo;  todo aquello, ideas y personas, que quiso destruir políticamente es lo que en las elecciones pasadas han conseguido una destacable victoria y el desplome del tridente neofranquista.

Por encima del medio millón de votos más ha obtenido el PSOE en Andalucía en estas elecciones generales con respecto a las autonómicas, cuya lectura no puede ser otra que el rechazo causado por Susana Díaz en el electorado socialista. Cuando la historia se haga cargo de las peripecias bufas a las que la lideresa del Tardón ha sometido al socialismo centenario, se podrá comprobar la desproporción y el desequilibrio que ha supuesto introducir unos intereses tan mezquinos y mediocres en el contexto de la vida pública desde un partido en Andalucía, que por ello, había perdido el sujeto histórico y, como corolario, la posición y función en la sociedad.

La política no es para gente frívola, advertía Azaña, y, sobre todo, como en la actualidad, cuando los problemas de España demandan una inteligencia política y una voluntad democrática, lejos de las simplificaciones, la vulgarización de la vida pública y la impostura moral. El susanato sureño ha supuesto una superlativa fantasmagoría que, desideologizado y desnaturalizando los valores del socialismo, reinventó un caciquismo burdo para que Susana Díaz y su entorno de devotio ibérica pudieran culminar sus excesos de ambición. Es destacable como en la canallesca verbosidad utilizada por la ultraderecha trina contra el presidente Sánchez son clónicas a las esgrimidas por el susanato para en su momento cortar el paso de Sánchez al gobierno y dejar vía libre a la continuidad de Rajoy.

Las bases socialistas procedieron a rescatar a un PSOE, encabezado por Sánchez. que recuperara los fundamentos ideológicos que dieran sentido a políticas concretas de justicia social, igualdad y profundización democrática; un Partido Socialista que ha conseguido ganar con holgura las elecciones generales, movilizar al electorado y recuperar la confianza de la ciudadanía. En este contexto, Susana Díaz es una anacronía, atrincherada en un tiempo destinado a pasar. Quizá porque no tiene donde ir.

La Andalucía vencedora de Sánchez y perdedora de Díaz